Una enorme máquina de destrucción aplasta con sus ruedas cráneos humanos en una noche infernal de exterminio. Una voz en off nos advierte: "Las máquinas surgieron de las cenizas del fuego nuclear. Su guerra para exterminar a la humanidad había continuado con furia durante décadas. Pero la batalla final no iba a librarse en el futuro. Se libraría aquí, en el presente. Esta noche".

Una noche más en Los Ángeles, sin embargo, una luz cegadora, acompañada de descargas eléctricas, nos envía un emisario (Arnold Schwarzenegger) de otra época, de otra dimensión. Una forma humana amenazante se adentra en la ciudad. Sus ojos no muestran emoción, su expresión es tan fría y mecánica como su desprecio por la vida. A cada paso que da, deja un reguero de muerte. Una vez armado, se hace con una página de la guía de teléfonos y comienza su eliminación de toda mujer que tenga el infortunio de llamarse Sarah Connor.

De la misma forma, un nuevo enviado (Michael Biehn) atraviesa la luz blanca. Es vulnerable, y en su cuerpo se expresa el dolor y la inseguridad de un simple mortal. La policía le persigue y, cuando desarma a uno de ellos, le pregunta de forma angustiosa qué día es y de qué año. Su misión es vigilar y proteger a una mujer, una mujer cuyo nombre es Sarah Connor (Linda Hamilton).

Los tres protagonistas se reunirán en un local nocturno, en donde un exterminador, un protector y una elegida iniciaran una desesperada noche en la que el destino de la humanidad estará en juego.

Cuenta James Cameron que la idea de "Terminator" le fue inspirada por una noche de fiebre y pesadillas y, ciertamente, que el futuro expresado en esta película nos presenta un mundo terrible y desolado, la distopía propia de un año orwelliano, como lo fue 1984. Nada más descriptivo que esos recuerdos del personaje interpretado por Biehn, sobre todo, la entrada al refugio, en donde la visión de un mundo acabado nos es presentada de forma simbólica, por unos seres humanos que se calientan con el fuego encendido en la carcasa de una vieja televisión, o de esos niños cazando ratas para alimentarse. Después, la irrupción de un Terminator devastador, que escupe ráfagas de plomo bajo su mirada iluminada por unos ojos sin remordimientos ni conciencia. Es el destino dantesco mejor dibujado en unos pocos minutos, es también un destino infranqueable y terrible, cuya única esperanza es una foto quemada de una mujer y un hombre aferrado a su imagen.
El argumento que nos presenta el film de James Cameron tiene también algo que ver con un sentido religioso y místico, casi evangélico. Un enviado de otro tiempo, que tiene como misión salvar a la mujer que engendrará a un hijo, futuro líder de la raza humana, se convertirá también en el padre, que en una noche de pasión y miedo sembrará la semilla del futuro. Es también un film en el que las alteraciones del espacio-tiempo modificarán lo que está por venir. Gracias a que el cyborg es destruido en una fábrica automatizada, se podrán investigar sus restos, que, con el tiempo, permitirán el avance acelerado de la robótica y el surgimiento de la máquina absoluta, esa forma de consciencia artificial llamada Skynet. Pero a su vez, la intervención de esta inteligencia artificial, en el pasado, provocará también el surgimiento de su enemigo más temido, John Connors.

"Terminator" surge en una época, los años 80, en la que la carrera armamentista alcanzó su máximo apogeo, llevándonos de forma inequívoca a un miedo escénico tan real como cotidiano: La guerra nuclear. Pero, también se intuía que dicha carrera acabaría por desestabilizar al bloque soviético hasta su derrumbe. Aquí el enemigo no son los comunistas, sino las máquinas y, en su deseo de exterminio de la raza humana, provocaran una guerra nuclear de consecuencias devastadoras.

Uno de los máximos aciertos de la película fue su reparto, sobre todo en la elección de una estrella emergente como era Arnold Schwarzenegger. En un principio, Cameron quería que el papel de cyborg exterminador lo interpretara uno de sus actores fetiches, Lance Henriksen (quién haría después de Bishop, el androide de "Aliens, el regreso"), pero alguien le aconsejó ofrecérselo a un actor de gran físico, como lo era entonces el actor austríaco. A regañadientes, Cameron aceptó concederle una oportunidad, sin demasiada fe, entre otras cosas por que él mismo decía con cierto escepticismo que le haría una entrevista a Conan, el Bárbaro. Tampoco Schwarzenegger hizo demasiado caso a quienes le aconsejaron que no aceptase un papel de villano que podría encasillarle en el futuro. La reunión fue tan fructífera y positiva que James Cameron concedió el papel del Terminator a Schwarzenegger, relegando a su propuesta inicial, el actor Lance Henriksen, a un papel secundario, interpretando al detective Vukovich. Es evidente que si esta decisión la película hubiera sido totalmente distinta. Nos hubiera privado de una imagen potente de un exterminador casi indestructible y la leyenda de "Terminator", probablemente, se hubiera difuminado en una propuesta con menos energía y garra. El villano de esta película actúa como si realmente fuera un cyborg, anda, camina y se expresa con frialdad, como la de un insecto depredador. En la famosa escena del garaje, cuando el personaje de Kyle Reese le revela la verdad a una poco receptiva Sarah Connor, la mirada de un Schwarzenegger, que busca su presa entre los coches aparcados, es tan amenazante como inquietante. La forma en que ejecuta a sus víctimas, algunas objetivos, otras que solo se interponían en su camino, la banda punk del principio o el dependiente de una tienda de armas, es de una eficiencia letal, sin discursos que puedan distraer o alargar indebidamente la puesta en escena. Una pregunta curiosa: ¿Por qué le dieron a Bardem un Oscar, por una interpretación parecida, en "No es un pais para viejos" y hubiera sido absolutamente absurdo porponer ni tan sólo la nominación para Schwarzenegger?.

Aunque la película no es de un gran presupuesto, cuenta con unos efectos especiales que, para la época en que se filmó, no desmerecen en absoluto. El mérito principal se lo debemos a Stan Wilson, el mago de los efectos especiales, responsable, además de
"Terminator", de las criaturas de
"Aliens", "Depredador" o
"Parque Jurásico". Wilson construyó dos robots, uno a escala que se movía utilizando el movimiento fotograma a fotograma, stop motion, que es el que ha envejecido peor, y otro a tamaño natural, sin piernas, que era manejado desde abajo y que, con el ingenioso y rudimentario sistema de dos travesaños manejados por dos operarios, podía andar e incluso simular la cojera que sufre el cyborg tras la voladura del camión cisterna.

El film cuenta con poderosas escenas, como la secuencia inicial de las máquinas aplastando cráneos y exterminando seres humanos, la irrupción del Terminator, el asesinato del vendedor de armas, los recuerdos del futuro de Reese, la primera vez que encañona con la pistola de mirilla láser a Sarah Connor, la cura brutal a la que se somete el Terminator en la habitación de un sucio hotel, el tiroteo en la comisaría y el famoso "volveré" o la primera aparición del cybor sin su recubrimiento de tejido humano, cuando muestra su verdadera naturaleza. Todo eso, envuelto convenientemente en una fotografía que retrata Los Ángeles, sin ningún tipo de glamour, sucia, húmeda y habitada por una suerte de seres marginales, la tribu punk del principio, el vagabundo al que Reese le roba los pantalones, una vieja empujando un carrito de supermercado lleno de basura, nos ofrece un panorama decadente, próximo a su apocalipsis.

Terminator se ha convertido a lo largo de estos años en un film de culto, referencia indispensable de la ciencia ficción contemporánea que se ha extendido en una saga irregular pero siempre interesante, aunque no para todos. Sin ir más lejos, el redactor jefe de Film International, Michael Tapper le dedica esta crítica poco halagadora: " Esta película Kitsch de serie Z, potencial candidata a los premios Pavo de Oro... es un triunfo del estilo sobre la trama, de la astucia sobre la inteligencia...el estilo de Cameron mantienen al espectador lo bastante distraido para no reparar en la absurdidad de todo el asunto. Incluso Arnold Schwarzenegger-epítome de la mala educación, con una insulsa expresión facial, fuerte acento austríaco y un lenguaje corporal aprendido en la escuela del monstruo de Frankenstein- se convierte en uno de los activos de la película... Lo mismo se puede decir de la violencia, sádica aunque cómica, y del cambio de la chica al acabar la película. ". No obstante, "Terminator" fue capaz de ganar, no los premios Pavo de Oro, sino el Premio Saturn al mejor maquillaje, a la mejor película de ciencia ficción y al mejor guión. Galardonada también con el premio Grand Prize a James Cameron en el Avoriaz Fantastic Film Festival y preservada desde el 2008 en el National Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Pero, por encima de todo, es un incono inmortal del cine de ciencia ficción, un film de culto y una historia que arriagó en el imaginario popular de toda una generación.








