miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL SURREALISMO POP DE TODD SCHORR

Nacido a mediados de los 50, se podría decir que Tood Schorr es un fiel testimonio de la época en la que transcurrió su niñez, entre dibujos animados, televisión, cómics, cine y el trasfondo ineludible de la guerra fría. Impactado por la versión de 1933 de "King Kong" y los personajes de Disney y Fleischer, los utilizó como un icono personal, casi obsesivo, llegando a plasmar también influencias de las criaturas creadas por Harryhausen en sus películas de monstruos, tal y como lo podemos contemplar en la siguiente imagen, plena de referencias al mago del stop motion, con esa descomunal cabeza dominante, salida directamente de la película de 1958 "Simbad y la princesa". Esta obra maestra está plagada de referencias cinéfilas, aparte de las ya comentadas, Frankenstein, Nosferatu, el genio de la lámpara... Todo ello envuelto en un escenario onírico y ciertamente apocalíptico, muy deudor de los pintores Pieter Brueghel y el Bosco.

No es de extrañar sus referencias a la pintura clásica, dado que en un viaje, diríamos iniciático al viejo continente, en concreto a Italia, quedó impregnado por el arte de los grandes pintores, fraguando en él la idea de combinar el clasicismo con sus referencia culturales, dando como resultado un estilo muy particular, con esa mezcla surrealista entre lo convencional, el pop y cierto aire underground. Es evidente que existe también una influencia del estilo de Salvador Dalí, al que por cierto pintó en una de sus obras junto a otro de sus  referentes, Walt Disney.
Sus obras no están exentas de polémica, dado el estilo peculiar con las que impregna cada pincelada, entre sarcasmo, ironía y surrealismo pop. En el año 2002, el Art and Culture Center of Hollywood organizó en Florida una retrospectiva del artista, enviando como estrategia publicitaria unas 4.000 tarjetas de la pintura "Clash of Holidays". En ella se podía contemplar una singular escena,  en la que el Conejo de Pascua lucha encarnizadamente y a muerte con un iracundo Santa Claus, quizás por saber quien tiene la hegemonía en las fiestas tradicionales, mientras un niño Jesús da buena cuenta de una oreja de un conejito de chocolate. Los defensores de la moral conservadora, representada a la perfección en los estados del sur, montaron en cólera, acusando a Schorr de blasfemo y proponiendo poco menos que la destrucción de la obra, provocando un intenso debate entre la libertad creadora y los límites de la misma. Quizás los defensores a ultranza de la moral no habían tenido en cuenta que, el artista al que censuraban de forma feroz, había sido uno de los integrantes principales de una exposición histórica en el Museo Laforet de Tokio, la American Pop Culture Images Today, formando parte fundacional del conocido movimiento artístico llamado Lowbrow, además de haber realizado algún que otro trabajo para George Lucas, Ford Coppola, la revista Time o la banda de rock duro AC/DC.






miércoles, 10 de diciembre de 2014

STAR WARS, EL BORRADOR QUE SE HIZO CÓMIC

Es una obviedad que la saga de Star Wars se convirtió en un filón a explotar desde la fecha de su estreno. No ha existido ninguna faceta de la que no se haya obtenido algún beneficio y el borrador, que tenía George Lucas de su saga galáctica, no podía ser menos y ahora se nos ofrece en forma de cómic. Mi amigo, el bloguero Tirador solitario, tuvo el detalle de regalarme un ejemplar que liquidé de forma rápida, pues no parece que sea el exceso de diálogos una de las máximas virtudes de esta versión en viñeta de Star Wars. A modo de conclusión rápida, se podría decir que se nota que está basado en un borrador, principalmente por la escasa profundidad de algunos personajes indispensables y cierta tendencia a construir una historia con un trasfondo algo farragoso. 
El argumento, centrado en la historia que se cuenta en "Una nueva esperanza", tiene lógicamente parecido con el resultado que todos ya conocemos, aunque se mezcla, al principio, algo de lo que aparecía en "La amenaza fantasma", la invasión de un planeta, en este caso Aquilae,  y el trasfondo del bloqueo comercial y también algunas situaciones que se dan en "El retorno del Jedi", la batalla de la luna de Endor, sustituyendo, afortunadamente, a los infantiles ewoks por los wookies. Respecto a esto último, es curioso observar la relevancia de un personaje como Chewbacca, que no aparece hasta bien entrada la historia pero que asume el papel de Luke Skywalker, arrebatándole la destrucción de la Estrella de la Muerte. El personaje interpretado por Mark Hamill es aquí un veterano Jedi, con cierto parecido físico al mismísimo George Lucas,  que asume además el papel de un ausente Obi Wan Kenobi, mientras el joven aprendiz, el que realmente está basado en Luke, se llama Annikin Starkiller quien interpreta a un advenedizo joven algo plano y, sin duda, decepcionante, guardando cierto parecido a un, en palabras del Tirador, Legolas galáctico. No obstante, Darth Vader es el que sale peor parado, siendo un individuo sin demasiado atractivo, desconocedor del lado oscuro de la fuerza y escaso de carisma. Carisma que le roba, en cierta medida, el príncipe Valorum, un sith con alma de caballero. Es curioso que sea el padre de Starkiller, Kane, quien posee casi todo su cuerpo reconstruído artificialmente de forma similar a Vader. Si hay alguien que se aleja absolutamente de su aspecto físico, ese es Han Solo, que aquí es interpretado por una criatura de color verde, inspirada de forma poco disimulada en el famoso personaje del cómic la Cosa del pantano
Otra variante relativamente importante es el origen de R2-D2 y C-3PO. Aquí son dos androides del imperio que huyen de la Estrella de la Muerte cuando es atacada. Su personalidad aún no anda demasiado definida y ambos intercambian la suya a partes iguales. Como aspectos llamativos, hay que señalar que R2 habla el lenguaje humano y que ambos son poco de fiar, estando siempre dispuestos a revelar cualquier secreto al primero que se tropiece con ellos. C-3PO, que siempre tuvo un parecido más que evidente con el robot María de "Metrópolis" de Fritz Lang, aquí resulta una copia casi idéntica.
El emperador parece más un simple funcionario y no parece esconder su filiación al lado oscuro, ni estar dotado de ningún poder especifico, lo que le convierte en un personaje más que prescindible.


Como dato curioso cabe señalar que el sable láser es aquí utilizado indiscriminadamente, sea por Han Solo o por las tropas imperiales, perdiendo ese carácter de arma reservada a los Jedi que tanto los identificaría en la saga cinematográfica. Sin embargo, hay unas cuantas escenas que se respetaron después y que quedaran siempre en la retina del cinéfilo de Star Wars, como la pelea en la cantina entre unos facinerosos y Obi Wan, un plano del Palacio de la luz de Aquilae casi idéntico a la fortaleza de Jabba el Hutt o el momento de la evasión en el triturador de basura.

Respecto a la calidad artística del cómic, hay que decir que Mike Mayhew se desenvuelven bien en la plano corto, dotándole a los personajes de un carácter realista que se difumina en los escenarios amplios. Si tenemos que valorar la obra en su conjunto, hay que decir que debemos tomarlo como lo que realmente es, un borrador, un boceto de una historia que, con el paso del tiempo, se fue configurándose en su plasmación en la gran pantalla de trazos más firmes y, desde luego, con una personalidad irrefutable, algo de lo que carece el cómic, lo cual es asumible y, en todo caso, perdonable.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

CINCO AÑOS DESDE LA GUARIDA

Un año más viejo, otros 365 días no sólo en mi vida particular sino también en la blogosfera, tecleando frente a eso que llaman portátil o computadora, una palabra que resulta más peculiar por aquí, pero que es común en otros lugares. Recuerdo el primer día como si un millón de años hubieran desfilado sobre mi pantalla, la incertidumbre o, más bien, la escasa confianza que me inspiraba publicar algo escrito por mí. El primer artículo arrojado a la red me causaba una extraña mezcolanza de sentimientos encontrados. Por un lado, era un experimento incierto, muy similar a lo que se denomina coloquialmente como un brindis al Sol, y por otro una apuesta ilusionante por una afición tan común como la de escribir. Mi lado pesimista, siempre dispuesto a demostrar que es el niño de mis ojos, me martilleaba con una pregunta inevitable, ¿quién demonios va a leer esto? Al principio cuesta imaginar que tu propuesta pueda ser considerada en un espacio tan descomunal como este, un universo tan poblado de ideas, algunas sublimes, otras geniales, muchas mediocres y otras sencillamente planas. Cuando un blog nace tiene un comienzo difícil, nadie le reconoce, nadie sabe quien es, nadie le habla y eso puede ser el principio de su final. Muchos mueren de aburrimiento y el único remedio eficaz es ser descarado. Tu diminuta imagen que te representa, esa que aparece en tu perfil, algunas veces con tu nombre real y otras con uno imaginado, tiene que hacerse notar con una fórmula muy simple y eficaz, tienes que ir de visita y hablar, hablar mucho en forma de comentario. Menuda palabra para un bloguero esa de "comentario", absolutamente indispensable para saber en que estado te encuentras y si tu proyecto tiene algún tipo de porvenir. Porque representa el mismo efecto que cuando esperabas ansiosamente una carta en tu buzón, porque significa una visita, signo inequívoco de que esto se mueve.
Ignoro como debe sentirse ya un blog con cinco años de vida, si es un tierno infante, un mozalbete insolente, un joven audaz, un madurito interesante que peina canas,  calvo viril como decía Woody Allen, o quizás como un anciano venerable. Particularmente pienso que ha sido un tiempo más que suficiente para tener achaques, como en las salas de espera del médico de cabecera, donde los pacientes hablan de su tensión arterial, de la diabetes, del colesterol o de la hernia de hiato. Aquí no sería el caso y hablaríamos más de falta de inspiración, de interés menguante, de pereza y otros achaques típicos del negocio, amén de otros síntomas de carácter psicológico y síndromes diversos. Concretamente la Guarida puede tener un cuadro de dispersión temática aguda. Aquí se habla de todo, desde fútbol, experiencias personales, algún chiste y grandes dosis de humor, pasando por ideas trascendentales sobre lo divino y lo humano. Últimamente me he permito hablar de arte, todo un atrevimiento para un profano en la materia. Sin embargo, en una temática que domino algo más, como es el cine, me encuentro con cierta diáspora mental, aunque no por ello renuncie a algo que fue fundacional en este blog.


En definitiva, nada de esto tendría sentido sin ustedes, los que pasan por aquí y dedican parte de su valioso tiempo en echar una ojeada a lo que se dice y comenta. En una medida de grandes proporciones, el esfuerzo de un autor y su correspondiente blog, depende de sus lectores, ocasionales, fieles e incluso de los que aterrizan por error o se posan aquí por una búsqueda errática. Todos ellos son de vital importancia para la supervivencia de La Guarida del Eremita y es por eso, fundamentalmente, para lo que escribo esta entrada, para agradecerles de forma sincera y emotiva su apoyo durante estos cinco años, aunque mi narcisismo irrefrenable espere sus felicitaciones como forma propicia para alimentar mi ego. Gracias a todos y bienvenidos a esta casa.




lunes, 17 de noviembre de 2014

EL MATRIMONIO ARNOLFINI

El retrato del matrimonio Giovanni Arnolfini y su esposa Giovanna Cenami, fechado en 1434, es probablemente el cuadro más conocido del pintor flamenco Jan van Eyck y también uno de los más populares de la pintura universal. No sólo es una obra maestra en sí misma, sino que además es protagonista de un azaroso viaje hasta llegar a su última ubicación, la National Gallery de Londres. El cuadro es toda una declaración de intenciones respecto a lo que quiere representar, culminado con detalles simbólicos que ilustran lo que el pintor quiere contar.
Lo que llama poderosamente la atención es que se especula, con razonamientos más que evidentes, de que se trata de una ceremonia matrimonial. De ser así, nos percataremos de dos detalles sumamente curiosos que ponen en solfa tal situación. El primero de ellos es conferir a tal acto un carácter tan privado como el de una alcoba, lejos de los habituales templos sagrados, de la pompa y el boato. Podría ser una boda secreta, una ceremonia que no quiere trascender. En ese sentido es curioso observar la pose del marido, cuando sostiene la mano de la mujer con su mano izquierda, un gesto que indica que estamos ante una unión morganática, esto es, el matrimonio entre personas de distinto rango social. Un hecho sorprendente, porque tanto Arnolfini como Giovanna Cenami eran de clase alta, un comerciante que había desempeñado cargos importantes en la corte de Felipe el Bueno y una mujer de origen acaudalado. Se especula que quizás el hombre del retrato fuera el hermano de Arnolfini, Michele y su particular ceremonia con una desconocida. Desconocida, por otra parte, que parece embarazada, algo insólito en una boda de tales características con dos personajes pertenecientes a una clase superior. Se argumenta que en realidad es sólo una pose, que la mujer adelanta su vientre o que el pliegue del traje le da la apariencia de estar encinta.
Además, se sabe que el matrimonio Arnolfini no tuvo descendencia, a pesar de la simbología sobre la fertilidad que el cuadro destaca en algunos de sus detalles. El color del vestido de ella o la figurita de Santa Margarita, que descansa sobre el cabecero de la cama, a la que se solía invocar en los partos. Todo el conjunto forma una especie de conjuro para favorecer la fertilidad, aunque también existe un mal presagio, tal y como se puede observar en la pequeña gárgola que descansa al fondo y que, por un efecto óptico, parece reposar sobre las manos de los contrayentes. Hay quien habla de exorcismo, un aspecto algo exagerado, si bien debemos tener en cuenta todas la intenciones que, el autor de la obra, nos presenta en cada rincón de tan célebre tabla flamenca. Hay también simbologías con doble interpretación. Las naranjas, que aparecen junto a la ventana, puede indicar poder económico, pues no todo el mundo podía tener a su disposición un producto tan peculiar por aquellos lares, pero también tienen un significado religioso, al estar relacionado con la fruta prohibida del jardín del Edén (no todos piensan que fuera la manzana) y sus consecuencias relacionadas con la lujuria, apoyada en este caso por el rojo intenso de la cama. A esa simbología sobre la fe cristina, habría que incluir la decoración del espejo situado al fondo de la habitación, que ilustra la pasión de Cristo en distintos momentos, amén de que en el mismo se puede observar a dos testigos del evento, uno de ellos el propio pintor, anticipándose al recurso que después emplearía Velázquez en "Las Meninas".
Volviendo al asunto de la identidad de los protagonistas, parece claro que nadie apostaría en serio sobre quienes son en realidad. De hecho, en los archivos, existe una unión marital con el apellido Arnolfini, que se celebró años después de la elaboración del cuadro e incluso después de la muerte de Jan van Eyck, aunque tal apellido era muy corriente y quizás no se pueda ubicar en el tiempo de la obra en cuestión. Algunos apuntan, en una teoría poco convincente, que el personaje masculino, una especie de adivinador, lee la mano de ella, anticipándole su estado de buena esperanza. Sea como sea, el catalogo de  la National Gallery de Londres se limita a identificarlo con un escueto "Arnolfini Portrait", sin aludir a su condición de matrimonio. De hecho, se puede pensar que, tan famosa escena, fue ideada por la mente de su autor, sin modelos concretos, en una habitación a modo de escenario y en donde quiso plasmar toda una suerte de símbolos sobre el matrimonio y la fecundidad.
La historia del cuadro y de cómo acabó en Londres es también fascinante y está cargada de incidentes, alguno de ellos muy peculiar. Ochenta años después de su realización, en el año 1516, la obra se encuentra en poder de Don Diego de Guevara, un caballero español que residía en Holanda, quien se lo regaló a Margarita de Austria, regente por aquellos años de los Países Bajos, dejándolo en herencia a sus sobrina, María de Hungría, que se traslada a España en 1556 y pasando a formar parte de la colección de Felipe II en el Real Alcázar de Madrid, lugar donde permaneció hasta el incendio de 1794, pasando entonces al nuevo Palacio Real.
En la guerra de la independencia, las huestes de José Bonaparte saquean todas las obras pictóricas que se puedan trasladar con facilidad, entre las que se encontraba "El matrimonio Arnolfini", pero las tropas del Duque de Wellington les pillan con las manos en la masa y confiscan el arte incautado por los franceses. El militar inglés, de forma honesta, quiere reponer las obras de arte a Fernando VII, que, haciendo gala una vez más de su arrolladora personalidad y competencia, les hace ascos y se los regala al Duque como pago por sus servicios. No obstante, el cuadro no aparece en sus colecciones privadas y dos años más tarde lo descubrimos en Londres, en la casa del coronel James Hay, que había combatido en España a las tropas napoleónicas y que justifica, la posesión del mismo, argumentando que la había comprado al propietario de una casa en Bruselas en donde se reponía de las heridas sufridas en la batalla de Waterloo. Tan extraña explicación es poco convincente y, el hecho de haber estado en España, probablemente a las órdenes del Duque de Wellington, sugiere otro proceder quizás más turbio. Siguiendo con la tónica habitual de las vivencias de la pintura de Van Eyck, el coronel Hay se la regala a Jorge IV, que la expone durante dos años en Carlton House y termina por devolvérsela  a Hay, a quien parece que el cuadro le quema en sus manos, a saber por qué, y se la ofrece a un amigo que la deja en depósito, se supone que unos trece años, hasta que en 1842 la National Gallery de Londres la adquiere por un valor de 730 libras esterlinas.
Una obra de arte singular, tanto por ser una pintura magnífica envuelta en cierto enigma, plagada de simbolismos y por su trayectoria, un viaje por la historia entre palacios y contiendas bélicas.