
¡Qué tiempos felices aquellos de la prehistoria, cuando el mar era un peligroso entorno, repleto de superdepredadores!. Pero, ¿desde cuándo el hombre se convirtió en un dominguero playero?, ¿por qué se le perdió el respeto al océano infinito y tenebroso?. Un día sin más, un honrado padre de familia cavernícola fue inducido por su parienta y su prole a abandonar el refugio tran
quilo y seguro de su caverna para ir al mar. Y ese día fue su perdición, porque la voz se fue corriendo por todo cavernicolandia y todo el mundo quiso probar la experiencia.
quilo y seguro de su caverna para ir al mar. Y ese día fue su perdición, porque la voz se fue corriendo por todo cavernicolandia y todo el mundo quiso probar la experiencia.
Yo soy un hombre de mesa camilla y brasero, de los que les gusta mirar la lluvia detrás de los cristales, por eso me revienta la playa, sobre todo en domingo. Puedo permanecer, con cierta serenidad, un par de horas, pero esas estancias de 8 o 10 horas continuas, contemplando el mar como un memo me sacan de quicio. Mi problema es que a mi familia política les chifla el mar, les encanta tirarse a la playa como si fuera el paraíso terrenal. Si se enteran de que hay un tsunami, ellos, sin pensarlo, se arrojarán de cabeza.
La mañana dominguera comienza temprano, no sea que vayan a cerrar la playa, a eso de las 8 de la mañana todo en mundo en pie para preparar la extensa intendencia necesaria para pasar un día completo tirado por los suelos. Después de tres o cuatro horas de caravana, ll
egas a la costa y, como es lógico, no hay aparcamiento por ninguna parte, excepto el de los minusválidos y, aunque algunas veces te arrancarías una pierna para que te dejen estacionar, te vas al quinto pino y dejas el coche en el primer descampado que pillas. Una vez sales del coche, te cargas con todos los bártulos e igual que los porteadores de las películas de Tarzán, te dispones a emprender los 2 kilómetros que te separan del ansiado mar. En el camino es posible que alguno caiga por un acantilado o víctima de las lanzas de los pigmeos. Bien, ya estás en la jodida playa. Te abres paso con un machete, cortando piernas y brazos a todos los numerosos bañistas que te impiden llegar al hueco de un metro cuadrado que hace rato luchas por conseguir. Llega la hora de clavar esa sombrilla de "cervezas la
guajareña" que tienes desde hace 20 años, los mismos que tu balón de Nivea. Siempre hay alguien que dice: ¡Déjale al primo Romualdo que él sabe clavarla bien!. Porque la arena de la playa engaña, una vez superado los dos centímetros de profundidad te encuentras que no puedes seguir profundizando, ¿qué coño hay debajo?, ¿ultra-aleación z?.
egas a la costa y, como es lógico, no hay aparcamiento por ninguna parte, excepto el de los minusválidos y, aunque algunas veces te arrancarías una pierna para que te dejen estacionar, te vas al quinto pino y dejas el coche en el primer descampado que pillas. Una vez sales del coche, te cargas con todos los bártulos e igual que los porteadores de las películas de Tarzán, te dispones a emprender los 2 kilómetros que te separan del ansiado mar. En el camino es posible que alguno caiga por un acantilado o víctima de las lanzas de los pigmeos. Bien, ya estás en la jodida playa. Te abres paso con un machete, cortando piernas y brazos a todos los numerosos bañistas que te impiden llegar al hueco de un metro cuadrado que hace rato luchas por conseguir. Llega la hora de clavar esa sombrilla de "cervezas la
guajareña" que tienes desde hace 20 años, los mismos que tu balón de Nivea. Siempre hay alguien que dice: ¡Déjale al primo Romualdo que él sabe clavarla bien!. Porque la arena de la playa engaña, una vez superado los dos centímetros de profundidad te encuentras que no puedes seguir profundizando, ¿qué coño hay debajo?, ¿ultra-aleación z?.
Una vez instalada la sombrilla, toca inflar la piscina de la niña, que cada vez es más grande, ya que la obsesión de mi mujer es llegar a la categoría de olímpica. Hoy en día la inflan por un euro en el kiosco de helados, pero antes cuando había que hacerlo a pulmón limpio, p
orque el inflador de pie siempre tiende a perderse, tenían que darte oxigeno medicinal una vez que terminabas o meterte en una cámara de descompresión. Cuando me toca dar un baño, me meto en el mar con la misma lentitud y prudencia que lo haría la antorcha humana. Si empiezo a meter el pié a las doce del mediodía es posible que a eso de la siete de la tarde el agua me llegue ya a la barriga. Hace algunos años me compré una gafas de buceo para entretenerme un ratillo, pero soy incapaz de permanecer más de 30 segundos debajo de agua, aparte de flotarme el culo no comprendo como en las películas aguantan tanto la respiración, vamos que les da tiempo a construir la catedral de Burgos antes de subir a la superficie. Además los documentales de Cousteau son mentira. Ese mar lleno de luz y color, pleno de vida es una falacia. Cuando te metes debajo de agua todo es de color verdoso tirando a color fango y los escasos peces que puedes ver son de un gris triste que te deprimes. Estoy seguro que los documentales de la fauna marina son una creación de los responsables de "Avatar".
orque el inflador de pie siempre tiende a perderse, tenían que darte oxigeno medicinal una vez que terminabas o meterte en una cámara de descompresión. Cuando me toca dar un baño, me meto en el mar con la misma lentitud y prudencia que lo haría la antorcha humana. Si empiezo a meter el pié a las doce del mediodía es posible que a eso de la siete de la tarde el agua me llegue ya a la barriga. Hace algunos años me compré una gafas de buceo para entretenerme un ratillo, pero soy incapaz de permanecer más de 30 segundos debajo de agua, aparte de flotarme el culo no comprendo como en las películas aguantan tanto la respiración, vamos que les da tiempo a construir la catedral de Burgos antes de subir a la superficie. Además los documentales de Cousteau son mentira. Ese mar lleno de luz y color, pleno de vida es una falacia. Cuando te metes debajo de agua todo es de color verdoso tirando a color fango y los escasos peces que puedes ver son de un gris triste que te deprimes. Estoy seguro que los documentales de la fauna marina son una creación de los responsables de "Avatar".
Una vez que están en el agua tienes que ir equipado con un colador para filtrar el agua, para que no te pique ninguna medusa. Éste animal es verdaderamente despreciable, porque entendería que te atacara si se le molestara, pero no, la muy cabrona te lanza su dardo sólo porque las ha rozado. Es como si en la cola de un banco, del cine o de la pescadería te lías a tiros con el primero que te roce. Luego, cuando la policía te pregunta porque lo has matado, tú dices: ¡Es que me ha rozado!, y ellos te contestan: Bueno eso es otra cosa, si te ha rozado no hay nada más que hablar...¡Menuda provocación, nada nada, homicidio justificado, circulen, circulen...!.
Comes con arena, bebes con arena, te pones como un cangrejo y te das cuenta como se te escapa la vida entre ola y ola. Si te llevas un libro la brisa marina lo dejará hecho fosfatina, tampoco puedes concentrarte en la lectura, pues las innumerables conversaciones y gritos desaforados no dejan que puedas leer más de dos renglones seguidos. No puedes llevarte tu MP3 porque no escuchas nada y no puedes ir a rescatar a tu hija cuando la marea se la lleve camino del Cabo de Buena Esperanza. Si comentas que guardas restos humanos en tu frigorífico ni te hacen caso, pero como digas que no te gusta la playa te miraran como un apestado y te sentenciaran a la horca sin ningún miramiento. Después de un día tan aburrido como un partido de fútbol sin balón, vuelve al coche, a la caravana y al llegar a tu casa quemado y achicharrado te miras al espejo y dices: ¡Hasta el próximo domingo! 



