miércoles, 26 de agosto de 2015

LOS CUENTOS DE MARTINA: CAPERUCITA ROJA



Decía Alfred Hitchcock que no le gustaba rodar ni con niños, con animales y tampoco con Charles Laughton. Hoy he experimentado algo similar, cuando he intentado realizar un audio de un cuento que ustedes deberían de adivinar, pues en ningún momento Martina, mi hija de 4 años, debería de mencionar a la protagonista del mismo. Ha resultado imposible, pues la susodicha se refiere en varias ocasiones a una tal Paverucita, que ustedes con su gran perspicacia pronto identificarían con la verdadera protagonista del cuento. A pesar de mi reiterada insistencia en que no hiciera referencia al personaje principal, ha sido imposible, terminando con un berrinche de nuestra particular diva a la que le he tenido que pedir disculpas en su camerino, no sin llevarle la merienda como muestra de arrepentimiento por mi pésimo comportamiento. El mérito de Martina es que interpreta que lee un cuento, aunque lógicamente no sabe leer y eso es lo que lo hace peculiar. Como es natural mi hija mayor, Inés, quería participar en tan peculiar evento y en el primer audio realiza la presentación, para dar paso al segundo fragmento, donde Martina hace gala de su personal interpretación. Si la cosa funciona, lo mismo hacemos un cuento semanal. 




miércoles, 19 de agosto de 2015

LAS CHICAS SON GUERRERAS

WINNIE LA SOLDADORA: Ese era el curioso apodo que recibían las mujeres que trabajaban en los astilleros construyendo buques de guerra durante la Segunda Guerra Mundial o, en el caso de la chica de la derecha, aviones. El envío masivo de hombres que engrosaran las filas del ejército en la gran contienda bélica, hizo que muchas mujeres trabajaran en puestos considerados hasta entonces poco apropiados para el sexo femenino. La guerra es la guerra y no fueron pocas las campañas publicitarias que animaban a las mujeres norteamericanas a ofrecer su contribución y esfuerzo.
PROHIBIDO CORRER: Por lo menos eso deberían pensar en el año 1967 en donde no se les permitía correr a la mujeres un maratón, pensando que no serían capaces de completar su recorrido. No obstante, Kathrine Switzer no tenía la misma opinión y, desafiando a las autoridades deportivas, se registró como participante del maratón de Boston. Y todo fue bien hasta que se percató de ello el director del evento que quiso detener a toda costa a tan singular competidora. Pero nadie como la propia protagonista para explicar aquel momento: "De repente escuché unos zapatos corriendo deprisa detrás de mí. Me giré, y vi la cara más enfadada que nunca he visto. Era un oficial de carrera (Jock Semple, director del maratón). Me agarró de los hombros y me empujó, mientras gritaba '¡Fuera de mi carrera!'. Consiguió arrancarme el dorsal de atrás, mientras yo trataba de correr más fuerte. Entonces Arnie saltó y le dijo que me dejara, que él me había entrenado y que estaba para competir, pero el juez seguía tratando de agarrarme y empujarme. Sólo porque era mujer. Y ahí ya apareció Tom (su novio, jugador de fútbol americano) para realizarle un placaje y tirarlo al suelo. 'Corre como nunca', me dijo, y nos pusimos los tres a correr como niños que huyen de una casa encantada"
Nakano Takeko
LA ÚLTIMA SAMURÁI: Nakano Takeko fue una mujer singular en su tiempo, aunque no la única en un periodo en que Japón no era precisamente un baluarte contra la discriminación de género. Existieron mujeres samurái, aunque el nombre exacto es onna-bugeisha y combatieron en no pocas contiendas bélicas. Nakano concretamente comandaba un grupo de mujeres guerreras que luchó en la guerra Boshin a la armada imperial. En una gloriosa carga final se enfrentó a un ejército dotado de armas occidentales que la acribillaron a balazos. ¿Les suena el argumento? Parece ser que el papel de honorable guerrero en la película "El último samurái" debió interpretarlo una mujer.
EL ARTE DEL MACHETE: En la siguiente foto, la conocida como Capitán Nieves Fernández, realiza una demostración a un soldado norteamericano de como acabar rápidamente con tu enemigo cortándole la arteria carótida y la yugular. El hecho transcurre hacia el año 1944 y, tan elocuente mujer, era una maestra de Filipinas. Tras la ocupación japonesa tomó el papel de guerrillera, mandando a cerca de 100 hombres que, armados con cuchillos e improvisadas armas de fuego hechas de secciones de tuberías, mató a unos 200 japoneses.
Capitán Nieves Fernández
DEL CONVENTO A LAS ARMAS: Nacida en pleno siglo de Oro, Catalina de Erauso no era muy agraciada físicamente. Sus padres pronto se percataron de tal hecho y decidieron entregar a su hija a Dios. Sospechaban que no encontraría marido y le obligaron a tomar los hábitos de monja.
Sin embargo, Catalina demostró en muy poco tiempo su escasa vocación religiosa y sus continuos enfrentamientos con otras monjas le auguraban un destino fuera de los muros del convento. Según algunas fuentes, sus continuas peleas con una viuda novicia, algunos dicen que además hubo abusos sexuales, motivaron su definitiva fuga con 15 años. Desde entonces se vistió de hombre y vivió como tal, asumiendo varias identidades, Alfonso Díaz, Francisco Loyola, embarcándose hacia el nuevo mundo y formando parte activa del ejército español en la conquista del mismo. En Chile y en Perú pudo demostrar su pericia con la espada, siendo una hábil luchadora y también demostró sus especiales cualidades para enfrentarse a sus superiores y a las autoridades eclesiásticas. Herida y encarcelada en numerosas ocasiones, su impostura fue descubierta, aunque como reconocimiento a sus méritos se le permitió vestir como hombre, siendo conocida como la Monja Alférez.
PIRATAS DEL CARIBE: Anney Bonny nació en Irlanda en 1968. Su padre, un hombre de leyes, tuvo un desliz con la criada de su esposa, lo que tuvo como resultado el nacimiento de nuestra protagonista. Ante el escándalo del evidente adulterio, su progenitor decidió cambiar de aires, emprendiendo una nueva vida en Carolina del Sur, acompañado de su amante y de la pequeña Bonny. No cabe duda que era un hombre de recursos, porque empezando de la nada consiguió una estabilidad económica nada desdeñable. Sin embargo, a Anney Bonny parece que no le interesaba demasiado la vida acomodaticia y su espíritu rebelde parece que encontró la perfecta comunión con la idea romántica que tenía de la piratería. A los dieciséis años según cuentan, una muy atractiva Bonny, abandonó el hogar paterno para fugarse con un marinero de poca monta que presumía de ser pirata, pero que en realidad sólo ambicionaba el dinero de papá, dinero inexistente pues ya había sido repudiada y lógicamente desheredada. Después se unió a un auténtico pirata, Jack Rackham, con el que ejerció la vida de corsario como uno más, conociendo a otra mujer que se hacía pasar por un hombre, Mary Read, con la que se dice tenía relaciones sexuales, formando un triángulo amoroso con Jack, algo tan excitante como correspondía a una vida llena de aventuras y peligros. Finalmente fue apresada y, aunque sus compañeros fueron ahorcados, a ella y a su amiga Mary se les perdonó la vida temporalmente, por estar embarazadas. No obstante, la sentencia a morir en la horca aún les atenazaba y se haría realidad una vez dieran a luz. Mary Read murió en prisión y el destino de Bonny se pierde entre las brumas de la leyenda. Algunos sostienen que su padre, gracias a su influencia,  la ingresó en un convento, y otros que huyó perdiéndose en al anonimato.

lunes, 10 de agosto de 2015

VERANO INFINITO


El verano es definitivamente para los niños. Debe ser así, por muchas razones, por energía, vitalidad, deseos irrefrenables de estirar las horas como si un inmenso chicle deleitara sus tiernos paladares. Yo lo recuerdo así. Veranos de largas noches, juegos infinitos, mañanas tardías en las que perezosamente abríamos nuestros ojos ante otra larga jornada de calle, gazpacho, ensaladilla rusa, siesta con tebeo y vuelta a la calle, a jugar hasta la última gota del día. De niños somos ajenos al calor, es algo que nos acompaña sin molestar, las prioridades son otras y unas gotas de sudor sólo sirven de aliño para seguir disfrutando más.
El viaje a la playa, excitante, largo y tedioso pero con premio final. Pisar la arena, construir castillos que desafiaban la última ola, flotadores que nos salvaban la vida de ineficientes nadadores, piel quemada como tomates a la brasa, salidas nocturnas de helado y risas por el paseo marítimo, quizás un amor de verano efímero, imborrable en nuestra memoria. 
Ahora es distinto, el adulto avanza por el verano como una pesada tortuga. El calor es como una glotona  carga, los días eternos con rayos de sol que evitan su derrota nocturna. Noches de ojos vigilantes, atormentados por el mercurio, esa raya tenue que sube sinuosa cual serpiente constante. Nos asomamos furtivamente al exterior, buscando ese suspiro que calme la sed de nuestra piel. Cacharros de toda índole vomitan su aire refrigerado sobre nuestra figura cansada, sudorosa y anhelante de los días de frío. 
El mar, el mar ya no es lo que era, ha perdido su encanto de contemplado. Ya no deleita nuestra mirada deseosa, se oculta entre sombrillas, bañistas, toldos gigantes y vendedores de gafas. La arena nos atrapa, nos engulle la vida. Le basta con devorar nuestras horas. Detrás de la barrera, cuando nuestro machete presuroso alcanza las primeras olas, un enemigo acecha entre sus aguas, un ser silencioso que se desplaza a la deriva, parece un muñeco, sin voluntad, transparente, hecho jirones que nos castigan con su indiferencia, nos azota con su veneno, nos tatúa la piel y nos grita en silencio que el mar es suyo.
Nos volvemos ariscos, como autómatas en atascos en perpetuo colapso, irascibles por la impaciencia de encontrar el refugio de nuestra templanza. El diablo se regodea orgulloso, acechando en los subterráneos donde los pobres humanos aparcan sus carros de goma, chapa y humo. Sentados en hamacas nos miran y nos anticipan condenas sin recursos. El infierno está asegurado, el cielo... el cielo ya no es azul.


lunes, 27 de julio de 2015

CUANDO FUIMOS NIÑOS

Siempre se ha hablado de la perdida de la inocencia como si se tratara de un estado mental en la que no hay posibilidad de retorno. Todos esos recuerdos que atesoramos de nuestra niñez deberían de guardarse celosamente en una caja fuerte infranqueable, indestructible ante el paso del tiempo, esa medida imposible de parar que, en ocasiones, nos maltrata y nos roba nuestros mejores momentos, de cuando éramos felices sin más. La vida es complicada, a veces tremendamente complicada, pero en la niñez aparenta una tregua, unas vacaciones de los problemas que vendrán, un patio de recreo, una merienda, un sueño  reconfortable, una mirada de sorpresa... un día sin colegio. 
De eso trata la ultima entrega de los estudios Pixar, "Inside out", en los que algunos estados de ánimo, que define nuestra personalidad, toman la apariencia de singulares personajes. Alegría, tristeza, asco, ira y miedo gobiernan nuestra mente desde su particular sala de control. Pixar tiene algo especial, diferente a los demás, algo que les lleva más allá de una simple productora de películas de animación. Al igual que sucede con los estudios Ghibli, con el maestro Miyazaki, o  con el mítico Walt Disney, aquí hay algo más que un simple trabajo, algo que trasciende más allá de la pantalla, que engancha emocionalmente a los adultos y que entretiene de forma eficiente a los niños. Descubrí a finales de los años 80 al máximo responsable de lo que después sería Pixar. Si la memoria no me falla fue en un programa de "Metrópolis", donde se nos mostraban las nuevas técnicas de animación por ordenador, algo novedoso y en el que resaltaba sobre todas las demás creaciones un corto, titulado "Tin toy", de un tipo llamado John Lasseter. La historia era sencilla, un bebé maltrata a un pobre juguete recién llegado. Como algunos han podido adivinar, aquí se encontraba el germen de lo que siete años después sería el buque insignia de la compañía, "Toy Story".
Independientemente de la calidad técnica en la animación de los estudios Pixar, cada vez mejor, superándose producción a producción, lo que siempre queda es su capacidad y buen hacer en lo que se refiere a tocar nuestra fibra más sensible. El mundo del cine en general debería tomar buena nota de los creadores de este mundo de animación, de su capacidad de saber contar historias, de sus resortes a la hora de formar un guión sólido y, en definitiva, su manera de resolver una historia bien urdida de principio a fin. Son muchos los momentos que atesoro en mi memoria en los que mi asombro ha sido considerable. Me preguntaba a mí mismo cómo era posible que una película de animación fuera capaz de tocarme el corazón en tan numerosas ocasiones, desde la emoción más llevadera hasta el impulso de llorar desconsoladamente, tal y como me ha sucedido en su ultima producción.
Una película tan aparentemente infantil como "Bichos", ya me regaló un momento en que me sentí emocionado. Una hormiga ingeniosa llamada Flik le hace frente al líder de un grupo de saltamontes, Hopper, que vive a costa del trabajo del hormiguero. En una escena cumbre Flik dice basta a la tiranía, basta al abuso de poder. Es golpeado retiradamente por Hopper, sabe que es un combate desigual, que va a morir, pero su entrega, su tenacidad, su hastío de injusticia le hace levantarse una y otra vez. Cada vez que se incorpora magullado traspasa su fuerza al resto del hormiguero, que atónito descubre su verdadero poder, simbolizado en la individualidad y reflejado en lo colectivo. Es el principio de una pequeña revolución.
"Ratatouille" arranca con una premisa un tanto arriesgada, la posibilidad de que una rata sea una excelente chef. Pero el momento cumbre de la película está a cargo de un personaje concebido en un principio como uno de los villanos, Anton Ego, un crítico culinario feroz y despiadado que disfruta en la redacción de una mala crítica. Sin embargo, cuando se dispone a dar el golpe definitivo al restaurante Gusteau, la rata Remy le prepara un plato sencillo y aparentemente modesto, ratatouille. Anton se sorprende y anticipa lo que será un duro varapalo para el autor. Sin embargo, al probarlo su rostro cambia y su paladar lo trasladará automáticamente a su infancia, cuando regresaba con lágrimas a su casa, seguramente maltratado por otros niños, y su madre le preparaba el mismo plato, acompañado de un gesto de amor. El poder de esa sensación activa en él algo que había olvidado con el tiempo, su imagen de hombre duro y amargado cae como un castillo de naipes, recobrando aquel niño que fue y los sentimientos del amor materno. Una vez más Pixar nos recuerda hasta que punto es importante conservar los recuerdos de la infancia.
En "Wall-e" el estudio de Lasseter tenía un  desafío nada desdeñable, transmitir sentimientos a través de un personaje difícil en cuanto a gestualidad, un pequeño robot recolector de basuras más parecido a una tostadora que a un humano. La película arranca en una primera parte de forma prodigiosa, sin una línea de diálogo, recordando el poder de la imagen y de la expresividad, aunque ésta sea minimalista, un homenaje nada velado al cine mudo. Wall-e siente la soledad como algo que le perturba, que logra combatir en compañía de una cucaracha y con visionados reiterados de la película "Hello, dolly!". Así que cuando llega Eva, un robot explorador, la curiosidad se torna amor incondicional, una forma de huir de la soledad. Su reiterada obsesión por tomar la mano de su nueva compañera representa el símbolo del contacto físico y, por medio de él, demostrará una relación sentimental que nos hará derramar alguna lagrimilla.
"Up" arranca de una forma insólita para un film de animación. Toda una vida desfila delante de nuestros ojos de forma prodigiosa, con un sentido de la narración emotivo y magistral. Esa introducción termina con una tristeza que ahoga, la muerte de quien pensábamos sería una de las protagonistas del film. De nuevo la soledad golpea todos nuestros sentidos, no deja noqueados y nos preguntamos asombrados, cómo se puede tener la valentía de comenzar un film de animación con tan poderosa introducción.
La tercera entrega de "Toy Story" nos dejó unos cuantos momentos de los que uno piensa que, tras la animación, existe una idea trabajada, destinada para el mundo de los adultos pero envuelta en papel de regalo para los niños. El malo de la película tiene una justificación plausible. El sentido del abandono, de considerarse prescindible o fácilmente sustituible le ha generado un odio que ya no discrimina entre el bien y el mal. En la escena en la que nuestros juguetes protagonistas van a morir incinerados en un vertedero, todos se dan la mano ante la muerte inexorable, como si en ese gesto implícito se buscara ese contacto físico del que hablaba "Wall-e", una forma de no morir en soledad. La escena final, en la que Andy regala sus juguetes a una niña, es toda una ceremonia del abandono de la infancia. Los va presentado uno a uno, mostrando un respeto estremecedor de quienes en su día fueron los artífices de parte de su felicidad.  Esa felicidad innata de los niños, capaces de construir un mundo de fantasía de la nada, desde una caja de cartón a una muñeca de trapo. Ese momento te envuelve y te hace cómplice de la situación, al fin y al cabo ¿quién no ha tenido una caja de juguetes debajo del armario?  En ese momento mágico de la película fuimos muchos los que teníamos pendientes una despedida con el pasado, quizás lo habíamos olvidado, pero estoy seguro de que lo que ocurría en la pantalla nos sirvió como un adiós emotivo.
"Del revés" comienza de forma muy hábil, enseñando sus cartas desde el principio, tocando el corazón a cualquiera de nosotros, a los padres por partida doble, con la carita de una recién nacida, nuestra protagonista, Riley. En su recién estrenada mente, fuera del vientre materno, solo aparece tomando el control el personaje de Alegría, aunque por poco tiempo, ya que la felicidad absoluta, sin contaminantes, con la pureza de una mirada limpia en ingenua dura poco. No tardarán en llegar Tristeza, Asco, Ira y Miedo, como complemento de lo que será su personalidad futura y también como parte indispensable de la vida . Todos los recuerdos de la niñez de Riley se guardan en pequeñas esferas que se van almacenando, la mayoría de color amarillo que representa la Alegría, aunque no todas tendrán ese color luminoso, Tristeza teñirá los recuerdos de un azul melancólico, Asco les dará una tonalidad verde, Ira optará por un furioso rojo y miedo será representado por el violeta. Pero el peor de los colores será el gris, porque las esferas de ese color representan a los recuerdos olvidados, algunos quizás superfluos, pero otros representan el olvido de tiempos felices.
En la mente de Riley existen toda una clase de mundos, la isla de las payasadas, la de los deportes, la de la familia, infinitas estanterías donde se guardan las esferas luminosas, parajes de fantasía, lugares donde se producen los sueños y, de igual manera, habitada por estrafalarios personajes. El más interesante es Bing Bong, un extraño y simpático elefante de color rosa y bigotes que representa al amigo imaginario, un ser especial que ha compartido muchas horas de juego con Riley, aunque ya anda olvidado y, cuando termina por desaparecer de la mente de Riley, produce una emoción ciertamente indescriptible. Me pueden imaginar, un tipo con 50 años y conteniendo las lágrimas tras las gafas 3D por la muerte de un  dibujo animado. No es por el personaje en sí mismo, sino por lo que representa, la superación de una etapa de nuestras vidas en la que deberíamos ser felices como lo que fuimos, niños llenos de imaginación, lejos del mundo de los adultos, con sus problemas, facturas, lágrimas y prisas. Cuando Riley sufre su primera crisis, muy cercana ya a la pubertad, su mundo infantil se desmorona, sus recuerdos van desvaneciéndose, ya no necesita recordar los nombres de sus muñecas. Alegría trata por todos los medios de salvar ese pequeño mundo, manteniendo a raya a Tristeza a la que considera un peligro. Después, la gran lección de la película, demostrará que, en la vida, la melancolía y la nostalgia, tan ligadas a esa tristeza, son necesarias para guardar como un tesoro nuestros recuerdos más preciados, los que nos acarician el alma con la calidez de un tiempo irrepetible. Evolucionamos, cambiamos, superamos etapas, pero siempre nos quedará el recuerdo de quienes fuimos, soñadores de mundos imaginarios, sonrientes de juegos inventados, payasos impulsivos, enfados ocasionales, caprichosos compulsivos, niños en estado natural. Por eso maldigo a quienes les han arrebatados a los niños todos esos sueños y los han sustituido por hambre, moscas y un fusil, porque robar la infancia a un ser humano es el mayor de los pecados.
"Inside out", o como se ha traducido, creo que inapropiadamente en nuestro País, "Del revés" es Pixar en estado puro, con su habilidad especial en transportar a niños y mayores a su particular mundo, sin que pierdan interés ninguno de los dos. Quizás sea porque tengo dos niñas, con 9 y 4 años, quizás fuese porque tenía en brazos a la más pequeña, pero viendo lo que ocurría en la gran pantalla, aquel desfile de emociones y recuerdos me tocó muy profundamente, porque quizás soy un terrible egoísta y quisiera que mis niñas fueran eso, eternamente niñas en su mundo de niñas, con sus muñecas, su forma de hablar y sus castillos de princesas. Si debió ser por eso, por lo hubiera deseado estar sólo en la sala, para que nadie me viera llorar como... como un niño.