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lunes, 28 de septiembre de 2015

LAS 50 MEJORES PELÍCULAS DE TERROR

Los administradores de la página web de cine IMDB han tenido la gentileza de elaborar una lista con las cincuenta películas de terror mejor valoradas por los usuarios. No soy quien para criticar gustos ajenos y cada cual es absolutamente libre de defender los suyos sin más explicaciones. No obstante, si hay que decir que, mirando detenidamente la lista, se puede concluir que los votantes de IMDB no sólo son relativamente jóvenes, sino que además su cultura cinematográfica no retrocede más allá del año 73. Una lista que prescinde de los cimientos básicos de un género, cualquiera que fuese este, niega en buena parte el mérito de su evolución posterior. Me parece un pecado mortal ignorar los mitos del cine de terror de la Universal o de la Hammer, un error imperdonable que liquida los mitos inmortales por todos conocidos, el poder icónico de sus figuras legendarias y ese sentido onírico de un estilo ciertamente fundamental.
Es también muy discutible la aparición de algunos títulos que, desde luego, no han hecho suficientes méritos como para merecer un puesto en tan ilustre lista. Que figure "Guerra mundial Z" y casi toda la saga de "Resident Evil" y se ignore, por ejemplo, la filmografía de Terence Fisher es como poco un atrevimiento arrogante. Atrevimiento que haría coincidir a los ignorantes con algunos presuntuosos de Cahier du Cinéma que no dudaron en arremeter contra el estilo y el buen hacer del realizador británico. 
Tengo mis dudas si es apropiado incluir en una lista de películas de terror algunos títulos que se me antojan más de otros géneros. Aceptaría la primera entrega de Alien a regañadientes, pero "Aliens, el regreso" de James Cameron me parece más un film de ciencia ficción y acción que otra cosa. Dudo de "La cosa", que también es ciencia ficción, pero no cabe duda de que le acompañan otros elementos que entroncan con el terror. Le ocurre algo similar a "Tiburón", que es sin duda una producción de aventuras y suspense, pero también tiene un componente de miedo innegable. Por la misma razón dejaría al margen "Pitch Black" y mucho más sus posteriores entregas, alejadas definitivamente del género que nos ocupa. No obstante, esto del miedo es muy relativo y sería complicado establecer unas líneas definitivas de lo que representa el verdadero terror y lo que no llega a estimularlo. Me pasa con el cine de zombis o de vampiros, que no me produce ese efecto, aunque su inclusión es indiscutible.
Sin más dilación publico la lista de IMDB:

01-EL RESPLANDOR (1980)
02-ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO (1979)
03-ALIENS, EL REGRESO (1986)
04-GUERRA MUNDIAL Z (2013)
05-PSICOSIS (1960)
06-ZOMBIES PARTY (2006)
07-BIENVENIDOS A ZOMBIELAND (2009)
08-AMERICAN PSYCHO (2000)
09-28 DÍAS DESPUÉS (2002)
10-SAW (2004)









11-DEPREDADOR (1987)
12-EL EXORCISTA (1973)
13-MONSTRUOSO (2008)
14-SWEENEY TODD, EL BARBERO DIABÓLICO DE LA CALLE FLEET (2007)
15-EXPEDIENTE WARREN (2013)
16-LA CABAÑA EN EL BOSQUE (2012)
17-LOS OTROS (2001)
18-SLEEPY HOLLOW (1999)
19-LA COSA, EL ENIGMA DE OTRO MUNDO (1982)
20-THE RING (2002)






21- ENTREVISTA CON EL VAMPIRO (1994)
22-CONSTANTINE (2005)
23-SCREAM (1996)
24-LA NIEBLA DE STEPHEN KING (2007)
25-ABIERTO HASTA EL AMANECER (1996)
26-28 SEMANAS DESPUÉS (2007)
27-1408 (2007)
28-ALIEN 3 (1992)
29-RESIDENT EVIL (2002)
30-SOMBRAS TENEBROSAS (2012)









31-PITCH BLACK (2000)
32-AMANECER DE LOS MUERTOS (2004)
33-INSIDIOUS (2010)
34-SAW II (2005)
35-BLADE (1998)
36-EL PROYECTO DE LA BRUJA DE BLAIR (1999)
37-PARANORMAL ACTIVITY (2007)
38-MEMORIAS DE UN ZOMBIE ADOLESCENTE (2013)
39-DESTINO FINAL (2000)
40-DÉJAME ENTRAR (2008)




 


41-SILENT HILL (2006)
42-PLANET TERROR (2007)
43-ALIEN RESURRECCIÓN (1997)
44-ARRÁSTRAME AL INFIERNO (2009)
45-HANSEL Y GRETEL: CAZADORES DE BRUJAS (2013)
46-BLADE 2 (2002)
47-LA NOCHE DE HALLOWEEN (1978)
48- RESIDENT EVIL 2: APOCALIPSIS (2004)
49.THE DESCENT (2005)
50-RESIDENT EVIL: EXTINCIÓN (2007)





Naturalmente no he podido resistir la tentación y he realizado mi propia lista, algo más tradicional pero que seguro sera discrepante con otras muchas.





01-DRÁCULA (1958)
02-EL EXORCISTA (1973)
03-EL PUEBLO DE LOS MALDITOS (1960)
04-EL RESPLANDOR (1980)
05-LA LEYENDA DE LA MANSIÓN DEL INFIERNO (1973)
06-LA MALDICIÓN DE FRANKENSTEIN (1957)
07-PSICOSIS (1960)
08-LA MUJER Y EL MONSTRUO (1954)
09-LA NIEBLA DE STEPHEN KING (2007)
10-LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES (1968)







11-LA OBSESIÓN (1962)
12-LA PROFECÍA (1976)
13-UN HOMBRE LOBO AMERICANO EN LONDRES (1981)
14-28 DÍAS DESPUÉS (2002)
15-28 SEMANAS DESPUÉS (2007)
16-AL FINAL DE LA ESCALERA (1979)
17-AMANECER DE LOS MUERTOS (2004)
18-ALTA TENSIÓN (2003)
19-BIENVENIDOS A ZOMBIELAND  (2009)
20-CHRISTINE (1983)







21-DRÁCULA DE BRAM STOKER (1992)
22-DRÁCULA (1931)
23-EL HOMBRE LOBO (1941)
24-NOSFERATU (1922)
25-LA COSA, EL ENIGMA DE OTRO MUNDO (1982)
26-YO ANDUVE CON UN ZOMBIE (1943)
27-LA MUJER PANTERA (1942)
28-EL DOBLE ASESINATO EN LA CALLE MORGUE (1932)
29-ARRÁSTRAME AL INFIERNO (2009)
30-EL BOSQUE (2004)







31-EL SEXTO SENTIDO (1999)
32-EL ENTE (1982)
33-EL ORFANATO (2007)
34-FRÁGILES (2005)
35-HOUSE, UNA CASA ALUCINANTE (1986)
36-LA MALDICIÓN DE DAMIEN (1978)
37-LAS COLINAS TIENEN OJOS (2006)
38-LOS OTROS (2001)
39-NO PROFANAR EL SUEÑO DE LOS MUERTOS (1974)
40-NOCHE DE MIEDO (1985)








41-POLTERGEIST (1982)
42-REC (2007)
43-SILENT HILL (2006)
44-THE DESCENT (2005)
45-THE HOST (2006)
46-THE RING (2002)
47-ZOMBIES PARTIE (2004)
48-LA MOSCA (1958)
49-CANCIÓN DE CUNA PARA UN CADÁVER (1964)
50-LA MATANZA DE TEXAS (1974)






martes, 18 de marzo de 2014

CINE POST-APOCALÍPTICO

Para algunos, las películas que describen un futuro terrible representan un atractivo ciertamente irrenunciable. Emocionarse y disfrutar con las andanzas de unos protagonistas a la deriva, cuyo único objetivo es la supervivencia parece ser la piedra angular que sostiene a los aficionados al género. Quizás sea porque representa una ruptura ante lo cotidiano, un punto y final de lo convencional, de las reglas de la civilización, de una vuelta atrás a los orígenes, de cuando éramos tan sólo animales asustados ante los sonidos de la noche. Al fin y al cabo a quién no le gustaría liberarse del corsé de los compromisos sociales de nuestras reiterativas vidas, de las hipotecas, de la disciplina laboral de jefes tiranos, de los atascos de tráfico y de las facturas. Cambiarlo todo por una buena pelea contra zombis, extraterrestres, o motoristas bandidos, sería un canje más que goloso para alimentar nuestra adormecida adrenalina. Alejarse de las normas generales, vivir cada día como si fuera el último también tiene sus riesgos, y es más que probable que todo eso no sea más que la fantasía de domadores de sofás con ínfulas de aventureros. 

Y es que el mundo de las distopías suele ser muy duro y nada aconsejable. Puede ser tan terrible y directo como aquel telefilm ochentero titulado "El día después", que describe de forma muy veraz las consecuencias de un holocausto nuclear, con aquella mítica escena final en la que su protagonista, un estupendo Jason Robards, se abraza entre lágrimas con un desconocido sobre los escombros de lo que un día fue su hogar. Un hondo pesimismo ha impregnado el cine que trataba sobre los peligros de la guerra fría. Sucedía en el film de Stanley Kramer, "La hora final", en donde sus personajes se preparaban para lo peor, esperando la temida brisa radiactiva que acabara para siempre con sus esperanzas. En la película se desarrolla una efímera ilusión de sobrevivir, pero nada parece alimentarla de forma satisfactoria. Igual sucede con la magnífica cinta de animación "Cuando el viento sopla", en donde dos simpáticos ancianos (doblados con gran acierto por Fernando Rey e Irene Gutiérrez Caba) afrontan el holocausto con una ingenuidad que desarmaría a los corazones más duros.
Contagiadas de tal desesperanza parecen sin duda dos films muy recientes. En "La carretera" subyace una atmósfera enrarecida en un mundo casi sin vida, sin luz, gris y desolador. Un padre, interpretado por Viggo Mortensen, intenta por todos los medios sobrevivir y proteger a su hijo de una hostilidad ciertamente opresiva. Ayuda y de qué manera la fotografía de Javier Aguirresarobe, mortecina y casi monocromática. Tanto favoreció a la ambientación de la película, que fue imitada un año después por "El libro de Eli", algo menos pesimista, pero con la misma sensación de describir un mundo perdido y abocado al fracaso. En ambos films no queda muy claro cuáles fueron las causas del desastre que les llevó a tal situación, tratando por todos los medios de edulcorar sus respectivos finales con algo de esperanza. En la primera se procura una salida individualizada del protagonista superviviente, en forma de un encuentro poco probable. En la segunda, un libro puede salvar las cenizas que quedan de humanidad, aunque eso parezca una pretensión demasiado ambiciosa y fuera de la realidad. Una vida dura sin concesiones, casi insoportable, en donde la supervivencia parece tan crucial que ahoga cualquier vía que irradie optimismo. La serie televisiva "The Walking Dead" refleja a la perfección esa desolación tan poco dada a cualquier atisbo de aliento positivo.
En el escabroso asunto de encarar la nueva vida que surge tras un holocausto, hay dos formas de afrontarlo: en grupo o en solitario. El recurso del individuo solitario es un clásico ya en la literatura fantástica y en el cine, le imprime a su protagonista cierto halo legendario. Y así debió intuirlo el escritor Richard Matheson cuando escribió en 1954 la novela "Soy leyenda", que ha sufrido varias adaptaciones a la gran pantalla con mayor o menor fortuna, según el criterio de cada uno. No obstante, el denominador común de todas es la soledad del personaje principal, dueño absoluto de una ciudad fantasmagórica por donde campa por sus anchas, aunque mantiene una lucha constante por la supervivencia frente a un enemigo que acecha entre las sombras. La angustia del hombre solo, su particular juego con la locura, la necesidad de hablar con alguien, aunque sea con la figura inanimada de un maniquí, se hace patente en un intento por no sucumbir en la más absoluta desesperación. Pero héroes solitarios han existido muchos, algunos intentan sobrevivir y otros tienen una misión que cumplir. De carácter huraño, aunque honestos, tienen dominado el arte de seguir con vida pese al mundo hostil que les rodea. Max (Mel Gibson), la figura hierática de las carreteras apocalípticas, símbolo emblemático de la crisis energética de los 70. Snake Pliskeen (Kurt Russell) enviado a la fuerza a rescatar al Presidente de los EEUU en un New York caótico y ruinoso en un supuesto 1997, prueba evidente de que muchos pronósticos sobre nuestro futuro nunca son demasiado halagüeños. Curiosamente este último personaje tendría una versión femenina no reconocida en la película "Doomsday, el día del juicio", interpretado por la muy atractiva Rhona Mitra, encarnando el papel de Eden Sinclair, con la misión de viajar al otro lado de un muro que separa la civilización de las hordas zombis y de otros peligros, en forma de bandas bárbaras o de un grupo de supervivientes que ha regresado a la edad media. Por compartir, nuestra protagonista, también posee un ojo averiado como el viejo amigo Pliskeen.
Después de un desastre global como el que hablamos es difícil reconstruir cierto grado de civilización. En general las películas muestran un mundo devastado en las que cada uno se las apaña como puede para sobrevivir. El poder tradicional se establece utilizando los cimientos de la barbarie y el desconcierto. Puede que el nuevo orden esté en manos de un señor feudal, de una tribu de punkis, como sucedía en "Doomsday", o de una casta privilegiada según la visión de la película "Zardoz". En la temática zombi, los reyes del mundo suelen ser los no muertos, símbolo inequívoco de la decadencia absoluta de la humanidad, de la alienación más evidente. Si pasa el tiempo suficiente, puede incluso que el hombre ya no tenga su lugar en la cúspide dominante y haya sido sustituido por otra especie, tal  y como nos muestra de forma magistral "El planeta de los simios", e incluso peor, siendo simplemente el alimento de otros, y no me refiero a la película "Cuando el destino nos alcance", sino a "El tiempo en sus manos", en donde la humanidad se ha dividido en dos, los pacíficos e ignorantes Elois que son un trasunto de ganado humano del que se alimentan los Morlocks, una degeneración horripilante que ya ni recuerda al hombre que fue. Probablemente sea una de las representaciones más pesimistas del futuro de nuestra especie, pues no es solamente el fracaso del destino al que aspirábamos como raza dominante, sino la constancia del olvido del conocimiento almacenado durante siglos, reducido a polvo, tal y como puede comprobarlo el protagonista del film dirigido por George Pal. En "El sonido del trueno", una alteración accidental en el pasado puede producir una paradoja en el tiempo, que tendrá consecuencias en el futuro en forma de oleadas de transformación de la realidad. Nuestro mundo se va alterando hasta constituirse en lo que hubiera sido tras esa anomalía, formando nuevos paisajes y especies animales, algunas de una agresividad desatada. Buena idea para una película pobremente ejecutada con un Peter Hyams en horas bajas.
El enemigo al que se enfrenta el superviviente de este caos suele ser diverso en cuanto a sus orígenes y causas. Puede ser una plaga en forma de virus, una invasión extraterrestre, las máquinas y, en el caso más improbable y delirante, el resurgir de los legendarios dragones. En las películas de zombis se opta algunas veces por encontrar una explicación del origen de los mismos, tal y como sucedía en "28 días después" con el virus de la rabia o en "Soy leyenda", con el llamado Kripin, un agente vírico mutado para combatir el cáncer. Es significativa la imagen de esta película, cuando la doctora interpretada por Emma Thompson afirma que, el remedio resulta tremendamente eficaz, algo que puede terminar con una de las lacras de la humanidad, pero, sin embargo, su expresión facial indica que hay gato encerrado. Ingeniosa era la teoría esbozada en "No profanar el sueño de los muertos" de Jorge Grau. Aquí es una extraña máquina anti plagas que hace que hormigas y otros insectos se transformen en caníbales, eliminándose a sí mismos. No se podían imaginar que también afectaría al precario cerebro de los muertos. 
El factor humano también puede ser determinante en cuanto a la provocación del desastre, en forma de cambio climático, tal y como lo demuestra el especialista en el género Roland Emmerich en "El día de mañana" y sus poderosas imágenes de destrucción que no pueden pasar desapercibidas. Pero, sin hay un icono del fin de la humanidad tal y como la conocemos, deberíamos quedarnos con esos primeros fotogramas de "Terminator" en los que una máquina pisotea un montón de cráneos. Los hombres han quedado reducidos a una simple cuestión de eliminación, sin más conmiseración. Ese futuro terrible, en el que unos superviviente se calientan con la llama de un fuego en un viejo televisor, mientras unos niños cazan una rata para alimentarse, es absolutamente amargo. Claro que, si lo que queremos ver es un apocalipsis como Dios manda, con sus arrebatamientos, demonios y fuegos infernales, deberíamos dar una oportunidad a una película sorprendente y simpática como "Juerga hasta el fin" (mucho mejor el título original "This is the end").
El futuro es impredecible y por eso quizás sea tan proclive a la imaginación. Siempre pensamos que cualquier cosa puede suceder, imaginado su final de muchas maneras posibles, enfermedades, radiaciones solares, invasiones alienigenas, zombis, apocalipsis religiosas, impactos de meteoritos, cambios climáticos, desplazamientos de la corteza, dragones, desastres nucleares, inundaciones, incluso síndromes extraños que conducen a la locura, pero al menos podremos deshacernos de muchas obligaciones y disfrutar arrojando el despertador a la basura. O alguna vez han escuchado a alguien decir: "Cariño, despiértame a las ocho que mañana tengo mucha faena matando zombis".





martes, 11 de febrero de 2014

ZOMBIS Y HUMOR EN TIEMPOS DE CRISIS


Dicen que el género de terror es muy sensible a los cambios sociales y, sobre todo, a los vaivenes económicos. Que sea el fiel reflejo de los tiempos parece que puede ser algo más que una sospecha razonable, aunque, naturalmente, tampoco es una ciencia exacta. Cuando la bonanza y el bienestar social campan por sus anchas predomina el cine de vampiros, quizás por ser éstos personajes más exquisitos, de un origen noble, poseedores de grandes mansiones, cuando no directamente de un gran castillo. Se impone por lo tanto cierto glamour que ha llegado de forma distinta a lo largo de los años, desde un aristocrático Conde con modales refinados, pero con su lado oscuro, hasta los nuevos vampiros new age, descafeinados pero muy de vestir de Emilio Tucci, relacionados con la saga "Crepúsculo". En cambio, el modus vivendi del zombi es de lo más precario. Desarrapado, sin voluntad propia, siempre hambriento y sucio, una escoria andante del cine de horror. Además puede ser un sin techo, siempre vagabundeando por las calles y caminos y, de tener un sitio donde cobijarse, no tardará en ser expulsado sin piedad por los vivos. Es carne de cañón, no hay remordimientos en su eliminación o, en el mejor de los casos, puede ser utilizado como mano de obra barata.
Si tal hipótesis de identificar zombis y crisis tiene algo de verosimilitud, no hay que extrañarse de que, tan solo tres años después de que los altos ejecutivos se lanzaran indiscriminadamente por la ventana en el famoso Crack del 29, se estrenase "La legión de los hombres sin alma", con Bela Lugosi esclavizando por medio de malas artes a los sufridos zombis. Claro que nada es perfecto, y esta teoría tiene demasiados inconvenientes, porque en 1931 también se estrena "Drácula" de Tod Brownin, quien tan sólo un año después lleva a la gran pantalla "La parada de los monstruos", película que si puede responder a un estado de ánimo, en este caso muy ligado a la Gran Depresión.  "Yo anduve con un zombie" es de 1943, una fecha inolvidable para la humanidad, puesto que la Segunda guerra mundial se encaminaba a su final, dejando una Europa derruida y un número de muertos escalofriante. En 1963 es asesinado el presidente Kennedy en Dallas y, tan sólo cinco años después, son víctimas de las balas su hermano Robert y Martin Luther King. Un periodo al que muchos definen como el de la pérdida de la inocencia del pueblo norteamericano. No parece pues baladí que George A. Romero rodara por entonces la mítica "La noche de los muertos vivientes". En la crisis energética de los años 70, no era poco frecuente en las carteleras el cine zombi venido de Italia de la mano de los D´Amato, Lucio Fulci o Marino Girolami.

En la actualidad da igual el origen de los muertos vivientes, sea éste un virus, experimento o causa inexplicable, pero el trance económico que padecemos nos ha traído sin paliativos el resurgimiento del cine zombi, en el que incluso las estrellas más glamurosas del cine contemporáneo quieren situarse, como, por ejemplo,  Brad Pitt y su políticamente correcta "Guerra mundial Z". No estoy muy seguro de que el binomio crisis-zombi sea una fórmula incuestionable, porque, al fin y al cabo, ¿cuándo no hemos estado en algún tipo de crisis? Dicen que la única forma de combatir a la muerte es con el sentido del humor, y puesto que hablamos de los que han sido desposeídos del impulso vital, y también de los que lo han sido de los bienes materiales más indispensables, no me resisto a emplear otra dualidad más reconfortante como la del humor y zombis, esperando tiempos mejores en los que todos vivamos mejor que el Conde Drácula en un banco de sangre.

martes, 4 de junio de 2013

PAYASOS

 Un hombre va al médico. Le cuenta que está deprimido. Le dice que la vida le parece dura y cruel. Dice que se siente muy solo en este mundo lleno de amenazas donde lo que nos espera es vago e incierto. El doctor le responde "El tratamiento es sencillo. El gran payaso Pagliacci se encuentra esta noche en la ciudad. Vaya a verlo. Eso lo animará". El hombre se echa a llorar. Y dice "Pero, doctor... yo soy Pagliacci.

(WATCHMEN)

Es curioso, como un concepto que ha sido configurado para un fin ciertamente loable, produzca en no pocas ocasiones el efecto contrario. Esto le sucede con frecuencia a los payasos, cuyo objetivo es provocar la risa, sobre todo de los niños, pero que, sin embargo, se han constituido como un icono inquietante, muy entroncado con el terror, quizás demasiado. Los motivos de semejante efecto pueden ser diversos, entre ellos el más poderoso sea el retorcer algo aparentemente inocente hasta moldearlo de forma perversa. Es cierto que el payaso incrementa su índice de malevolencia en virtud de su maquillaje. A más colorido, mayor inquietud produce. Puede ser que tenga alguna relación atávica con las pinturas de guerra, diseñadas para causar impresión y miedo en el enemigo. Es posible que por ese motivo el payaso llamado Augusto, el que hace "reír" más a los niños, sea al mismo tiempo el que produce más miedo.  Tal vez sea por eso por lo que los conocidos payasos de la Tele, Gaby, Fofó, Miliki..., hayan sido considerados por el público infantil y adulto como los más entrañables, por ser evidente su maquillaje escaso, apenas una nariz, peluca y zapatones, sin pintura añadida. Cuando era niño me consideraba un incondicional de ellos, en contraposición al efecto que me causaba el que se tenía por el mejor payaso del mundo, Charlie Rivel, que, sin producirme miedo, si que parecía ocasionarme cierto desconcierto, causado seguramente por aquellos aullidos que emitía, más propios de un licántropo que de un clown al uso. Sorprende sobremanera la estrecha relación que mantuvo Rivel con el Tercer Reich y el llamativo hecho de ser definido en su día como el bufón de Hitler. Pero eso es otra historia, aunque, hablando de ese lado perverso del payaso, no hay que olvidar a John Wayne Gacy, quien violó y mató a 33 jóvenes entre 1972 y 1978, siendo declarado culpable y ejecutado el 10 de mayo de 1994 en la penitenciaría Stateville.


El cine no ha sido ajeno al fenómeno y, aparte de su adaptación de la historia de Gacy, nos ha ofrecido una extensa galería de payasos a cual más inquietante. Tobe Hooper y Steven Spielberg así lo debieron pensar cuando le dieron un papel primordial a un muñeco ataviado de payaso en "Poltergeist", en uno de los momentos más turbadores del film. Tan poderoso icono fue capaz de ofrecer más desasosiego que los propios muertos levantados de sus tumbas. Tim Curry ofreció otra caracterización de payaso de lo más sugestiva en "It", adaptación televisiva de un relato de Stephen King. El protagonista de "Zombieland" tiene un miedo cerval a los clowns, de manera que, cuanto tenga que enfrentarse a uno, que además de su condición es también un muerto viviente, para salvar a la chica de turno, será algo más que un simple desafío en su carrera por la supervivencia. En la delirante "Payasos Asesinos del espacio exterior" se opta por este tipo de personajes para ofrecer una visión festiva de los extraterrestres invasores, una especie de gamberros galácticos repletos de bromas muy pesadas y ciertamente mortales. El Capitán Spaulding es un payaso que regenta una especie de museo de los horrores y que será la puerta hacia el infierno de una familia de psicópatas en "La casa de los 1000 cadáveres", del por sí siempre inquietante Rob Zombie. A John Leguizamo se le fue la pinza en la interpretación del clown Violator en "Spawn", una especie de reverso infernal de la figura del ángel Clarence de "Qué bello es vivir". Hay muchos más personajes que han ofrecido ese lado oscuro del payaso, ese aspecto morboso del maquillaje y la nariz roja, que a buen seguro le parecerá impropia a los buenos profesionales que se ganan la vida haciendo reír a los niños. Ellos no tienen la culpa de representar un personaje que se presta como un guante al género del terror. 
Para concluir les dejo una galería prodigiosa de ilustraciones de Mariano Villalba, que desde luego no ayudará demasiado en restituir la buena fama de los payasos.



 



viernes, 10 de agosto de 2012

JUAN DE LOS MUERTOS

En la primera escena de esta película, observamos a Juan en una balsa, tumbado boca arriba, como si el cansancio y agotamiento de una travesía complicada le hubiera dejado sin fuerzas. Uno saca la conclusión precipitada de que se trata de una huida, de la Cuba de los hermanos Castro a la Miami de narcos y fiestas siliconadas de Horatio Caine de la serie de televisión CSI. Pero no, Juan es demasiado vago para eso, y como él mismo dice, "si abandona la isla para entrar en los EEUU, tendría que trabajar". Y nuestro protagonista no comparte ese tipo de actividad lucrativa, más bien es un superviviente de un régimen agonizante, que no aspira nada más que a parchear los agujeros de una vida sin demasiadas expectativas. Sólo necesita un filo para agarrarse, para no naufragar entre la desidia de un país de apatía política y social. Su grupo de amigos son de la misma calaña, pícaros y buscavidas anclados en el automatismo del "no importa nada, solo seguir tirando como se pueda". 


Cuando aparecen los primeros zombies, nuestro estrafalario grupo de amigos, no diferencian el hecho insólito de los no muertos de la actividad cotidiana de La Habana. Cuando matan al primero de ellos, no saben si combaten a un licántropo o a un poseído por Satanás. La televisión informa de que los zombies son en realidad disidentes enviados por el imperialismo norteamericano. A Juan le importa muy poco lo que sean siempre que pueda beneficiarse de ello. Y así ocurre, organiza un grupo de exterminadores que responden al teléfono anunciado su eslogan: "Juan de los muertos, matamos a sus seres queridos".


Los decorados de La Habana sirven perfectamente para su cometido de mostrar una ciudad post apocalíptica y eso sin necesidad de retocar demasiado el escenario, pues hay deterioros que son ya sintomáticos de una decadencia innata de una sociedad inmovilizada, tanto por enemigos internos como externos. La película no tiene unos efectos especiales demasiado elaborados, aunque sus zombies están bien logrados, lo que sin duda le convierte en una auténtica serie B, concretamente en una producción de tres millones de dólares. Uno de los inconvenientes es seguir los diálogos y es que el español, aunque muy universal, según que entonación resulta a veces poco comprensible. Creo que por encima de todo subyace una crítica más que evidente a una forma de vida que se instaló tras la revolución de Castro. Si esta producción cuenta con algo con lo que aferrarse a su visionado es todo ese trasfondo, sin el cual quedaría desnuda y huérfana de interés. Si alguna vez el cine de zombies había tenido un significado sociológico, en "Juan de los muertos" alcanza su dimensión más preclara. Y eso a pesar que el productor manifiesta que  "No quería que fuera una crítica directa, hay momentos que puedes ver la sutileza, la nostalgia y el cariño con que Alejandro Burgués (Director) cuenta la historia. Tiene mucho talento y es un amante del género".


Lo realmente curioso es que las autoridades cubanas dieran el visto bueno a semejante producción sin darse cuenta de la velada crítica que la película encierra. Eso me hace recordar como en España sucedía algo parecido con Berlanga. Nunca entenderé como pudo sortear la censura feroz del Franquismo para estrenar títulos como "Plácido" o "La escopeta nacional", por poner un par de ejemplos significativos. Ignoro si la película ha llegado a estrenarse en Cuba.


Independiente de todo esto, este simpático film no es ni mucho menos "Amanecer de los muertos" y queda muy por debajo en calidad de lo que en su día fue otra propuesta, con sentido del humor, como fue "Zombie party", pero parece vislumbrarse un director con cierto talento, capaz de ofrecer cierta originalidad a esta alturas del fenómeno, algo realmente complejo. No hay perderse los créditos finales, que parecen salidos directamente de un cómic de Max Brooks, con ese zombie final que representa toda una declaración de intenciones.


lunes, 19 de marzo de 2012

LA COSA VS LA COSA

Parece que al final voy a tener que dedicar una sección fija, dedicada a comparar remakes y sus referentes originales, sobre todo, si los resultados de las nuevas versiones son tan decepcionantes como "Conan, el bárbaro" o la que nos ocupa ahora, "La cosa". Y es que hay una máxima que nadie debería de olvidar, es más, debería permanecer escrita a sangre y fuego en todos los despachos de los productores cinematográficos: "Si no lo vas a mejorar, mejor no lo toques". Claro que, susodicha norma entraría en contradicción con la falta de ideas y la necesidad imperiosa de hacer caja.


Esta nueva versión viene avalada por ser una producción de los que llevaron a buen termino "El amanecer de los muertos", como si ese mérito, en gran parte debido al buen hacer de Zack Snyder, fuera una garantía eterna y sin fecha de caducidad. Es evidente que se ha tenido mucho respeto por su referente ochentero de Carpenter, tanto que cualquier mínima aportación es insustancial. En este film dirigido por Matthijs van Heijningen Jr., casi todo lo que sucede ya se contó en su día, pero mucho mejor, algo muy peculiar teniendo en cuenta que la historia que se narra ocurre antes que los hechos narrados por Carpenter. Una precuela en toda regla que imita, igual que el extraterrestre hostil, a su modelo, pero a diferencia de tal organismo, su copia deja mucho que desear.


No se lo que ocurre con muchas de estas nuevas versiones, pero siempre se detecta una falta de pulso narrativo, un aburrimiento sostenido en la puesta en escena, una desidia en cuanto a los diálogos y un retrato tan pobre de los personajes, que provocan la desconexión absoluta entre el espectador y la gran pantalla. En esta nueva visión de los acontecimientos se nos muestran una galería de personajes tan insípidos, que poco importa quien sea el primero en morir. Si en la primera media hora se los hubiera zampado este extraterrestre de mal carácter, poco hubiera significado y nos hubiera ahorrado la tortura efímera de unos fotogramas asépticos. Todo lo contrario sucedía en la versión de 1982, que a los veinte minutos de película sabías perfectamente como era cada personaje, desde el protagonista hasta el menos determinante. No asistíamos a un desfile de tipos barbudos gruñendo en noruego o en inglés, diciendo nada de nada. Menos mal que la protagonista es una chica, de lo contrario no sabríamos identificar a quien lleva el peso de la trama. Por cierto, una
Mary Elizabeth Winstead a la que las lenguas afiladas de los críticos acusan de actuar en toda la película con la misma expresión, aunque el momento fuera crítico o insustancial. A mi me gusta esta chica, desde que la visioné en la cuarta entrega de "La jungla de cristal", aunque aquí no aporta casi nada y se queda muy lejos de aquel MacReady, interpretado por un Kurt Russell amante del JB. Para los puristas, todos estos buenos detalles, ya estaban en la pionera versión de 1951 (¿para cuando una restauración decente?), aunque, en este caso, el trabajo de John Carpenter resulta superior en muchos sentidos.


Esta versión del 2011 intenta ser una copia respetuosa, pero en los momentos en que se requiere tensión nos ofrece tedio. La famosa escena de la prueba de la sangre es aquí sustituida por la prueba de los empastes dentales, pero no hay emotividad, está rodada de forma plana y fría. Ayudan mucho pero no suficiente los efectos especiales, aunque en el film de Carpenter eran absolutamente geniales. Uno podía asombrarse en 1982 con el buen hacer en los efectos del maestro Rob Bottin, pero ahora estos nuevos trucos digitales no producen ningún entusiasmo.
Lo mejor de este film de
Heijningen es el final, lo que sucede en los títulos de crédito y que seguramente los espectadores inquietos no habrán visto. Aunque parece forzado, un corta y pega con cierto descaro, en este acertado epílogo, se nos muestra como escapa un perro de los restos quemados de la estación de investigación y son perseguidos por dos noruegos en un helicóptero, con el fondo de la música inquietante de la versión del 82, que para quien no lo sepa era del genial Morricone. Y es bueno porque es el principio de "La cosa", del casi siempre admirado John Carpenter.

sábado, 24 de septiembre de 2011

EL ALIEN DE ACCION DE GRACIAS



En 1975 Alejandro Jodorowsky inició una actividad frenética para llevar a la gran pantalla la novela de Frank Herbert, "Dune". Convenció al productor francés Michael Seidoux para que se uniera al proyecto y, en torno al mismo, se quiso reunir a un equipo tan sorprendente como complejo. Entre los actores elegidos destacaban David Carradine, Charlotte Rampling, Orson Welles, Gloria Swanson, Alain Delon y Mick Jagger. Incluso aparecía el nombre de Salvador Dalí, aunque no tengo muy claro si como actor, se rumoreaba que se le había ofrecido el papel del Emperador o quizás, en buena lógica, como asesor artístico. Pink Floyd se encargaría de la música y los diseñadores y dibujantes Jean Giraud Moebius, Chris Foss y H.R. Giger se encargarían del diseño visual de la película. Por allí andaba también Dan O´Bannon, al que se le encargó el guión. Cuando aún no se había rodado un sólo fotograma, Jodorowsky ya había gastado casi la mitad del presupuesto, lo que alarmó de forma considerable a Seidoux que se retiró de un proyecto que presagiaba el desastre desde una legua de distancia. A falta de financiación, todo se vino abajo y aquella película quedó en el limbo hasta que en 1984 el productor Dino de Lautentiis y el director David Lynch retomaron la idea y la llevaron a buen puerto.


Uno de los perjudicados del proyecto de Jodorowsky fue Dan O´Bannon que acabó con sus huesos en la calle. Como él mismo decía: "Me encontré en Los Angeles si un chavo, sin apartamento y sin coche, con la mitad de mis efectos en París y la otra mitad bajo custodia". Afortunadamente para él, y para el cine de ciencia-ficción, tuvo la suerte de que un amigo suyo, Ronald Shusett, le alojara en su casa. Con nada mejor que hacer, y esperando una nueva llamada del destino, ambos repasaron viejos proyectos que quedaron olvidados en el tiempo. Así fue como se gestó la idea de "Alien, el octavo pasajero":
"Desempolvamos de un gran motón de papeles una idea que me gustaba mucho-declara O´Bannon-: un antiguo guión a medio terminar, llamado "Memory", y que era esencialmente lo que es ahora la primera parte de "Alien". Le comenté a Ron que nunca había podido encontrar un final para la historia. El leyó lo escrito y me dijo: "Creo que me has hablado de otra idea que tenías. Aquélla en que los alemanes suben a bordo de un bombardero norteamericano B-17 en la segunda guerra mundial y hacen pasar un momento horrible al piloto. ¿Por qué no escribes el resto situando la historia en una nave espacial?"



Seguramente a muchos les resultará familiar esta última idea, ya que fue empleada en la película "Heavy Metal" por el propio O´Bannon, aunque aquí los alemanes fueron sustituidos por zombies. No obstante, la idea central del argumento de "Alien" ya se había utilizado antes en films como "It, the terror from beyond the space", "Planet of blood" o "Terror en el espacio". Claro que, el germen principal de la idea se haya en "Diez negritos" de Agata Christie, cuyo planteamiento ha sido imitado hasta la saciedad.


Antes del título definitivo que todos conocemos, el guión llevaba el título de "Star beats" e iba acompañado de unas ilustraciones de Ron Cobb, quién ya había trabajado para John Carpenter en el film "Dark Star". Con el trabajo debajo del brazo, O´Bannon y Shusett comenzaron su peregrinación de estudio en estudio, esperando algo más que las típicas palmaditas en la espalda y la manida frase de "ya te llamaremos". Así ocurrió, desde luego, hasta que toparon con la productora Brandywine, de Gordon Carroll, David Giler y Walter Hill, a los que la idea les pareció interesante hasta el punto de llegar a un acuerdo para la producción del film. Walter Hill tenía todas las papeletas para dirigir el proyecto y junto a Giler comenzó a modificar algunos aspectos de la historia original, entre ellos, el nombre de la nave, que pasó a llamarse de "Leviathan" a "Nostromo", como homenaje a Joseph Conrad. También se cambió el lugar en donde transcurre el primer encuentro con la criatura. En un principio, se desarrollaba en una pirámide en donde unos jeroglíficos explicaban con que estaban a punto de enfrentarse los tripulantes del Nostromo. Esta idea se desechó y, en cambio, se ubicó el encuentro en una nave extraterrestre. Es evidente también, que la idea de la pirámide fue utilizada en "Alien vs Predator" del 2004. Giles y Hill encargaron a H.R. Giger que realizara unos bocetos sobre la criatura y, cuando éste se los mostró, se quedaron boquiabiertos. Ante sí tenían a una especie de pavo de Navidad o del día de Acción de Gracias. Pero eso no hizo desistir al genial artista suizo y continuó con su delirante labor creativa. Según cuenta Ridley Scott: "Cuando Giger se puso a trabajar, fue a ver a la secretaria de producción para pedirle huesos. Un día vi llegar una procesión de camiones cargados de cajas. Habían estado recorriendo las tiendas de artículos médicos, mataderos y quién sabe qué otros lugares, y a la jornada siguiente el estudio rebosaba de osamentas y esqueletos muy diversos. Había una larga fila de cráneos humanos en perfectas condiciones, tres esqueletos de serpiente muy bien conservados, un cráneo de rinoceronte... De todo". La labor de doctor Frankenstein de Giger dio un resultado excelente y nos regaló una de las criaturas más impactantes del séptimo arte. Después, el genial Carlo Rambaldi se encargaría de dar vida a la cabeza de la criatura, auténtico icono de los monstruos espaciales, toda una fuente de inspiración para futuros extraterrestres mal encarados.
Antes de todo esto, Walter Hill había renunciado a la dirección de "Alien", pues estaba ya enfrascado en los preliminares de "The Warriors", aunque no son pocas las malas lenguas que le atribuyen alguna que otra toma sugerida a Ridley Scott. El resto es ya historia viva del cine.