martes, 14 de junio de 2011
333 FILMS IMPACTANTES
sábado, 11 de junio de 2011
LOS EXPATRIADOS DE PETER PARKER
En el mundo del cómic, como en cualquier otra expresión artística, cada vez resulta más difícil ser original. Después de varias décadas saltando de azotea en azotea, parecía que nada nuevo se podía escribir sobre el "Trepamuros". Los creativos de la Marvel, allá por el año 1994, se devanaban el cerebro para ver que novedades podían introducir en el universo de Spiderman para dar un empuje definitivo a las ventas. Pensaban por entonces que todos los héroes habían sufrido, en menor o mayor medida, un proceso de cambio y se preguntaron qué pasaría si Peter Parker no fuera realmente Spiderman. Para tan cuestionable argumento, recurrieron a una historia que había transcurrido 2o años atrás. En 1975 se publicó la conocida como "La saga del clon", en la que un villano de turno, el Chacal, realiza una clonación de la difunta Gwen Stacy para llevar a Spiderman a una trampa, en la que se enfrentará a un clon de sí mismo. En la refriega, la imitación de nuestro héroe cae muerto y Peter Parker arroja el cadáver por una chimenea industrial. 
Pues bien, lo que las cabezas pensantes de Marvel conspiraron entonces, fue lanzar la idea de que aquel clon no había muerto en realidad. Era una especie de hombre sin patria ni familia llamado Ben Reilly, que viajaba por todo el país con una moto y que se ocultaba bajo la mascara de un superhéroe llamado "La araña escarlata". Entre tanto, fallece May, la sempiterna y obsesiva tía de Peter Parker. En el número 226 de SS se desvela que el verdadero Spiderman era Ben Reilly y que Parker no era más que una copia falsa. El argumento tenía más agujeros que un queso de gruyere y no se sostenía, pero los guionista se armaron de la suficiente desfachatez para no taparlos. De todas formas, quién iba a recordar los entresijos de una historia sucedida hace 20 años. Así que nuestro viejo amigo Peter Parker, consciente de su condición, cede los lanzarredes al nuevo Spiderman, mientras decide dedicarse en cuerpo y alma a cuidar a su esposa y su futuro retoño. Parker siempre había sido un tipo con problemas, tanto referente a su vida cotidiana como a su condición económica, pero Reilly era prácticamente un vagabundo, un sin techo, un outsider.

Naturalmente los aficionados se sintieron engañados y no se tragaron tan surrealista decisión. Durante veinte años les habían tomado el pelo y les habían arrebatado a Peter Parker, sin el cual, Spiderman, perdía parte de su personalidad intransferible. El hombre que habitaba tras la máscara del héroe era el verdadero motor de sus impulsos, le definía hasta la médula y le hacía arrastrar sus problemas colgados de la misma telaraña. Aquello era simplemente un fraude y las consecuencia no tardaron en llegar. Marvel se inundó de miles de cartas exigiendo una rectificación, incluso el Wall Street Journal publicó un artículo despotricando ante semejante desatino. La cosa se puso seria cuando un grupo denominado "Los expatriados" lanzó por internet un boicot hacia cualquiera que manifestase que Ben Reilly era Spiderman, teniendo como primer objetivo la propia Marvel. En la casa de las ideas empezó a cundir el pánico, sobre todo cuando las ventas se desplomaron y, en una reunión urgente, se decidió terminar con el asunto y eliminar a la mayor brevedad posible a Reilly. Todo el que se atreviera a cuestionar semejante decisión sería mandado al infierno sin más dilación, o como se dice vulgarmente, el que se mueva no sale en la foto.

Los creativos se pusieron en marcha y urdieron una historia en donde resucitan al Duendecillo Verde (como ven aquí no hay una muerte definitiva), que se confiesa autor intelectual de aquellas clonaciones y confiesa ante Reilly y Parker que el verdadero Spiderman es éste último. El bueno de Ben muere en la batalla al intentar salvar la vida de Parker y ya tenemos de vuelta al superhéroe de siempre. Carpetazo y se acabó. O quizás no, quizás toda esta historia duerma tranquila en un rincón oscuro esperando que el futuro le de una nueva oportunidad. Al fin y al cabo, el mundo está lleno de incoherencias.

miércoles, 8 de junio de 2011
ALEMANIA PROHIBE LA SALIDA DEL SOL EN ESPAÑA

El gobierno Alemán, a través de la Comisión Europea, culpa a las abundantes horas de sol el escaso rendimiento de la economía española. Así mismo, el delegado regional de la Selva Negra, el señor Klaus Cuadraten, ha señalado que el extraño color de un turista alemán, completamente rojo, podría deberse al mal estado de las emisiones solares de la península ibérica. Al parecer no se han tenido en cuenta las manifestaciones del sujeto en cuestión, que había argumentado que, horas después de regresar de España, había participado en un festival en Munich, en donde había consumido unos cuarenta litros de cerveza, acompañados de una ingesta masiva de salchichas, lo que le había producido una congestión de cierta relevancia.

Por otra parte, la senadora alemana Aurelia Fobiapepinem ha requerido a los turistas alemanes residentes en Mallorca para que se replanteen su vuelta a su país natal, debido a las conclusiones del conocido "Informe Sangría". En el mismo, fruto de un estudio de varios años, se afirma que mientras algunos turistas alemanes esperan durante diez minutos para que se le sirvan una sangría en un bar, otros, en cambio, alcanzan los 15 minutos, incluso los 20. La senadora ha señalado: "Es intolerable que no se unifique un único criterio a la hora de servir este tipo de bebida. En estos ámbitos tiene que existir uniformidad y estas cosas no tienen cabida en el seno de la Comunidad Económica Europea."
Para terminar, unas sensatas declaraciones de una señorita, que fue entrevistada en la calle sobre los pepinos españoles:
"SON MUY BUENOS PARA LA SALUD Y PARA COMBATIR LA SOLEDAD"

jueves, 2 de junio de 2011
EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA
El día que aprobé oficialmente tercero de BUP emprendí una desesperada huida con las notas aferradas a mis manos y sin mirar atrás. Nunca me gustó estudiar, sobre todo por obligación y después de un verano enterrado entre las matemáticas y la física y química, que aún arrastraba de segundo, y el latín del curso en vigor, fue como si me hubiera quitado un lastre terrible. Estudiar e intentar comprender que demonios era aquello del número "e", el por qué de aquellas diminutas valencias situadas en la tabla de los elementos químicos, el enigma de los julios y los amperios, mezclado con el rosa rosae y las malditas declinaciones en plena canícula, era algo que compremetería la cordura de cualquier persona honrada. Ni amores ni puñetas, ya se ocupaba mi padre de recordarme cuales eran mis obligaciones, estudiar y aprobar, que lo demás es para listos y empollones.
Alguna que otra vez había acudido a algún profesor particular, pero aquel verano decidí echar toda la carne en el asador y apañarmelas por mí mismo, empleando buenas dosis de paciencia y cierto impulso autodidacta que suele ser un compañero fiel e infatigable. Y esto es algo de un mérito indudable para alguien como yo, que durante las clases de matemáticas estaba absolutamente ausente, como en una especie de trance o viaje astral en mitad de una clase que para mi, era como si se impartiera en chino o en arameo. Procuraba siempre permanecer en un plano muy discreto, tanto que una profesora de matemáticas me descubrió a mitad de curso y me preguntó que si era nuevo. La clase estalló en una risa generalizada y todos comenzaron a llamarme desde ese momento con el apodo de "Extranjero". Y es que debo reconocer que, en aquellas materias, era verdaderamente un extranjero en tierra extraña. La tabla de logaritmos era tan indescifrable para mi como la Piedra Rosetta, toda una suerte de quimera imposible de abarcar.

Pero, aquel verano acometí el desafío con tal cabezonería y orgullo propio, que fui capaz de resolver con éxito problemas matemáticos, otra vez ese maldito número "e", me aprendí de memoria todas las valencias y sus aplicaciones y cuando llegó el mes de septiembre tenía el tema absolutamente dominado. De hecho, ambos examenes me salieron bordados, aunque bien es cierto que aprobé con unos miserables suficientes, entre otras cosas, porque, probablemente, los profesores sospecharon que me había copiado. No hay nada peor que luchar contra la mala fama. Recuerdo que en aquella época tenía como compañero de suspensos al amigo Tirador Solitario. Antes del examen de matemáticas me demostró como se había concentrado y preparado en su retiro de la Costa Tropical.

Curiosamente, y cuando ya no tenía obligación, si que realicé una especie de carrera particular e intransferible, paralela a la de mis colegas universitarios, pero eso es otra historia que ya contaré en su momento.
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