martes 21 de febrero de 2012

CONAN VS CONAN


Estoy convencido de adivinar las intenciones de Marcus Nispel cuando se hizo cargo del rodaje de la nueva versión de "Conan, el bárbaro", aunque dados sus antecedentes, sobre todo con la absolutamente mediocre "El guía del desfiladero", no se podía esperar un milagro. Pero seguro que su intención era realizar una película correcta y entretenida. Lo que no imaginaba el director de origen alemán es que, para lo único que serviría su adaptación del personaje de Robert E. Howard, es para valorar aún más la versión de John Milius del año 1982.

La película del 2011 comienza influenciada de forma descarada por "El señor de los anillos", sustituyendo el preciado tesoro del Golum por una especie de máscara, dividida en varios fragmentos y que alguien con deseo de poder quiere volver a unir. Después, observamos el nacimiento de Conan en el campo de batalla, su juventud y adiestramiento por parte de su padre, un Ron Perlman que es lo mejor de la película (a este actor ya le es suficiente con su presencia en la pantalla para llenarla absolutamente). Este primer acto termina con la invasión del poblado cimmerio, su destrucción y la muerte del padre. Es lo mejor de la película, pero no resiste la comparación con la versión del 82. Nada más empezar se nos ofrece una cita de Nietzsche, "Lo que no me mata, me hace más fuerte" y a continuación entra la poderosa música de Basil Poledouris, una de las más bella partituras de la historia del cine en general y del género de aventuras en particular. A su lado la composición de Tyler Bates es mero ruido de fondo. No es fácil superar ese arranque. El guión y los diálogos de film de Nispel son absolutamente planos, sin un ápice de inspiración. Y es que el film de Milius nos regala la primera parrafada mítica por parte del padre de Conan (William Smith, el mítico Falconetti de "Hombre rico, hombre pobre"):

"Antes, los gigantes vivían en la tierra y, en la oscuridad del caos, engañaron a Crom y le arrebataron el enigma del acero. Crom se irritó y la tierra tembló. El fuego y el viento derribaron a aquellos gigantes y arrojaron sus cuerpos a las aguas. Pero en su ira, los dioses olvidaron el secreto del acero y lo dejaron en el campo de batalla. Nosotros lo encontramos. Sólo somos hombres. Ni dioses ni gigantes, solo hombres. Y el secreto del acero siempre ha llevado consigo un misterio. Tienes que comprender su valía, tienes que aprender su disciplina. Porque en nadie, en nadie de este mundo puedes confiar. Ni en un hombre, ni en una mujer, ni en un animal. En esto -alza su espada- sí puedes confiar."

El asalto al poblado es magnífico, la música resuena cual opera wagneriana entre la nieve y la sangre. La espada y la épica se respiran, mientras los perros de la guerra atacan sin piedad al padre de Conan. No hay diálogos, ni una sola palabra. Aparece el malo en acción, grande James Earl Jones, y nos regala una de las escenas míticas por excelencia del film. Mira con misericordia y arrogancia a la madre de nuestro héroe, una bellísima Nadiuska, y la decapita en un movimiento que se detiene en el tiempo. Una muerte hermosa, poética que no necesita palabras.

Poco importa si la adaptación de Milius es poco fiel al personaje original, porque su intención es contar una aventura épica con toda la carga de profundidad a las que suele dotar a sus historias, ya sea en la faceta de guionista o a la de director. Toda esa obcecación por el poder de la voluntad, sobre el hombre superior, que ya le obsesionaba desde los tiempos de "Apocalypse Now", está aquí presente y eso enriquece lo que podría haber sido un film de aventuras sin más pretensiones, en la línea de "El señor de las bestias". Lo que sigue a continuación en el film del 2011 es pura nadería con un Conan, Jason Momoa, que da el tipo en el físico, pero al que una ameba ha debido escribir sus escasas frases. No es que Arnold Schwarzenegger recitara precisamente a Shakespeare, pero las pocas oportunidades que tiene la expresa con criterio y lógica. Basta recordad aquello de "Crom, jamás te había rezado antes, no sirvo para ello, nadie, ni siquiera tú recordarás si fuimos hombres buenos o malos, por qué luchamos o por qué morimos, no, lo único que importa es que dos se enfrentan a muchos, eso es lo que importa, el valor te agrada Crom, concédeme pues una petición, concédeme la venganza, y si no me escuchas ¡vete al infierno! ". En la versión de Nispel no hay ni una sola linea de diálogo aceptable y su Conan parece pronunciar sus palabras arrastrándolas o mascullandolas, algo así como hacía el Apá Oso de los dibujos de Hanna-Barbera. No obstante hay que destacar algo bueno de esta nueva versión, que no es otra cosa que la lucha contra los guerreros de tierra, que evoca ligeramente aquellos célebres esqueletos de "Jason y los Argonautas", aunque esa especie de monstruo acuático con tentáculos, y a pesar de los adelantos en efectos especiales, pierde ante la serpiente más artesanal de la versión de Milius.

En esta última entrega los secundarios son meros figurantes, sin personalidad, muy lejos de aquel amigo fiel de Conan, el simpático Subotai (Gerry López), el brujo que ejerce de narrador (Mako) o la valiente guerrera Valeria (Sandahl Bergman), que supera en erotismo a la muy modosita Rachel Nichols que tarda una eternidad en mostrar su atractivo. En cuanto al malo de la función del 2011, Stephen Lang, no aporta demasiado y sus palabras son también el fruto de un guión rudimentario. No es comparable al magnetismo del villano del film de Milius, Thulsa Doom (James Earl Jones), y su reflexión sobre el enigma del acero frente al poder de la mente:
"Sí, tú sabes lo que es verdad muchacho. ¿Te lo digo? Es lo menos que puedo hacer. El acero no es fuerte muchacho, la carne es más fuerte. Anda mira, allá, en las rocas, esa hermosa muchacha… ven a mi muchacha, ven (la muchacha se suicida lanzándose al vacío) ¡Esto es fuerza muchacho, esto es poder! La fuerza y el poder de la carne. ¿Qué es el acero comparado con la mano que lo maneja? Fíjate en la fuerza de tu cuerpo, el deseo de tu corazón. ¡Eso es lo que te doy! Qué lástima. Contempla esto en el árbol del infortunio. Crucificadle."

Por su banda sonora soberbia, por su interesante reflexión sobre la voluntad de poder de la mano de Milius y Oliver Stone, por Arnold, James Earl Jones, Nadiuska, Max Von Sydow, William Smith, Jack Taylor, incluso por Jorge Sanz, porque aquel año no hubo nieve y tuvieron que fabricarla artificialmente, por la bella fotografía de Duke Callaghan y por rodarse en España, por todo eso merece la pena deleitarse viendo "Conan, el bárbaro", cosecha del 82.



miércoles 15 de febrero de 2012

EL FINAL DE BRUBAKER


Stuart Rosenberg dirigió "Brubaker" en 1980, pero ya había demostrado su habilidad, dentro del género carcelario, en la espléndida "La leyenda del indomable", conocida sobre todo por la famosa apuesta de los huevos duros. No deja de ser curioso que ambas propuestas fueran protagonizadas por Paul Newman y Robert Redford respectivamente, o lo que es lo mismo "Dos hombres y un destino" entre rejas, pero cada uno a un lado distinto de ellas. Lógicamente el preso indomable sería Newman, con ese aire de rebelde inconformista. Redford parece más formal, toda una suerte de chico bueno y progresista al que le va que ni pintado el papel de Brubaker. En esta película nuestro protagonista aparece como un preso recién ingresado en la penitenciaria de Wakefield, al sur de los Estados Unidos. Allí observará la vida cotidiana y descubrirá las terribles condiciones de sus habitantes. Sometidos prácticamente a la esclavitud, son ofrecidos como mano de obra gratuita a los empresarios del lugar, a cambio del correspondiente soborno al alcaide de turno. Las instalaciones son ruinosas y la comida sencillamente repugnante. Incluso el médico atiende solamente a aquellos que les pueden pagar. Los presos de confianza, armados y privilegiados, imponen su ley con violencia desmedida. En una situación crítica Brubaker se identifica como el nuevo alcaide de Wakefield y pone patas arriba la penitenciaria.


Esta historia está basada en hechos reales protagonizados por Thomas Murtom, el alcaide de la prisión de Arkansas en donde destapó todo un cúmulo de corruptelas, malos tratos y condiciones infrahumanas. Las autoridades le dejaron realizar su trabajo de mala gana, hasta que desenterró cuatro restos óseos en un campo anexo a la penitenciaria, que se supone pertenecían a reos asesinados. Su insistencia y sacar a la luz pública todo este enorme cubo de basura hizo que fuera despedido fulminantemente.


Se podría decir que la película se divide en dos partes bien diferenciadas. En la primera, el personaje de Brubaker se hace pasar por preso, se dedica a observar todo lo que le rodea, apenas articula una palabra y solo su mirada es suficiente para comprobar la mezcla de asombro y indignación que le produce contemplar la miseria que rodea las mugrientas paredes de la penitenciaria. En la segunda parte, ya desvelada su verdadera identidad, se plantea el intento de reformar toda aquella infamia humana por la dignidad que toda persona tiene derecho a poseer. Pero su lucha no es solo contra los internos de la prisión, sino contra los poderes fácticos que ven con muy malos ojos que trate de abolir una esclavitud que le provee de mano de obra gratuita. La prisión no cuesta un centavo al estado porque se abastece de sus propios cultivos y ganadería, además de realizar trabajos para la comunidad. Pero su alcaide y los presos de confianza, ha sometido a un trato vejatorio a los habitantes de Wakelfied. Naturalmente, y como no podía ser de otra manera, nuestro protagonista fracasa, sus buenas intenciones progresistas son frenadas por los que quieren mantener un inmovilismo al que se califica ya de tradicional. En la mejor escena de la película, uno de los pocos presos de confianza con cierta honestidad, Yaphet Kotto, y que no creía en lo que estaba realizando tan atrevido personaje, despide a Brubaker mientras escucha el discurso del nuevo alcaide, toda una declaración de intenciones de vuelta atrás, de miseria y látigo. Le dice las siguientes escuetas y significativas palabras, "Usted tenía razón" y a continuación pasa a aplaudir al hombre honesto que representa el personaje interpretado por Redford. Los demás presos rompen filas, haciendo caso omiso del arcaico mensaje del nuevo títere del estado, y aplauden juntos en un final emotivo que siempre me emociona.




viernes 10 de febrero de 2012

LA GRANDEUR DE LA FRANCE


En la espléndida "El tren" de John Frankenheimer, durante la ocupación alemana, un funcionario de ferrocarriles, Burt Lancaster, intenta convencer a un maquinista, Michel Simon, de que sabotee un tren en donde los alemanes pretender transportar obras maestras de la pintura, expoliadas de los museos franceses. El maquinista argumenta que le trae sin cuidado el destino de unos cuadros que le causan indiferencia. Pero, cuando el personaje interpretado por Lancaster apela a "La grandeur" (La grandeza), al pasivo Michel Simon se le ilumina el rostro y susurra esas mismas palabras como quien recita un hechizo de singular poder. Para él ya no hay duda y pondrá su vida en juego ante el sublime concepto de una grandeza que parecía dormida.
En la segunda guerra mundial, el 24 de agosto de 1944, el primer blindado que toma las calles de París para su liberación llevaba el nombre de "Guadalajara" y se situaba al frente de la conocida "novena", compañía encuadrada en la Segunda División Acorazada de Leclerc. Formada por republicanos españoles que habían combatido en la Guerra civil, eran conocidos por su valentía y arrojo, siendo elegidos para la liberación de París y participando en numerosas escaramuzas militares. Tras su triunfal entrada por las calles parisinas, fueron vitoreados por la población, aunque a muchos les pareciera una nimiedad que fueran de una nacionalidad distinta a la francesa. Una mujer se abraza a uno de los combatientes españoles y comenta que "es una alegría y honor abrazar al primer francés que libera su ciudad". En un principio, De Gaulle y los aliados, rinden honores a los españoles, pero días después la foto de blindado "Guadalajara" se sustituye sibilinamente por otro con nombre francés, el tanque "Romilly". De Gaulle pronunciará un discurso en el Ayuntamiento que pasará a la historia... que pasará a la historia como muestra inequívoca del chovinismo más descarado: "París liberada, liberada por ella misma, liberada por su pueblo, con la participación de los ejércitos de Francia, con el apoyo y la participación de toda Francia. Es decir, de la Francia que lucha, de la única Francia, de la verdadera Francia, de la Francia eterna". ¿Qué fue de los aliados caídos en Normandia?. De sobras es conocida la respuesta, pero ¿qué fue de la "novena" compañía española?. Cuarenta muertos y más de cien heridos fue el balance de este grupo de hombres que llegaron hasta el mismísimo Nido del Águila de Hitler.
Hace tiempo que quería dedicar una entrada a este capítulo sobre aquella gesta histórica de la segunda guerra mundial, en parte como homenaje a unos hombres que los vientos de la memoria no han conseguido borrar.
Los últimos acontecimientos me viene como anillo al dedo para hablar hoy de semejantes hechos. Todos estamos enterados del drama deportivo de Alberto Contador, acusado y sentenciado por supuesto dopaje, pero, lo que ahora colma el vaso de la paciencia, toma forma en los conocidos guiñoles del canal+ francés, que han hecho campaña en contra de los deportistas españoles acusándoles a todos ellos de trampas y de competir absolutamente dopados. Con el lema "Los deportistas españoles no ganan por una cuestión de suerte", nos presentan a Nadal, Casillas, Gasol y otros, acompañados de sus inseparables jeringuillas con las que se ayudan para alcanzar su éxito. En el humor casi todo vale, pero esto va más allá de una simple broma, es la insinuación palpable de algo mucho más grave y la constatación de quienes sienten algo más que el fracaso de sus aspiraciones deportivas. Francia, tan pagada de si misma, tan imbuida de esa "grandeur", esparce la difamación más gratuita como justificación de su impotencia. Algunos pensarán que esta entrada está cogida por los pelos y que se podría aplicar aquello de "Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid". No digo que no, y quizás no debemos darle demasiada importancia, tal vez la única intención de nuestros vecinos sea la de limpiar el buen nombre del deporte, igual que su amabilidad, más que demostrada, en descargarnos los camiones de fruta en la frontera. Qu'ils ont un bon jour.



miércoles 8 de febrero de 2012