Parece que al final voy a tener que dedicar una sección fija, dedicada a comparar remakes y sus referentes originales, sobre todo, si los resultados de las nuevas versiones son tan decepcionantes como "Conan, el bárbaro" o la que nos ocupa ahora, "La cosa". Y es que hay una máxima que nadie debería de olvidar, es más, debería permanecer escrita a sangre y fuego en todos los despachos de los productores cinematográficos: "Si no lo vas a mejorar, mejor no lo toques". Claro que, susodicha norma entraría en contradicción con la falta de ideas y la necesidad imperiosa de hacer caja. 
Esta nueva versión viene avalada por ser una producción de los que llevaron a buen termino "El amanecer de los muertos", como si ese mérito, en gran parte debido al buen hacer de Zack Snyder, fuera una garantía eterna y sin fecha de caducidad. Es evidente que se ha tenido mucho respeto por su referente ochentero de Carpenter, tanto que cualquier mínima aportación es insustancial. En este film dirigido por Matthijs van Heijningen Jr., casi todo lo que sucede ya se contó en su día, pero mucho mejor, algo muy peculiar teniendo en cuenta que la historia que se narra ocurre antes que los hechos narrados por Carpenter. Una precuela en toda regla que imita, igual que el extraterrestre hostil, a su modelo, pero a diferencia de tal organismo, su copia deja mucho que desear.

No se lo que ocurre con muchas de estas nuevas versiones, pero siempre se detecta una falta de pulso narrativo, un aburrimiento sostenido en la puesta en escena, una desidia en cuanto a los diálogos y un retrato tan pobre de los personajes, que provocan la desconexión absoluta entre el espectador y la gran pantalla. En esta nueva visión de los acontecimientos se nos muestran una galería de personajes tan insípidos, que poco importa quien sea el primero en morir. Si en la primera media hora se los hubiera zampado este extraterrestre de mal carácter, poco hubiera significado y nos hubiera ahorrado la tortura efímera de unos fotogramas asépticos. Todo lo contrario sucedía en la versión d
e 1982, que a los veinte minutos de película sabías perfectamente como era cada personaje, desde el protagonista hasta el menos determinante. No asistíamos a un desfile de tipos barbudos gruñendo en noruego o en inglés, diciendo nada de nada. Menos mal que la protagonista es una chica, de lo contrario no sabríamos identificar a quien lleva el peso de la trama. Por cierto, una Mary Elizabeth Winstead a la que las lenguas afiladas de los críticos acusan de actuar en toda la película con la misma expresión, aunque el momento fuera crítico o insustancial. A mi me gusta esta chica, desde que la visioné en la cuarta entrega de "La jungla de cristal", aunque aquí no aporta casi nada y se queda muy lejos de aquel MacReady, interpretado por un Kurt Russell amante del JB. Para los puristas, todos estos buenos detalles, ya estaban en la pionera versión de 1951 (¿para cuando una restauración decente?), aunque, en este caso, el trabajo de John Carpenter resulta superior en muchos sentidos. 
Esta versión del 2011 intenta ser una copia respetuosa, pero en los momentos en que se requiere tensión nos ofrece tedio. La famosa escena de la prueba de la sangre es aquí sustituida por la prueba de los empastes dentales, pero no hay emotividad, está rodada de forma plana y fría. Ayudan mucho pero no suficiente los efectos especiales, aunque en el film de Carpenter eran absolutamente geniales. Uno podía asombrarse en 1982 con el buen hacer en los efectos del maestro Rob Bottin, pero ahora estos nuevos trucos digitales no producen ningún entusiasmo.
Lo mejor de este film de Heijningen es el final, lo que sucede en los títulos de crédito y que seguramente los espectadores inquietos no habrán visto. Aunque parece forzado, un corta y pega con cierto descaro, en este acertado epílogo, se nos muestra como escapa un perro de los restos quemados de la estación de investigación y son perseguidos por dos noruegos en un helicóptero, con el fondo de la música inquietante de la versión del 82, que para quien no lo sepa era del genial Morricone. Y es bueno porque es el principio de "La cosa", del casi siempre admirado John Carpenter.




























