miércoles, 3 de noviembre de 2010

LA OTRA GRAN FAMILIA

HOGAR DULCE HOGAR (Mansión Bates-"Psicosis")

PAPA HARRY POWELL (Robert Mitchum-"La noche del cazador")


MAMA ANNIE WILKES (Kathy Bates-"Misery")


EL TIO M (Peter Lorre-"M, el vampiro de Düsseldorf")


LA TIA BEVERLY SUTPHIN (Kathlee Turner-"Los asesinatos de mamá")


EL ABUELO JUSTINO (Saturnino García-"Justino, un asesino de la tercera edad")


LA ABUELA BABY JANE (Bette Davis-"¿Qué fue de Baby Jane?")


LA NIÑERA DANVERS (Judith Anderson-"Rebeca")


EL BEBE ("¡Estoy vivo!")


EL NIÑO TRAVIESO DAMIEN (Harvey Stephens-"La profecía")

LA NIÑA ENFERMA (Linda Blair-"El Exorcista")


LAS ENCANTADORAS GEMELAS ("El resplandor")


LOS NENES SUPERDOTADOS ("El pueblo de los malditos")


LA ADOLESCENTE PROBLEMATICA CARRIE (Sissy Spacek-"Carrie")


EL NIÑO PIADOSO NILES (Chris Udvarnoky-"El otro")


EL NIÑO BUENO HENRY (Macaulay Culkin-"El buen hijo")


EL NIÑO PERVERTIDO MILES (Martin Stephens-"Suspense")


EL NIÑO AUSENTE ("El orfanato")


EL NENE VIOLENTO MICHAEL MYERS (Will Sandi-"La noche de Halloween")


EL COCHE ("Christine")


LA MASCOTA UN PERRITO SAN BERNARDO ("Cujo")


EL ACUARIO CON EL PECECITO BRUCE ("Tiburón")


SU JUGUETE FAVORITO CHUCKY ("Muñeco diabólico")



domingo, 31 de octubre de 2010

HISTORIAS PARA EL DIA DE DIFUNTOS



PRIMERA HISTORIA

Cuando tenía aproximadamente unos ocho años falleció mi tío abuelo Emilio al que yo conocía vagamente. Tenía un hijo de pocas palabras que se presentó, la mañana del suceso, en mi casa y hubo que sacarle la noticia con un sacacorchos, pues el hombre era tan callado que permaneció un buen rato en la puerta sin pronunciar una sola sílaba. Por la tarde mi madre y mi abuela se marcharon al velatorio y me dejaron sólo en casa, no sin antes leerme, como ellas mismas decían, la cartilla. Esto es, en resumidas cuentas, "pórtate bien" y "no le abras la puerta a nadie que no conozcas". Una vez se marcharon, me equipé con folio y rotuladores y me dispuse a pasar una tranquila jornada dibujando a Mazinger Z, Spiderman y Mortadelo, entre otras cosas.


Cuando llevaba un buen rato decidí tomar el aire y asomarme a la ventana. A los cinco minutos vi como se acercaba por la calle mi hermana que regresaba del trabajo. Mi perturbada mente esbozó una broma diabólica con la velocidad del rayo. Apagué todas las luces de la casa y procedí a meterme debajo de la cama. Cuando mi hermana entró, supuso que todos nos habíamos marchado al velatorio y procedió a prepararse la cena. Mientras yo, debajo de la cama, maquinaba que clase de susto le iba a propinar y aprovechando el momento luctuoso, decidí que en vez de salir abruptamente y darle el soponcio, elaboraría algo más supino y refinado. Comencé con unos sonidos guturales, parecidos a los que emitiría un alma en pena. En cuanto mi hermana escuchó los gemidos dio un salto de la silla y con voz temblorosa preguntó "¿quién anda ahí... tío Emilio?. A lo que yo respondí tirando al suelo unas cuantas canicas que llegaron a sus pies. Bueno en realidad no alcanzaron ni la punta de sus zapatos porque emprendió una huida escaleras abajo entre gritos, lloros y alaridos descomunales que alertaron a toda la vecindad. Inmediatamente y comprendiendo que la broma se me había ido de las manos, salí corriendo tras ella para aclarar el entuerto. Cuando le pude dar alcance grité "¡soy yo, soy yo!!!!!!, pero ya era demasiado tarde. Me miró con sus ojos llenos de lágrimas, y de un creciente e imparable odio, y me espetó "no te lo perdonaré mientras viva".


Lo peor de todo es que, con tanto jaleo, la mitad de los vecinos habían salido fuera de sus casas para auxiliar a la pobre infeliz y, cuando comprendieron lo que en realidad había sucedido, iniciaron un intento de linchamiento que solo pude evitar refugiándome dentro de mi domicilio. A partir de ese momento, cada vez que llegaba a mi casa un miembro de la familia, mi padre, mi madre y mi abuela e incluso mi cuñado, me soltaban una bronca del quince una vez enterados de mi inoportuna broma. Cuando todos se unieron para recriminar mi comportamiento, mi mente buscó una salida que me evitara semejante rapapolvo. Ipso facto me levanté, anduve dos pasos, y me desmallé. Naturalmente todo era una pantomima ideada para salir lo más airoso posible de semejante lío. Todos fueron a socorrerme y yo, haciéndome el desvanecido en una actuación que haría palidecer a Greta Garbo en "La dama de las camelias", obtuve el perdón y el reconocimiento de que todos habían exagerado la situación. Con lo cual, en cuanto me dí la vuelta, pude esbozar una sonrisa tipo Damien en "La profecía".

SEGUNDA HISTORIA

En este segundo relato no solo no soy protagonista del mismo sino que ni tan siquiera estuve presente, de tal manera que contaré lo que a mis oídos llegó. Un grupo de amigos en un día aburrido decidieron pasar la tarde dando un paseo por el cementerio. Entre ellos se encontraba un tipo algo peculiar, alguien muy impresionable, pero al que le gustaba mucho la guasa. También tenía la particularidad de tener mucho respeto al tema de los espíritus y cuando veía una película de miedo le resultaba difícil conciliar el sueño, tal y como sucedió la noche que emitieron en televisión "Poltergeist" y como le aterrorizaba, en particular, la escena del agrupamiento de las sillas.


Una vez en el cementerio se detuvieron delante de una tumba que tenía inscritas las palabras "al niño angelito". Esto, que podría ser motivo de compasión o de respeto, despertó en nuestro amigo su incontenible hilaridad y se pasó todo el camino de vuelta invocando, entre bromas y chanzas, al niño angelito. Niño angelito por aquí, niño angelito por allá, nuestro amigo cuando agarraba una presa no la soltaba facilmente. El grupo se despidió hasta la mañana siguiente y nuestro protagonista entró en su casa, donde al parecer no había nadie, y su rostro se descompuso al contemplar como en el salón las sillas estaban cuidadosamente colocadas encima de la mesa. Inmediatamente emprendió una desenfrenada huida gritando "¡el niño angelito, el niño angelito... Dios mío!!!!. Si en vez de cruzar la frontera con Andorra en su aterrorizada estampida, hubiera esperado un par de minutos en su casa, contemplaría, con sus propios ojos, como salía de una habitación contigua la mujer que le hacía la limpieza y, comprobando que el suelo estaba ya seco, procedería a colocar las sillas tranquilamente en el suelo.

domingo, 24 de octubre de 2010

HOY ES UN BUEN DIA PARA EL APOCALIPSIS



Estoy seguro que muchos de ustedes han tenido, alguna vez, el rocambolesco deseo de que sobreviniera el apocalipsis en forma de invasión extraterrestre, infección zombie o desastre natural, por ejemplo, cuando les suena, de forma insolente y desagradable, ese despertador maldito cuando aún no ha amanecido, cuando están en un descomunal atasco en la carretera a las cuatro de la tarde en pleno verano y con el aire acondicionado averiado, cuando su jefe le está propinando una soberana bronca o cuando tienen cita con el dentista. Todo esto viene provocado por un extraño gráfico con el que me tropecé hace unos días en el blog de Egoitz Moreno, (http://www.roncandoenelnostromo.com/), y que a continuación les muestro:




No se exactamente el origen de semejante gráfico, pero es realmente curioso como gana por goleada, entre las cosas que uno haría en un apocalipsis zombie, la de "Emocionarme porque realmente está pasando". Hace algunos meses escribí una entrada al respecto con el título de "Manual de supervivencia" (http://pepecahiers.blogspot.com/2010/04/manual-de-supervivencia.html), en donde daba una serie de consignas de cómo sobrevivir al surgimiento de los zombies. Algunos me acusaron de plagiar tal planteamiento del film "Zombielad", pero lo cierto es que todas estas ideas, propias de una mente trastornada como la mía, atormentaban mi desahuciado cerebro mucho antes de que se rodara la película de Ruben Fleisher.

Si, ya se lo que están pensando: ¿Cómo un honrado padre de familia puede desear semejante catástrofe?. Supongo que la razón estaría ubicada directamente en el lado friki de mi personalidad, que ocupa gran parte del hemisferio izquierdo. En el fondo también obedece al lado salvaje de nuestro espíritu, el que pide un poco de acción y que ha sido domesticado por la civilización y por la cultura. A quién no le gustaría pasearse a sus anchas por una ciudad solitaria, entrar a cualquier establecimiento y llevarte por la cara lo que se te antoje, o circular a gran velocidad con el coche que siempre soñaste conducir ya que tu escasa economía solo te permitía ponerte al volante de un Seat Panda.

Naturalmente todo esto tiene trampa. A muchos de los que les encantaría traspasar las limitaciones de un videojuego, matando zombies a diestro y siniestro, en una realidad alternativa, les gustaría contar con una puerta trasera, esto es, una especie de seguro de vida con el que volver a la vida cotidiana y real cada vez que las cosas se pongan feas. Todo esto es pura teoría, porque lo cierto es que, a la hora de la verdad, no sabemos como reaccionaríamos. Una vez le pregunté a un amigo, ¿qué harías si mañana te encontraras un mundo habitado por zombies dispuestos a devorarte las entrañas?. "Cagarme de miedo", fue su escueta pero eficaz respuesta. Pues eso, cuidado con lo que deseamos no sea que se cumpla y nos hagamos de vientre a las primeras de cambio.