jueves, 10 de marzo de 2011

PERSONAJES DE CINE


BUCK, LA COMADREJA

Cuando acudí con mi hija pequeña a ver "Ice Age 3: el origen de los dinosaurios", pensé que sería una experiencia anodina, tal como sucedió con el visionado de sus dos anteriores entregas. Esto no ocurre cuando uno acude religiosamente para contemplar la última maravilla de Pixar, pero, ante otras propuestas, uno se auto impone el sentido práctico de contemplar un espectáculo visualmente entretenido, aunque inocuo. No se espera demasiado de películas como "Lluvia de albóndigas" o "Bolt".



Lo cierto es que esta tercera entrega de las aventuras del mamut, el tigre de dientes de sable y el perezoso comienza sin demasiadas aspiraciones. La película transcurre con su línea habitual hasta que irrumpe un personaje que rompe con su ritmo adormecido. Esta creación animada no es otra que Buck, una comadreja prehistórica con un parche en el ojo, una mezcla astuta de Ben Gunn de "La Isla del Tesoro" y Charlie Marlow de "El corazón de las tinieblas".


El enemigo misterioso de Buck, su Kurtz particular, es una legendaria bestia, Rudy, con el que mantiene una lucha incansable. En uno de sus mortales combates, la comadreja perdió un ojo y el relato visual de aquella batalla es lo mejor de la película. El sentido de la existencia de Buck, el significado de su misión en un mundo olvidado por el tiempo, está unido estrechamente con la vida de su némesis, sin el cual no sería más que un ser insignificante y perdido. Es un personaje inmerso en la locura de su propia soledad y un superviviente al que su lucha atávica con la bestia, le ha hecho más fuerte.


Tampoco vayan a pensar que se trata de una nueva versión de "Apocalypse Now", al fin y al cabo se trata de un film de animación dirigido a todos los públicos, con todas sus concesiones típicas del género. Ya saben que los cinéfilos, de tanto sacarle punta a las películas, terminamos, en algunas ocasiones, por romperla. Mi más sincera felicitación a los creadores de Buck, porque transforma una simple e inofensiva película infantil en una aventura trepidante, digna de tener en cuenta.


sábado, 5 de marzo de 2011

ESPERANDO A MARTINA



A finales de este mes, aproximadamente, espero un gran acontecimiento, el nacimiento de mi segundo retoño, una niña que se llamará Martina y que hará compañía al bicho que me trae loco, que no es otro que mi hija de cuatro años Inés, gran amante de los cuentos de princesas y de las películas de zombies, ya se sabe que de casta le viene al galgo... Hace algunos días fuimos a hacerle la ecografía tridimensional. No soy un entusiasta de esta tecnología, me parece que es como fotografiar una figura de plastilina. El rostro y cuerpo del bebé se distorsiona como si fuera arcilla moldeable hasta que, con paciencia, logra estabilizarse y mostrarnos una imagen medianamente coherente.


Recuerdo perfectamente el parto de mi primera hija. Una noche, mi mujer empezó con las contracciones y, rompiendo con los tópicos mas evidentes, procedimos tranquilamente a iniciar nuestro pequeño viaje hacia el hospital. Recogimos a mi suegra por el camino y cuando escuchó los lamentos de su hija, le espetó "Tú no serás de las que se quejan...", lo que provocó la primera mirada asesina de la noche por parte de la futura mamá. Una vez que llegamos al hospital, mi suegro, aparentemente tranquilo, dio en recepción el nombre de su hija y los apellidos de una tía abuela. Fue una noche bastante larga de contracciones y lenta dilatación. Por mi parte, y una vez que nos quedamos sólos en la habitación, me dispuse a echarme un rato en la cama del acompañante, pero los quejidos de mi esposa no me dejaban conciliar el sueño. Cuando le protesté que no me dejaba dormir, mi mujer ensayó su segunda mirada asesina de aquella noche infinita. Por la mañana, la señora de Cahiers, pedía a gritos y con machacona insistencia la epidural. Una vez concedido el deseo, la cosa fue como la seda, se acabaron los padecimientos y se procedió al parto. Me coloqué la bata verde y las bolsas de plástico en los pies y cuando entré en el paritorio observé una imagen algo dantesca. Mi mujer espatarrada, apretando su rostro como si tuviera retortijones, un cubo situado debajo en donde se desparramaban líquidos diversos y un médico subido en un taburete apretando su abdomen. Aquella escena estaba muy lejos del glamour de los partos cinematográficos. Apenas me puse a su lado, el ginecólogo le dijo a mi mujer que le pondría encima a la niña una vez que hubiera salido. Dicho y hecho, unos segundos más tarde nos colocaba en primer plano aquella desvalida criatura, manchada de sangre y arrugada. Tenía la boca algo prominente como si la hubieran pescado con un anzuelo. Acto seguido, cuando se la llevaron a pesarla y limpiarla, soltó un pequeño y casi imperceptible llanto, más parecido al maullido de un gatito. Después se la llevaron a observación, donde permaneció una cuantas horas antes de llevarla a la habitación. Allí apreté mi nariz contra el cristal de la ventana de aquella sala, y experimenté la sensación de que estaba viendo lo más hermoso que había visto nunca.

miércoles, 2 de marzo de 2011

DECÍA BERLANGA...


"Siempre me interesé por los perdedores, los fracasados, la pobre gente, los tontos de capirote, arrollados por los millones de muñequitos del poder".

"Es una pena que los españoles no sepamos ser nada más que tiranuelos o lacayos porque, cuando nos empiezan a conceder libertades y empiezan a dejarnos hacer libremente, tenemos una tendencia nefasta a cagarla".

"La amargura es una herencia atávica que llevamos todos los españoles. Es muy difícil que un español haga una película optimista en la línea de Frank Capra".

"Me apunto a la mixtificación y al engaño: los niños vienen de París; esto no es un cáncer, sino un constipado... No acepto la muerte. La muerte no existe".

"Metí un par de veces inconscientemente la alusión al imperio austrohúngaro en mis películas y un amigo me lo advirtió, y pensé que sería cosa de hacerlo siempre. Es como el trocito de madera que tengo que tocar para creer que las cosas van bien, aunque lo cierto es que he metido la palabra "austrohúngaro" en películas que han sido catástrofes totales, que no han dado ni gloria ni dinero".

"Muchas veces me he preguntado, ante los desprecios que ha sufrido nuestro cine dentro y fuera de nuestras fronteras, el porqué de ese castigo. Los españoles nunca fuimos especialmente estúpidos para la expresión artística y el cine es la más completa de todas. ¿Por qué entonces se nos da tan mal? No hablo de las excepciones, que las hay, sino de la industria cinematográfica en general".


"Cuando llegaron los socialistas al poder, Pilar Miró me llamó y me dijo que deseaban que siguiera como presidente de la Filmoteca pero que tenía que fichar cada día a los ocho; evidentemente tenían interés en que yo lo dejara y así lo hice. Después de aquellas tensiones con Pilar Miró, me encontré un día al salir de un estreno con Javier Solana -entonces Ministro de Cultura- , que es uno de los reyes del abrazo y que me había tratado siempre con una gran consideración y simpatía que correspondían con mi gran afecto, me saludó muy cariñoso y me dijo: "Creo que he firmado algo para ti hoy en el Ministerio". Y dirigiéndose a Pilar que se había quedado algo alejada le preguntó: "¡Pilar ¿Qué he firmado hoy a Berlanga?". Y Pilar, volviendo la cara con una expresión agria, el dijo: "¡El cese!"