sábado, 4 de febrero de 2012

CARTELES RETRO IMPOSIBLES

Circula por la red una serie de carteles de cine con un aire retro y con un reparto de lo más curioso. Películas que pudieron ser y no fueron, algunas con repartos acertados y otros más que cuestionables. ¿John Wayne como Superman?, ¿Leonard Nimoy como John McClane?. Lógicos o no, lo cierto es que son magníficos y muy bien trabajados.









miércoles, 1 de febrero de 2012

EL LIBRO OLVIDADO. CAPITULO III. EL SENTIDO POLITICO DEL DIOS BIBLICO


No hay nada más peculiar que el Dios de la Biblia. Siendo como es, uno de los libros más relevantes que jamas se hallan escrito, resulta ciertamente pintoresca la imagen de un dios creado a imagen y semejanza de quienes relataron sus hechos. La humanidad con la que se ha investido al Dios bíblico eclipsa su naturaleza divina, en tanto vive, ayuda y aniquila con los rasgos de un guerrero duro y cruel, pero comprensivo con los suyos, capaz de pedir los mayores sacrificios dignos de una mente maquiavélica. Es especialmente revelador observar como Dios se transforma según las necesidades de la época. En el Antiguo Testamento se encuentran las claves para comprender las aspiraciones terrenales y políticas del pueblo elegido, que son avaladas hasta el paroxismo por la omnipotencia divina. Este proceso de simbiosis entre política y religión manipula los hechos hasta convertirlos en pruebas de fe de una espiritualidad con aspiraciones de poder. Observamos que en el Dios del Nuevo Testamento se introducen rasgos personales dispares, haciendo surgir la idea de que se trata de dos entes absolutamente distintos y casi opuestos. Mientras el Dios del Antiguo Testamento es cruel y vengativo, el del Nuevo Testamento es misericordioso y comprensivo. El primero es el protagonista indiscutible y en el Nuevo es absorbido por el personaje de Jesucristo, más cercano al hombre. Claro es que, desde un punto de vista teológico, Cristo era Dios. Lo importante es que en el Nuevo Testamento los rasgos divinos merman en beneficio de los humanos. Podemos pensar que, de una forma natural, Dios evolucionó en su personalidad debido al devenir de los tiempos, y que su forma de proceder acabó en el preciso instante en que alguien actuó al margen de un guión ya escrito de antemano. Es evidente que no podemos hacer una disertación, sobre el terreno, de la realidad al juzgar las acciones de un hipotético Dios, cuando dudamos de la veracidad de unos hechos como mínimo confusos. Desde una perspectiva ortodoxa hasta la extenuación, se deben aceptar todos los acontecimientos bíblicos como revelaciones de Dios, ya que de lo contrario se estaría dudando de los dogmas sagrados de los escritos religiosos. Sin embargo, desde un punto de vista más lógico y racional, si es que esto es posible cuando hablamos de religión, los episodios narrados en el Libro Sagrado se pueden interpretar como símbolos o como testimonios desfigurados de la realidad vigente de la época. Es decir, existen unos hechos que se interpretan de una forma acorde con unas posibilidades narrativas condicionadas por la historia y, por lo tanto, nos han llegado desfiguradas por la óptica del narrador. Para Nietzsche la transformación del Dios bíblico se debe a la decadencia del mismo: “Sin embargo, cuando un pueblo decae, cuando ve que se apaga definitivamente su fe en el futuro y su esperanza en la libertad; cuando le parece que no hay nada más útil que la sumisión y que las virtudes de los sumisos constituyen un requisito para la conservación, entonces también su Dios se ha de transformar: se vuelve mojigato, temeroso, humilde, predica la “paz interior”, el fin de todo odio, el perdón e incluso el “amor” al enemigo. Ese Dios no hace otra cosa que moralizar, se desliza furtivamente en la madriguera de toda virtud privada, se convierte en el Dios de todos, se torna un individuo privado, un cosmopolita. Antaño era la representación de un pueblo, la fortaleza de un pueblo, todas las tendencias agresivas y el ansia de poder surgidas del alma de un pueblo. Ahora ya no es más que un Dios bondadoso. Realmente los dioses no tienen más alternativa que esta: o son la voluntad de poder y, en este sentido, serán dioses de un pueblo, o por el contrario, son pura impotencia, y entonces se volverán buenos por necesidad.” Creo que no hay ninguna objeción tras las clarividentes palabras del filósofo alemán. Si Dios es el ideal de las aspiraciones humanas, según sean estas, así será el carácter de la entidad divina. Como prueba de ello, debemos esquematizar en breve la historia del Dios de la Biblia. En un primer momento nos encontramos con un pueblo elegido que busca fervorosamente la “tierra prometida”. Como se trata de una aspiración puramente territorial, se nos presenta a un Dios-caudillo que pretende imponerse ante todos, aunque para ello tenga que emplear la violencia más devastadora. Estamos ante el Dios terrible del Antiguo Testamento. A continuación, en un proceso de reforma, comienza la hora del cristianismo con la aparición del Mesías. Se inician los primeros balbuceos de un nuevo movimiento religioso que se irán fortaleciendo con el paso del tiempo. Los cristianos abogan por la actitud pacífica y el amor al prójimo y, en virtud de ello, la figura de la clemencia se agudiza. El cristianismo sufre la persecución y el martirio y Dios pasa a ser la imagen del hombre perseguido y, por ello, ofrece como únicas armas la misericordia y la compasión, que lo configurarán como una deidad bondadosa o, como calificaría Nietzsche, decadente. En el año 313 Constantino dará carta blanca a los cristianos y dejan de ser perseguidos. A partir de ahora serán perseguidores. En 1.232 Gregorio IX redacta la encíclica “Ille Humani Generis” en la que se dará forma y cuerpo a una institución que posiblemente comenzara su andadura algunos años antes, concretamente en 1.208 con la organización de la cruzada contra los cátaros, ordenada por Inocencio III. Me refiero a la institución del Santo Oficio o Tribunal de la Inquisición. Vuelve, pues, el Dios tiránico del Antiguo Testamento. Se malinterpreta, se manipula y se utiliza con total impunidad el mensaje de Cristo. La Iglesia, representante de Dios, está ahora en el poder y la imagen que se tiene de Él es ahora la del intolerante. Afortunadamente los tiempos cambian, y aunque los representantes de ese Dios continúan siendo un poder concreto y muy terrenal, han moderado ciertamente su capacidad de intervencionismo en la sociedad. Siguen siendo desde luego un innecesario eslabón entre el hombre y la espiritualidad, que siempre debió ser un acto libre y personal. Esto en lo que se refiere a la religión católica, pues otra cosa muy distinta es la influencia asfixiante que, por ejemplo, el Islam ejerce con una actitud realmente peligrosa e impropia de los nuevos tiempos.
El monoteísmo ha desplazado al politeísmo de manera ostensible. Lo que, a simple vista, podría parecer lógico es bastante discutible en cuanto analicemos los puntos vitales de la creencia en un solo dios. Es, como mínimo, discutible que desde un punto de vista incrédulo hacia la idea de que exista un dios, pueda defender que, de existir tal divinidad, no tendría razón de ser que fuera único. Si existen unas causas creadoras que han originado a un ente divino, esas mismas causas podrán crear, de igual modo, otros dioses. Algún teólogo podrá decir: ¡Es que Dios es increado!. Supongamos tal apreciación y que, en efecto, es de esa naturaleza. Esto facilita, en mayor medida, las cosas. De igual modo que existe un dios increado, pueden existir también un numero indeterminado de entes divinos de la misma naturaleza. Ello no significa que pueda existir toda una legión de dioses, sino un número acorde con las posibilidades de unas causa creadoras excepcionales. De todas formas, no puedo evitar pensar que tanto una como otra posibilidad son, en todo caso, incoherentes desde el punto de vista de la razón lógica. A pesar de todo, debemos reconocer que los planteamientos del monoteísmo son realmente brillantes. En efecto, el monoteísmo ha dado mayor importancia al hombre, al convertirse éste en un elegido de un único Dios. Además, Dios es Dios en cuanto es uno. El conceder todos los atributos del poder universal a un único Dios da mayor importancia a un pueblo, que a otro que necesita a varios para ejercer las mismas funciones. Por eso los dioses romanos sucumbieron ante el Dios cristiano. Un Dios único es omnipotente porque, de hecho, es la unificación de la voluntad absoluta y, por lo tanto, no admite a su sombra a ninguna entidad semejante. El politeísmo diluye ostensiblemente el poder en varias direcciones. Quizás los dioses del politeísmo se acerquen más a la concepción de suprahumanidad en el punto Omega propugnada por Theilhard de Chardin. De ahí que un único Dios tenga mayor poder e importancia que una multitud de entidades divinas. Y de ahí también que el monoteísmo haya logrado mayor índice maquiavélico en la manipulación de las masas. Sigmund Freud, analizando el origen de las religiones, llega al siguiente planteamiento: “El psicoanálisis nos ha descubierto una íntima conexión entre el complejo de padre y la creencia en Dios, y nos ha demostrado que el Dios personal no es, psicológicamente, sino la superación del padre... La religiosidad se refiere, biológicamente, a la impotencia y a la necesidad de protección del niño durante largos años”. Una multitud de dioses no podría ejercer la misma influencia paternalista que una sola divinidad. El apego al líder, el seguimiento al caudillo como unidad carismática es algo que seduce hasta el paroxismo a las masas. El desamparo infantil es, en escala superior, el desamparo de la humanidad ante lo misterioso e inescrutable de su propia existencia. El hombre frente a la soledad cósmica y la impotencia de sus limitaciones. Y este sentimiento nostálgico que busca afecto tiene su más seguro refugio en un Dios único y protector. Por esta causa, el hombre acude a Dios cuando se haya ante el desamparo y la debilidad que origina cualquier problema vital, es la superstición máxima de nuestras más suprasensibles necesidades y aspiraciones, el mago milagrero que resolverá lo imposible.



sábado, 28 de enero de 2012

LO QUE RAIMI NO SE ATREVIO A RODAR


Hay momentos en la historia de los superhéroes en los que su poder es inútil, en el que pierden una batalla que marcará sus vidas. Spiderman lo sufrió en sus propias carnes, en su enfrentamiento decisivo, el que lo llevaría al sufrimiento extremo, no pudo evitar la muerte de su amada Gwen a manos del Duende verde. En un cómic legendario, allá por los años 70, nuestro protagonista regresaba de un viaje a Canadá, donde se había enfrentado al mismísimo Hulk, encontrando a su amigo de siempre, Harry Osborn hundido en los infiernos de la droga y con su novia Gwen secuestrada por el padre de éste, Norman Osborn, o más bien por su álter ego, el Duende Verde. Peter Parker, transformado en Spiderman, inicia una desesperada búsqueda que le llevará al puente de Brooklyn en donde no podrá evitar la mortal caída de Gwen. Después, en una venganza legendaria dará buena cuenta del Duende que morirá atravesado por su planeador. Fueron una páginas plenas de intensidad en donde Spiderman observa como su mundo se desmorona sin poder evitarlo. A partir de ese momento siempre llevará ese día como fiel testimonio del fracaso, como el eterno retorno al lugar de los acontecimientos, en el que se cuestionará sus actos. El personaje siempre había sido la percha de los palos de los acontecimientos. Si un dólar en el bolsillo, con una tía siempre enferma, vilipendiado por las editoriales del Daily Bugle del editor J.Jonah Jameson y perseguido por la policía como un vulgar criminal, su vida siempre andaba haciendo equilibrios. Aquella famosa frase de "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad" le había pesado como una losa y lejos de ser un superhéroe al uso, le llevaría de forma inequívoca a que, en muchas ocasiones, Peter Parker responsabilizara a Spiderman de su mala suerte. En su representación gráfica más acorde con esos sentimientos, quedará para siempre aquella viñeta de un disfraz en la basura mientras un apesadumbrado Parker camina bajo la lluvia.
La historia lo tenía todo para resultar atractiva de cara a una adaptación cinematográfica. En la primera entrega de Sam Raimi parecía vislumbrarse un acercamiento a la misma. El inconveniente era, a todas luces, ofrecer a las primeras de cambio un argumento tan contundente como este, pero, el hecho de situar la historia en el mismo contexto, era una declaración de intenciones, que no era otra que desperdiciar una trama argumental de primera magnitud. Raimi comenzó por eliminar de raíz al personaje de Gwen Stacy y sustituirlo por una Mary Jane que en el cómic aparecería después. Curiosamente hay un intercambio de personalidades, pues la Mary Jane que nos ofrece esa primera adaptación cinematográfica tiene más rasgos de la personalidad de Gwen que de la suya propia. No obstante, sitúa la historia en el mismo escenario, en el puente de Brooklyn, aunque el desenlace no fue ni de lejos el mismo. Aquí el superhéroe salva a la dama en apuros y aunque el villano si muere, ninguna de las consecuencias será tan determinante como en el cómic original. Esta historia debió ser adaptada en una segunda entrega, con los personajes ya asentados y sin necesidad de presentación y, por supuesto, con total fidelidad a los acontecimientos de aquel cómic mítico. Algo así como hizo Christopher Nolan en la segunda parte de Batman, "El caballero oscuro", en las que nos dejó una obra maestra quizás insuperable. Esa carga de profundidad era fundamental para refundar, con todos los honores, un superhéroe que había sido maltratado con saña por Joel Schumacher. Teniendo en cuenta que, después de todo, Raimi no lo hizo tan mal en sus dos primeras entregas, sobre todo en la segunda, y eso a pesar de su obsesión por desenmascarar a las primeras de cambio al personaje, algo realmente imperdonable para los aficionados del Trepamuros. Se quedó a medio camino en lo que debió de ser algo más meritorio para un director más que capacitado para ello. Se nos debe aún una adaptación de Spiderman que nos deje clavados en la butaca, que le haga, en definitiva, justicia al personaje. Y tengo mis serias dudas que el proyecto que se nos avecina en el 2012 cumpla con esas expectativas.



sábado, 21 de enero de 2012

NOSOTROS SI QUE SOMOS BUENOS


Supongo que estarán enterados de la noticia de ayer, el cierre por parte de las autoridades norteamericanas de Megaupload, lugar habitual de las descargas ya sean piratas o absolutamente inocuas. El FBI ha entrado a saco y se los ha llevado a todos por delante. Uno de los creadores de este archivo virtual hasta se había atrincherado en un bunker, o habitación del pánico, para que no pudieran detenerlo. Pero la sombra de la autoridad es alargada y cuando se disponen a dar caña no hay quien se libre. Esto me sirve de reflexión para pensar que, siendo uno de los principales motivos el de la protección de la propiedad intelectual, no deja de ser curioso que este mundo que usamos y disfrutamos con libre albedrío, el de los blogs, es como una especie de generosidad sin límites. Productoras de cine, discográficas, cantantes, escritores y demás santones del impulso creador se quejan de que les han robado su talento sin pagar, que han usurpado sus ideas y sus mejores inspiraciones intelectuales. Puede ser, no lo discuto. Esto me ha hecho pensar lo buenos y absolutamente generosos que somos los blogueros, que dedicamos parte de nuestro tiempo en escribir nuestras inquietudes, en informar, en expresar en definitiva y comunicar al resto del mundo sin esperar nada a cambio. No cobramos, no nos ganamos la vida, la inmensa mayoría, y regalamos gustosamente nuestro tiempo. En parte tiene algo de truco, y es que no hay nada más placentero, para quien posee la habilidad de juntar frases coherentes, que la de lanzarlas al aire y que alguien sea capaz de captarlas y molestarse en leerlas.

Existen multitud de blogs de una calidad más que evidente, y no lo digo por La Guarida, que no reciben nada a cambio excepto la gratitud de ser visitados. No hay mejor recompensa que la de un comentario o la de observar como tu contador se mantiene activo. Eso es suficiente para quien tiene la ilusión de una pasión, de un proyecto tan personal como puede ser un blog. No digo con esto que nadie, absolutamente nadie, se gane la vida con sus ideas y sus habilidades artísticas e intelectuales. Faltaría más. Yo mismo quise sacarle rendimiento con el Google Adsense, sistema publicitario que paga por clickear en anuncios situados en tu blog, pero dada la cantidad ingente de ingresos que obtuve durante un par de meses, algo así como unos 4o céntimos, me dio miedo acaparar tanta fortuna, así que lo quité. Pero es justo reconocer la labor desinteresada de muchos blogueros que exponen su capacidad y lo mejor de si mismos sin ver incrementada su cuenta corriente. Debemos tener en cuenta que hay quien escribe demostrado una calidad literaria excelente, que no tiene nada que envidiar a los escritores profesionales, que no se gana nada en esto. Por eso quisiera ofrecer este humilde homenaje a los blogueros, principalmente a los que pasáis por aquí, porque nosotros si que somos buenos.