miércoles, 1 de agosto de 2012

PERRO IMPOSTOR


Siempre me parecieron fascinantes las historias que, de la mano de autores como Jack London o James Oliver Curwood, nos hablaban de la duras condiciones de los aventureros y los buscadores de oro de las tierras heladas de Alaska, de su terrible lucha por la supervivencia y de los animales de su entorno, sobre todo de los perros, que tiraban con cierta devoción de los trineos y que dejaron sus huesos diseminados por la nieve de un territorio tan hostil como fascinante. Ambos escritores nos dejaron historias extraordinarias que, por encima de todo, muestran a la naturaleza como despiadada y a la vez dotada de un hechizo ancestral magnético. Seguro que a todos no son familiares títulos como "El oso", "Kazán, perro lobo", "Colmillo blanco" o "La llamada de la selva", novelas que describen hasta el mínimo detalle los comportamientos y sentimientos de hombres y animales.

También habrán oído la historia del perro Balto y de su increíble hazaña, aunque la verdad no fue del todo justa en su momento con el auténtico protagonista de aquella gesta increíble. En 1925, en Nome, un pueblecito de Alaska, tuvo lugar una epidemia de difteria que afectaba principalmente a los niños y cuya única salvación posible se encontraba en Nenana, a unos 1.000 kilómetros de distancia, pues era el  lugar más cercano donde podría hacerse de la penicilina que había llegado por ferrocarril desde Anchorage. En aquella época, y dadas las condiciones climáticas, sólo existía la posibilidad de confiar en trineos tirados por perros.


Quién sufrió más penalidades y adversidades fue Leonhard Seppala y su fiel perro Togo a la cabeza. La historia de éste perro siberiano es una auténtica lección de perseverancia. De aspecto zorruno y pequeño tamaño, su criador, Seppala, no lo quiso para tirar de los trineos y procuraba mantenerlo alejado de ellos, pero el obstinado animal siempre lograba escapar para situarse junto a ellos y hostigar a los otros perros para lograr su propio lugar. En una ocasión saltó una alambrada y quedó atrapado entre los alambres. Liberado de ellos, no le importaron sus heridas y volvió con su dueño, que rendido ante tal dedicación, lo ubicó en el tiro del trineo, en donde pronto se convirtió en su líder indiscutible. En aquella titánica lucha por llevar la penicilina, Togo fue quien hizo la mayor parte del recorrido, y lo hubiera completado en su totalidad si no hubiera sido por el desplome del hielo de uno de los ríos que debían cruzar, accidente que lo dejó cojo. Impedido para realizar el tramo final, fue sustituido por Balto quien finalizo los últimos 80 kilómetros. Al entrar en Nome, los periodista consideraron a Balto como el héroe de la gesta y automáticamente lo convirtieron en leyenda.

Leonhard Seppala y Togo

Pero el destino no reservaba nada bueno para el involuntario impostor canino. Tras diversos homenajes y baños de multitudes, tanto Balto como el resto de perros fueron vendidos a un promotor de espectáculos y variedades y en tan sólo dos años acabaron con sus huesos en barracas de feria. Maltratados y mal alimentados, el destino se mostraba cruel con quien había sido el supuesto protagonista de una hazaña increible. Afortunadamente para Balto y sus compañeros, la suerte les sonreiría cuando un empresario, George Kimble, se apiadó de su lamentable estado y organizó una campaña para recolectar el dinero suficiente para comprarlos. Gracias al éxito popular de la acción promovida por Kimble, los héroes caninos acabaron sus días con dignidad en el zoológico de Cleveland, donde Balto murió a los 10 años de edad.


En cuanto a Togo, quedó lisiado para siempre, pero en cambio llevó una vida más apacible que su compañero Balto. Puede que el destino no lo eligiera para la gloria, pero le salvó de un trato injusto, lo que demuestra que, en algunas ocasiones, el anonimato es el mejor de los disfraces.

19 comentarios:

  1. Bellísima historia que me ha recordado a Jack London y sus historias de perros guía y buscadores de oro. Estoy leyendo una historia fascinante: Astarté, el perro cazador de Anibal. Era negro con una mancha en el lomo y así Anibal podía distinguirlo en sus cacerías nocturnas. Saludos. Borgo.

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    1. Ya se sabe, tanto el caballo como el perro han ayudado al hombre a forjar parte de la historia y la que cuenta del perro cazador de Anibal será muy interesante.

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  2. No conocía esto de Balto y Togo. Curioso.
    Un saludo.

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    1. Hasta hace unos años solo conocía la historia de Balto y me sorprendió cuando apareció en escena Togo.

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  3. No sabía yo que el Balto de los dibujos existió en realidad... Qué bonita entrada, Cahiers, me ha encantado. Aunque el impostor no fue precisamente el perro sino quien no contó en su momento bien la historia, lo suyo es que se hubieran repartido a pachas los honores Togo y Balto, hombre...

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    1. Cierto, como digo fue un impostor involuntario y eso me recuerda aquella película de "Héroe por accidente".

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  4. Curioso post, no conocía la historia. Está claro que la vida da muchas vueltas, también la canina.

    Un saludo

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    1. De eso no cabe duda, cuantas vidas caninas están ligadas al devenir de sus dueños.

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  5. Mr. Cahiers, que gran historia esta, al igual que aquellos clasicos con los que abre su post, un saludo y muy buena posteada.

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    1. Gracias, y aquellos clásicos tenían y tienen un encanto especial. Una buena forma de pasar el tiempo.

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  6. Cuando he empezado a leer la entrada he dudado puesto que la dichosa historia de colmillo blanco la he visto, leído y releído mil veces y parecía que nada nuevo me iba a aportar: perros incansables, trineos y un ambiente hostil, pero me alegro de haber terminado porque no conocía la historia y me ha resultado bonita. Estoy de acuerdo con usted Mr. Cahiers, el anonimato a veces es lo más aconsejable. Fama y fortuna...... eso me recuerda algo.................no se. Y por cierto, ambiente gélido para un día de verano, acertado como siempre.
    Un saludo.

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    1. No me molestaría, a estas alturas de la vida, en hablar de "Colmillo blanco", una historia ya muy manida, aunque en el cine no ha tenido demasiada fortuna. Por otra parte, aquellos hechos entre Balto y Togo sirven de simbología perfecta sobre la fama y el precio que hay que pagar. Y respecto al ambiente gélido, me temo que no me dejo sugestionar tan fácilmente en estas noches infernales de un verano que parece que comenzó hace mil años.

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  7. La historia tiene todos los componentes para una novela de aventuras...e incluso cierto regusto final a lo Liberty Valance, no me negará usted!!

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    1. Pues ahora que lo dice usted, es cierto, no había vislumbrado esa similitud con el western de Ford, pero algo tiene de aquella magnífica historia. Nos falta un malo a la altura de Lee Marvin.

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  8. Jo, las historias de perros son mi debilidad, y no veas como lloro con las películas...qué bonita y qué triste, la Historia ha sido injusta con Togo pero la vida lo fue con Balto, yo también hubiera elegido anonimato.

    1besico!

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    1. Pues si le gusta llorar con las películas de perros, no se pierda "Siempre a tu lado Hachiko".

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  9. Sorprendente Sr. Cahiers. He visto la película de "Balto" y la de "Colmillo blanco" Es injusto que Togo realizara el trabajo y Balto se llevara la gloria pero, como dices, al menos el destino respetó más al verdadero héroe. Desconocía la historia.

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  10. La historia es mas que conocida, es que mucha gente conoce mas historias porno, que estas historias de perros... y cuantas hay anónimas.... y recuerden que quien le dio la gloria a BALTO fueron los propios aldeanos... el pobre perro no tienen nada que ver.... para mi todos los perros que participaron en esa hazañas son héroes...

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    1. Sin duda, y no fueron pocos los que dejaron sus huesos diseminados entre la nieve en aquellos tiempos duros de conquistas y hazañas imposibles.

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