martes, 21 de octubre de 2014

LA CAJA DE PANDORA: ESPECIAL GUERRA

Este mes nos llega un nuevo número de la revista digital "La caja de Pandora" perpetrado, como siempre, de forma magistral por José Ángel de Dios. En esta ocasión se nos plantea un viaje por el tremendo e impactante mundo de la guerra. Entre otros articulistas de gran talento, he tenido el placer de colaborar con un artículo titulado "Rambo no estuvo a las órdenes de Patton", un repaso por algunos personajes del cine bélico. Espero que sea de su agrado. Les dejo el oportuno enlace, por si se animan a darle un repaso a tan buen trabajo editorial, y algunas citas célebres de películas de guerra.

https://www.dropbox.com/s/lef6bw0k1h3mqs9/LA%20CAJA%20PANDORA%20GUERRA.pdf?dl=0



"Eso que usted llama infierno, él lo llama hogar"

"Ahora nuestro ejercito es un equipo... vive come... duerme y lucha como un equipo... todo eso de la individualidad es solo basura... los que escribieron esa majadería sobre el individualismo para el Saturday Evening Post... no conocen de una verdadera batalla más de lo que saben de fornicación"

"Cuando pienso en lo que pasó allí, creo que no luchábamos contra el enemigo. Luchábamos contra nosotros mismos. El enemigo estaba dentro de nosotros. Ahora la guerra ha terminado para mí pero siempre formará parte de mi vida"

“Si alguno de vosotros, nenas, sale de esta isla, si sobrevivís al entrenamiento, seréis como armas, ministros de la muerte, siempre en busca de la guerra. Pero hasta ese día sois una cagada. Lo más bajo y despreciable de la Tierra; ni siquiera algo que se parezca a un ser humano. Solo sois una cuadrilla de desgraciados, una panda de mierdas...” 

"Cuéntame la historia de un simple soldado y yo os contaré la historia de todas las guerras" 

 "Señor, el ejército regular me recordaba mi trabajo en la vida civil. No esperan que uno piense"

 "-Eh Oddball, tienes oportunidad de ser un héroe, ¡no seas gallina!
-¿Qué crees que es un héroe?, ¡Un bocadillo de carne picada!"

"Caballeros del jurado, hay ocasiones en que me siento avergonzado de pertenecer a la raza humana y ésta es una de ellas"


jueves, 16 de octubre de 2014

CÓMO NEGOCIAR CON ESO QUE LLAMAN TELEFONÍA

Quien más y quien menos habrá tenido, en alguna ocasión, alguna conversación difícil con alguna de las numerosas compañías de telefonía que campan por sus anchas por el mundo conocido. Tales circunstancias son ya tan corrientes como el resfriado común de los humanos o el moquillo de los cánidos. En mi caso soy de los que, por comodidad o pereza, les resulta engorroso estar cambiado de compañía cada dos por tres, al arbitrio de ofertas y demás chalaneos. Pero toda paciencia tiene un límite, tan escabroso como un campo de cuchillas de afeitar. Me pongo en situación. La compañía, podríamos llamarla "Ataulfo S.A." por no citar un nombre conocido, te ofreció allá por los albores de la humanidad un buen precio por sus servicios.
No obstante, de forma sibilina, te han ido, poquito a poquito, inflando la factura cual infante soplando un descomunal globo. Además ha ofrecido mejores tarifas a los recién llegados. Te inquietas, te molestas y, cuando la factura se parece a un niño obeso vestido de marinero, se te acaba tu espíritu pacífico. Automáticamente llamas a la compañía Ataulfo. Lo primero que te encuentras es una serie de obstáculos, que ríase usted del concurso "Humor amarillo", que consisten en castigarte con unos tonos musicales de escaso interés, ya podían poner "Balada triste de trompeta" de Rafael, seguidos de unas instrucciones, ya saben, pulse este botón si quiere esto y pulse aquel si quiere lo otro, rematado con la frase odiosa de "En estos momentos nuestros operadores andan ocupados, manténgase a la escucha o inténtelo de nuevo". Después de llegar casi a la meta está descartado absolutamente  intentarlo de nuevo y te sueldas, con estaño y soplete, el teléfono a la oreja, apretándolo mucho, como si de esa manera consiguieras que te atendieran antes. Al cabo de un buen rato, te contesta un señor situado a orillas del Titicaca y con un ruido de fondo, similar a la cocina de Casa Lucio cuando realizan sus conocidos huevos estrellados. 
-Dígame señor en que puedo atenderle
-Verá, estoy ligeramente molesto porque pago más de factura del móvil que de hipoteca y quisiera que me revisaran la tarifa.
-Un momento señor... Bueno, es lo que tiene usted contratado.
-Ya lo se, pero ya nadie paga esos precios. A los nuevos clientes les ofrecen mejores condiciones.
-Si señor, pero es solo para la captación de nuevos clientes.
-Es que la compañía, podríamos llamarla "Chirimoya S.A." por no citar un nombre conocido, me ofrece una tarifa más reducida y, si ustedes no me la igualan, no tendré más remedio que darme de baja con ustedes. Además me dan un móvil de última generación, el "Andeestáphone 3000", con funciones de microondas y depilación láser.
-chrrirpicichshhcirrrrip (ruido de huevos fritos)... Señor, nosotros no podemos hacer nada más.
-¡Pues me doy de baja ya!
-                                     (sonido producido por una pared)... Señor, nosotros no podemos hacer nada más. 
-¡Pues adiós muy buenas!

Te pones en contacto con la empresa Chirimoya y contratas la telefonía móvil, solicitando la portabilidad.  A las pocas horas te llaman de tu antigua compañía y un señor muy amable, con vistas a la Puerta del Sol, te pregunta que ha pasado para que los abandones de forma tan apresurada.
-Pues verá, me han ofrecido una tarifa más barata, con mejores condiciones y me dan un móvil de última generación.
-Señor fulanito de copas, permítame ofrecerle nuevas condiciones, ya que es usted un cliente preferente al que no queremos perder. Le igualamos la oferta.
-No gracias, ya les llamé antes y no me hicieron ni puto caso. Además, me he comprometido con Chirimoya y mañana me mandan el nuevo móvil con llamada ilimitadas y 3 Gb de datos. 
-Bueno nosotros le daremos llamadas infinitas no solamente aquí, sino también en el espacio exterior,  unos 2.000.0000 de Gb de datos y una foto firmada por Angelina Jolie.
-¡Que no, demonios, que soy muy formal y ya me he comprometido con la otra empresa! ¿Por qué diantres no me lo ofrecieron el otro día?
-Son políticas de empresa caballero, pero si me permite le ofrezco de forma gratuita lo último en telefonía móvil, el "Ladrillum pesimus 5000", que lleva apenas unas horas en el mercado, con cámara de fotos con 50 mega dixies, masajes, sauna turca y servicio de lavandería.
-No se, no se, ya me está usted tentando demasiado....
-Si hacemos el trato ahora, caballero, además le regalaremos un apartamento en el Mar Menor y un Lamborghini Miura. 
-Bueno, vale, por ser ustedes haré un sacrificio.
-Muy amable caballero, tomo nota. 

Evidentemente es una exageración, aún no me han ofrecido el apartamento ni tan siquiera un triste utilitario, además de que el Lamborghini Miura está descatalogado, pero si es cierto que no te hacen caso hasta que pides la portabilidad. Entonces son todo arrumacos y amabilidades. ¿Una política acertada? En mi opinión no, es un error forzar a un buen cliente hasta ese punto y no darle unas condiciones aceptables para su permanencia. Supongo que son estrategias muy estudiadas, pero esto de la telefonía móvil es en no pocas ocasiones un tótum revolútum poco inteligente.


miércoles, 8 de octubre de 2014

PERSONAJES DE CINE: RORSCHACH


“La mugre acumulada de todo el sexo que practican y de todos los asesinatos que cometen les llegará a la altura de la cintura y todas las putas y los políticos alzarán la cabeza y gritarán: ¡sálvanos!... y yo miraré hacia abajo y susurraré: no.”

"Watchmen" no es sólo un cómic muy particular y con una personalidad que irradia singularidad en todos sus planteamientos, es también una película que, en su adaptación a la gran pantalla, ha captado toda la idiosincracia  de su original propuesta en papel. No es un film al uso y, aunque ancla sus puntos de conexión con el género tradicional de superhéroes, mantiene cierta distancia y una clara diferenciación del personaje típico, del justiciero enmascarado unidimensional al que estamos habituados. La galería de habitantes que componen el universo Watchmen está cargada de aristas, de encrucijadas difíciles y, desde luego, de una visión crepuscular del héroe. En su conjunto, el grupo de personajes que aspiran a considerarse como tales, responden a una catadura moral que dista mucho del código tradicional. En realidad hay todo un abismo, hasta el punto de que alguno de ellos podría ser considerado un villano con todas las de la ley, cuando no directamente un psicópata. Ayuda , en gran medida, el telón de fondo, el marco histórico de una época complicada, al borde del abismo nuclear, con dos superpotencias incapaces de establecer un diálogo aunque fuera incipiente. Con un Richard Nixon, casi perpetuo, asistimos a una agitada sociedad que se mueve entre el desencanto y la desesperación de unos convulsos años 70 no tan imaginarios como parece. 
Ozimandias es una especie de intelectual con mallas, con un concepto superior de sí mismo y con la creencia de que está destinado a salvar un mundo en perpetuo desacuerdo. Su posición moral se sitúa por encima del bien y del mal, hasta el punto de considerar por sí mismo el precio del sacrificio ajeno. Su solución final es lógica, incluso puede que brillante, pero a un precio moralmente inaceptable. El Dr. Manhattan se ha convertido en una especie de Dios y, por esa misma naturaleza, sus sentimientos y emociones están a años luz de la humanidad, de sus miserias y virtudes. Su visión del mundo le ha hecho indiferente al sufrimiento del hombre corriente, estoico ante el dolor o la injusticia. Quizás sea por su exagerada figura hierática por lo que me parece un personaje tan alejado como aburrido. El comediante es directamente un fascista, un asesino cruel, pero también posee la cualidad de aceptar lo inevitable y de convivir con la realidad más evidente. Cuando Ozimandias, demostrando su superior intelecto, quiere salvar al mundo, el comediante le responde que pronto seremos todos cenizas y que él será el hombre más listo del cenicero. Es una visión pesimista del tiempo que les ha tocado vivir. Búho nocturno II y Espectro de Seda II quizás sean los personajes con más equilibrio emocional y, seguramente, los que más responden a la idea de superhéroe tradicional. El primero, con un aspecto muy deudor de Batman, es un hombre honesto, apesadumbrado por los acontecimientos, aburrido por haber dejado atrás su labor de enmascarado, a veces puede parecer algo pusilánime, aunque quizás sea mejor considerarlo prudente. 
Pero, el mejor personaje de todos es sin duda alguna Rorschach, con un diseño atractivo y peculiar. Su máscara es de un tejido especial que forma figuras simétricas según su estado de ánimo. De ahí su nombre, basado en el conocido test del célebre psicoanalista suizo. Equipado con un sempiterno sombrero y gabardina, parece inspirado en el cine negro, toda una suerte de Humphrey Bogart del cómic. Su infancia fue algo traumática afianzada por su madre, una prostituta que lo despreciaba, marcando su carácter violento y poco dado al sentido del humor y más a la ironía inteligente. En una escena de la película, Búho nocturno y Espectro de Seda recuerdan entre risas a un villano, con tendencias masoquistas, que los acosaba para que le pegaran. Ellos le respondían con indiferencia , hasta que tropezó con Rorschach, quien lo arrojó al vacío por el hueco de un ascensor. En una reflexión, sobre el inminente holocausto nuclear que pende sobre sus cabezas, afirma: "Tiene gracia, los antiguos faraones deseaban el final del mundo, creían que los cadáveres resurgirían para reclamar su corazón de las vasijas doradas. Ahora mismo deben estar conteniendo el aliento de la emoción." En otra ocasión se atreve hasta con un chiste: "Un hombre va al médico. Le cuenta que está deprimido. Le dice que la vida le parece dura y cruel. Dice que se siente muy solo en este mundo lleno de amenazas donde lo que nos espera es vago e incierto. El doctor le responde "El tratamiento es sencillo. El gran payaso Pagliacci se encuentra esta noche en la ciudad. Vaya a verlo. Eso lo animará". El hombre se echa a llorar. Y dice -Pero, doctor... yo soy Pagliacci."
En el trascurso de la película Rorschach es detenido y encerrado en prisión. Allí, un psiquiatra intentará escudriñar en el origen de su comportamiento, que considera más una anomalía que una actitud identificativa de superhéroe. Le llama por su verdadero nombre, Walter Joseph Kovacs, y le pregunta cuanto queda de lo que fue, si ha olvidado la persona real que se esconde tras la máscara. La historia que cuenta Rorschach es estremecedora. En uno de sus primeros casos, investigaba la desaparición de una niña de seis años. Gracias a una confidencia, extraída con violencia, llega a una siniestra casa. Mira por la ventana, y observa a unos perros en el jardín trasero, que se pelean violentamente por la posesión de algo que no llama su atención. En una estufa de carbón descubre, medio quemadas, unas braguitas con dibujos infantiles. Inmediatamente vuelve a mirar por la ventana. Lo que descubre le deja atónito. No podemos ver su rostro, pero su máscara refleja la misma expresión que impresionó a quienes estábamos sentados cómodamente en nuestras butacas: el horror en su máxima expresión. Lo que se disputan, de forma visceral, los dos perros es un pequeño hueso en cuyo extremo cuelga el zapato de una niña. Rorschach esperará en la casa hasta la llegada de su inquilino que, una vez atrapado, pide ayuda y que le lleve a la policía. Tras una frase lapidaria, "¡A las personas se les arresta, a los perros se les mata!", nuestro personaje imparte su propia justicia, directa y sin paliativos. 
A la pregunta del doctor, sobre qué permanece del hombre que se oculta tras el disfraz, le responde:
"Lo poco que quedaba de Walter Kovacs murió aquella noche con aquella niña. A partir de entonces sólo quedó Rorschach. Verá doctor, Dios no mató a esa niña, la casualidad no la descuartizó y el destino no se la dio de comer a esos perros. Si Dios vio lo que hicimos aquella noche, no pareció  importarle." La narración de la historia en primera persona, a través de un flashback estremecedor, nos lleva de la mano al que probablemente sea uno de los momentos más terribles de la historia del cómic y del cine de superhéroes. Ayuda, y de que forma, las dotes interpretativas de un actor poco conocido como es Jackie Earle Haley, dotado de un rostro contundente, poco habitual en el glamuruso Hollywood. No hay que olvidar a los verdaderos autores de la construcción del personaje, el  escritor Alan Moore y el artista Dave Gibbons, ni tampoco al responsable de su adaptación a la gran pantalla,  Zack Snyder, que supo aprovechar todo el potencial de una novela gráfica de gran reputación, hasta el punto de respetar muchos de sus diálogos y no pocos planos secuencia del original. 
Rorschach, un tipo de aspecto descuidado, sucio, casi un indigente, violento, moralista con gran capacidad para el sermón, a veces puritano y ultra conservador, pero honesto hasta las últimas consecuencias, cuando la verdad peligra, quizás porque sea demasiado terrible para ser desvelada. Un enmascarado capaz de defender sus convicciones hasta el final, su propio final. 
                            "¡Jamás me rendiré, ni ante el apocalipsis!"

jueves, 2 de octubre de 2014

SALVAR LA ACRÓPOLIS

En una ocasión escribí una entrada sobre un Cabo de inválidos que, en un gesto heroico, consiguió salvar la Alhambra de ser dinamitada durante la ocupación francesa. En Grecia sucedió un hecho sorprendente que transcurre entre las brumas de las gestas y las leyendas más sorprendentes.
En 1821, en el transcurso de la contienda bélica entre turcos y griegos, en la que estos últimos querían recuperar parte de lo que fue el Imperio Bizantino y, sobre todo, la mítica Constantinopla, sucedió un hecho insólito. En una escaramuza en la que el ejército imperial turco invadió Grecia, fueron acorralados por los griegos, siendo forzados a refugiarse en la Acrópolis. Los turcos tenían un enclave privilegiado desde el que poder disparar a los griegos. No obstante, la situación se volvió contraria a los turcos cuando la munición comenzó a escasear.
Ante una más que inminente rendición, alguien, con conocimiento de la historia, se le ocurrió una idea desesperada pero que podría llegar a buen puerto. Bajo los muros y columnas de la Acrópolis podría estar la solución. Los griegos construían sus edificaciones utilizando una argamasa muy particular. Empleaban plomo fundido en los cimientos que servían, con un complejo sistema de grapas de metal,  para sostener sus construcciones. Los turcos plantearon la posibilidad de derribar las columnas de tan majestuoso monumento para extraer el necesario plomo, que una vez fundido sería empleado en la fabricación apresurada de munición. Una idea que llegó como un viento amenazador a los oídos de los griegos, que se quedaron perplejos al imaginar al emblema de su nación reducido a escombros. Tomaron una decisión arriesgada y que demostraba un amor incondicional por el patrimonio histórico de su pueblo. No debió ser nada fácil entregar munición a los turcos para continuar la batalla, a cambio de respetar el legado de los tiempos clásicos. Los griegos entregaron al enemigo las balas que más tarde acabarían con sus propias vidas. Un sacrificio de sangre y muerte que parece difícil de entender, una cuestión que enfrenta a la existencia humana y sus pasiones. Quizás hubiera sido más fácil utilizar ese gesto para un alto el fuego definitivo, una forma de entender que la guerra es la peor amenaza contra nuestra propia historia.