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lunes, 27 de julio de 2015

CUANDO FUIMOS NIÑOS

Siempre se ha hablado de la perdida de la inocencia como si se tratara de un estado mental en la que no hay posibilidad de retorno. Todos esos recuerdos que atesoramos de nuestra niñez deberían de guardarse celosamente en una caja fuerte infranqueable, indestructible ante el paso del tiempo, esa medida imposible de parar que, en ocasiones, nos maltrata y nos roba nuestros mejores momentos, de cuando éramos felices sin más. La vida es complicada, a veces tremendamente complicada, pero en la niñez aparenta una tregua, unas vacaciones de los problemas que vendrán, un patio de recreo, una merienda, un sueño  reconfortable, una mirada de sorpresa... un día sin colegio. 
De eso trata la ultima entrega de los estudios Pixar, "Inside out", en los que algunos estados de ánimo, que define nuestra personalidad, toman la apariencia de singulares personajes. Alegría, tristeza, asco, ira y miedo gobiernan nuestra mente desde su particular sala de control. Pixar tiene algo especial, diferente a los demás, algo que les lleva más allá de una simple productora de películas de animación. Al igual que sucede con los estudios Ghibli, con el maestro Miyazaki, o  con el mítico Walt Disney, aquí hay algo más que un simple trabajo, algo que trasciende más allá de la pantalla, que engancha emocionalmente a los adultos y que entretiene de forma eficiente a los niños. Descubrí a finales de los años 80 al máximo responsable de lo que después sería Pixar. Si la memoria no me falla fue en un programa de "Metrópolis", donde se nos mostraban las nuevas técnicas de animación por ordenador, algo novedoso y en el que resaltaba sobre todas las demás creaciones un corto, titulado "Tin toy", de un tipo llamado John Lasseter. La historia era sencilla, un bebé maltrata a un pobre juguete recién llegado. Como algunos han podido adivinar, aquí se encontraba el germen de lo que siete años después sería el buque insignia de la compañía, "Toy Story".
Independientemente de la calidad técnica en la animación de los estudios Pixar, cada vez mejor, superándose producción a producción, lo que siempre queda es su capacidad y buen hacer en lo que se refiere a tocar nuestra fibra más sensible. El mundo del cine en general debería tomar buena nota de los creadores de este mundo de animación, de su capacidad de saber contar historias, de sus resortes a la hora de formar un guión sólido y, en definitiva, su manera de resolver una historia bien urdida de principio a fin. Son muchos los momentos que atesoro en mi memoria en los que mi asombro ha sido considerable. Me preguntaba a mí mismo cómo era posible que una película de animación fuera capaz de tocarme el corazón en tan numerosas ocasiones, desde la emoción más llevadera hasta el impulso de llorar desconsoladamente, tal y como me ha sucedido en su ultima producción.
Una película tan aparentemente infantil como "Bichos", ya me regaló un momento en que me sentí emocionado. Una hormiga ingeniosa llamada Flik le hace frente al líder de un grupo de saltamontes, Hopper, que vive a costa del trabajo del hormiguero. En una escena cumbre Flik dice basta a la tiranía, basta al abuso de poder. Es golpeado retiradamente por Hopper, sabe que es un combate desigual, que va a morir, pero su entrega, su tenacidad, su hastío de injusticia le hace levantarse una y otra vez. Cada vez que se incorpora magullado traspasa su fuerza al resto del hormiguero, que atónito descubre su verdadero poder, simbolizado en la individualidad y reflejado en lo colectivo. Es el principio de una pequeña revolución.
"Ratatouille" arranca con una premisa un tanto arriesgada, la posibilidad de que una rata sea una excelente chef. Pero el momento cumbre de la película está a cargo de un personaje concebido en un principio como uno de los villanos, Anton Ego, un crítico culinario feroz y despiadado que disfruta en la redacción de una mala crítica. Sin embargo, cuando se dispone a dar el golpe definitivo al restaurante Gusteau, la rata Remy le prepara un plato sencillo y aparentemente modesto, ratatouille. Anton se sorprende y anticipa lo que será un duro varapalo para el autor. Sin embargo, al probarlo su rostro cambia y su paladar lo trasladará automáticamente a su infancia, cuando regresaba con lágrimas a su casa, seguramente maltratado por otros niños, y su madre le preparaba el mismo plato, acompañado de un gesto de amor. El poder de esa sensación activa en él algo que había olvidado con el tiempo, su imagen de hombre duro y amargado cae como un castillo de naipes, recobrando aquel niño que fue y los sentimientos del amor materno. Una vez más Pixar nos recuerda hasta que punto es importante conservar los recuerdos de la infancia.
En "Wall-e" el estudio de Lasseter tenía un  desafío nada desdeñable, transmitir sentimientos a través de un personaje difícil en cuanto a gestualidad, un pequeño robot recolector de basuras más parecido a una tostadora que a un humano. La película arranca en una primera parte de forma prodigiosa, sin una línea de diálogo, recordando el poder de la imagen y de la expresividad, aunque ésta sea minimalista, un homenaje nada velado al cine mudo. Wall-e siente la soledad como algo que le perturba, que logra combatir en compañía de una cucaracha y con visionados reiterados de la película "Hello, dolly!". Así que cuando llega Eva, un robot explorador, la curiosidad se torna amor incondicional, una forma de huir de la soledad. Su reiterada obsesión por tomar la mano de su nueva compañera representa el símbolo del contacto físico y, por medio de él, demostrará una relación sentimental que nos hará derramar alguna lagrimilla.
"Up" arranca de una forma insólita para un film de animación. Toda una vida desfila delante de nuestros ojos de forma prodigiosa, con un sentido de la narración emotivo y magistral. Esa introducción termina con una tristeza que ahoga, la muerte de quien pensábamos sería una de las protagonistas del film. De nuevo la soledad golpea todos nuestros sentidos, no deja noqueados y nos preguntamos asombrados, cómo se puede tener la valentía de comenzar un film de animación con tan poderosa introducción.
La tercera entrega de "Toy Story" nos dejó unos cuantos momentos de los que uno piensa que, tras la animación, existe una idea trabajada, destinada para el mundo de los adultos pero envuelta en papel de regalo para los niños. El malo de la película tiene una justificación plausible. El sentido del abandono, de considerarse prescindible o fácilmente sustituible le ha generado un odio que ya no discrimina entre el bien y el mal. En la escena en la que nuestros juguetes protagonistas van a morir incinerados en un vertedero, todos se dan la mano ante la muerte inexorable, como si en ese gesto implícito se buscara ese contacto físico del que hablaba "Wall-e", una forma de no morir en soledad. La escena final, en la que Andy regala sus juguetes a una niña, es toda una ceremonia del abandono de la infancia. Los va presentado uno a uno, mostrando un respeto estremecedor de quienes en su día fueron los artífices de parte de su felicidad.  Esa felicidad innata de los niños, capaces de construir un mundo de fantasía de la nada, desde una caja de cartón a una muñeca de trapo. Ese momento te envuelve y te hace cómplice de la situación, al fin y al cabo ¿quién no ha tenido una caja de juguetes debajo del armario?  En ese momento mágico de la película fuimos muchos los que teníamos pendientes una despedida con el pasado, quizás lo habíamos olvidado, pero estoy seguro de que lo que ocurría en la pantalla nos sirvió como un adiós emotivo.
"Del revés" comienza de forma muy hábil, enseñando sus cartas desde el principio, tocando el corazón a cualquiera de nosotros, a los padres por partida doble, con la carita de una recién nacida, nuestra protagonista, Riley. En su recién estrenada mente, fuera del vientre materno, solo aparece tomando el control el personaje de Alegría, aunque por poco tiempo, ya que la felicidad absoluta, sin contaminantes, con la pureza de una mirada limpia en ingenua dura poco. No tardarán en llegar Tristeza, Asco, Ira y Miedo, como complemento de lo que será su personalidad futura y también como parte indispensable de la vida . Todos los recuerdos de la niñez de Riley se guardan en pequeñas esferas que se van almacenando, la mayoría de color amarillo que representa la Alegría, aunque no todas tendrán ese color luminoso, Tristeza teñirá los recuerdos de un azul melancólico, Asco les dará una tonalidad verde, Ira optará por un furioso rojo y miedo será representado por el violeta. Pero el peor de los colores será el gris, porque las esferas de ese color representan a los recuerdos olvidados, algunos quizás superfluos, pero otros representan el olvido de tiempos felices.
En la mente de Riley existen toda una clase de mundos, la isla de las payasadas, la de los deportes, la de la familia, infinitas estanterías donde se guardan las esferas luminosas, parajes de fantasía, lugares donde se producen los sueños y, de igual manera, habitada por estrafalarios personajes. El más interesante es Bing Bong, un extraño y simpático elefante de color rosa y bigotes que representa al amigo imaginario, un ser especial que ha compartido muchas horas de juego con Riley, aunque ya anda olvidado y, cuando termina por desaparecer de la mente de Riley, produce una emoción ciertamente indescriptible. Me pueden imaginar, un tipo con 50 años y conteniendo las lágrimas tras las gafas 3D por la muerte de un  dibujo animado. No es por el personaje en sí mismo, sino por lo que representa, la superación de una etapa de nuestras vidas en la que deberíamos ser felices como lo que fuimos, niños llenos de imaginación, lejos del mundo de los adultos, con sus problemas, facturas, lágrimas y prisas. Cuando Riley sufre su primera crisis, muy cercana ya a la pubertad, su mundo infantil se desmorona, sus recuerdos van desvaneciéndose, ya no necesita recordar los nombres de sus muñecas. Alegría trata por todos los medios de salvar ese pequeño mundo, manteniendo a raya a Tristeza a la que considera un peligro. Después, la gran lección de la película, demostrará que, en la vida, la melancolía y la nostalgia, tan ligadas a esa tristeza, son necesarias para guardar como un tesoro nuestros recuerdos más preciados, los que nos acarician el alma con la calidez de un tiempo irrepetible. Evolucionamos, cambiamos, superamos etapas, pero siempre nos quedará el recuerdo de quienes fuimos, soñadores de mundos imaginarios, sonrientes de juegos inventados, payasos impulsivos, enfados ocasionales, caprichosos compulsivos, niños en estado natural. Por eso maldigo a quienes les han arrebatados a los niños todos esos sueños y los han sustituido por hambre, moscas y un fusil, porque robar la infancia a un ser humano es el mayor de los pecados.
"Inside out", o como se ha traducido, creo que inapropiadamente en nuestro País, "Del revés" es Pixar en estado puro, con su habilidad especial en transportar a niños y mayores a su particular mundo, sin que pierdan interés ninguno de los dos. Quizás sea porque tengo dos niñas, con 9 y 4 años, quizás fuese porque tenía en brazos a la más pequeña, pero viendo lo que ocurría en la gran pantalla, aquel desfile de emociones y recuerdos me tocó muy profundamente, porque quizás soy un terrible egoísta y quisiera que mis niñas fueran eso, eternamente niñas en su mundo de niñas, con sus muñecas, su forma de hablar y sus castillos de princesas. Si debió ser por eso, por lo hubiera deseado estar sólo en la sala, para que nadie me viera llorar como... como un niño.


miércoles, 13 de mayo de 2015

DISTORSIONANDO A DISNEY



Aunque aquí ya hablamos en su día sobre el más que evidente lado oscuro de Disney, es evidente que sus personajes han sido tradicionalmente el símbolo inequívoco de la exacta diferencia entre el bien y el mal, en el que los buenos eran arquetipos hermosos y sin fisuras y los malos eran todo lo que podían uno esperar de ellos. Son muchos los que han acuñado, a modo de frase peyorativa, aquello que representa vivir en un mundo ideal, cursi e inocente, queriendo decir en resumidas cuentas que se tiene un desconocimiento absoluto de la realidad. El concepto de vida que representa entrar en el mundo del creador del ratón Mickey se identifica con la ingenuidad y con la división perfecta, acomodaticia si se prefiere, que representa estar a un lado u otro de cierta moral establecida. Quizás sea por eso que muchos les ha resultado provocador distorsionar esa identificación y han elegido sus iconos más sagrados para reinterpretarlos o para usarlos con alguna finalidad, sin duda, muy distinta de su original propuesta. 

Los hay que persiguen de forma descarada la provocación, tal y como se puede observar en la imagen en la que la Sirenita y la Bella durmiente se besan apasionadamente, o quizás sea una reivindicación de las lesbianas que probablemente no hubiera hecho demasiado feliz al viejo Walt. En realidad pienso que ninguna de estas nuevas versiones le hubiera complacido en absoluto.  Dar un baño de realidad a los personajes que terminaban en los cuentos felices y comiendo perdices, parece otro objetivo de los que quieren cambiar el material original. Así podemos ver a una Sirenita bañada en petroleo, chapapote para nosotros, a una Cenicienta, ilustrada por Saint Hoax, víctima de los malos tratos o a una obesa Blancanieves.

Si nos queremos imaginar como sería en la vida real algunos de los pobladores de los dibujos animados de Disney, nos parecería sumamente interesante el retrato que figura a la izquierda del personaje femenino de la película de Disney "Hércules", la atractiva Meg, que lejos de ser una mala reinterpretación, parece más bien un fiel retrato de su personalidad. Sin embargo, la versión corista del ilustrador y diseñador Madhanz,  de una Cenicienta salida directamente del Moulin Rouge no parece ya tan próxima al cuento original. Tampoco parece que guarde demasiada cercanía otra vuelta de tuerca a la chica de la calabaza, con una terrorífica interpretación algo grotesca y macabra, se diría que más propia de una película tan peculiar como "Los mundos de Coraline". Puede suceder que se invierta el sexo del protagonista principal, así podemos verlo en esta versión masculina de "La Sirenita", un tanto amanerada ciertamente, con un pez, Flounder, al hombro con una expresión de felicidad muy femenina. 

Si de lo que se trata es de mostrarnos el futuro de los personajes, encontraremos toda una suerte de ilustraciones que nos anticipan su peculiar destino, en unos casos patético y en otros menos malo, como el caso de Meg y Hércules acompañados de su retoño y con apariencia de cierta felicidad. Podemos alterar la apariencia de todo bicho viviente del universo Disney, como se puede contemplar en esta versión sexy, con un inconfundible estilo manga, de Úrsula, la mala malísima que le arrebató la voz a la pobre e ingenua Ariel, que tenía en el film original la espléndida imagen de una veterana cabaretera pasada de vueltas.  El tono hilarante no es ajeno a estas nuevas lecturas y lo podemos encontrar, con intenciones simplemente divertidas, en ese Hulk encarnado por el viejecito explorador de la entrañable "Up" o en la versión más simpática que puede tener un personaje como Venom, el enemigo mortal de Spiderman, en forma del hiperactivo Stitch.
A veces es tentador colocar en una escena de un clásico de Disney a un personaje que, aunque parezca ajeno al mundo de las princesas y los finales felices, si que tiene algo en común, como el caso de ese Freddy Krueger que acecha de forma un tanto lógica a una dormida Aurora, para quizás robarle un beso de pesadilla. Es una versión del artista mexicano Rodolfo Loaiza al igual que esa curiosa imagen de Blancanieves, Bella, la Cenicienta y Frida Kahlo ahogando sus penas en alcohol, una forma depresiva de afrontar el desamor, representado en el cuadro colgado de la pared. El diseñador  Jirka Väätäinen nos presenta a una Bella cercana a la realidad con una expresión que cualquiera diría que tiene a la Bestia delante de sus narices. A la sombra del éxito de "Juego de Tronos", no son pocos los dibujantes que se han animado a ofrecer su versión, como esa Aurora interpretando a la malvada e interesante Cersei Lannister.
Y para termina este pequeño repaso, un divertimento ciertamente ingenioso, cómo sería las películas de la factoría Disney si las hubiera dirigido Woody Allen.



jueves, 26 de febrero de 2015

HORA DE AVENTURAS

Si les contara una historia sobre un mundo post-apocalíptico, cuyos habitantes mutaron, después de una guerra nuclear, en chucherías parlantes, unicornios, animales con atributos humanos, vampiros, magos, brujas, zombis y princesas, seguramente se mostrarían reacios a concederle la más mínima oportunidad. Si les digo que hay una princesa llamada Chicle que reina sobre Chuchelandia, un perro mutante que puede adoptar cualquier forma, un personaje llamado Don Polvorón, un rey Hielo que tiene un afán desmedido por secuestrar toda clase de princesas para combatir su soledad, entre ellas una llamada Bultos, una chica en forma de nube con aires de grandeza que viene del espacio, probablemente pensarían que es una idea excéntrica sin pies ni cabeza. 

Pues esa es la surrealista trama que narra "Hora de aventuras", en donde podemos contemplar las andanzas de dos personajes aspirantes a caballeros justicieros, el humano Finn y el perro Jake, una especie de Don Quijote y Sancho Panza pasados por el tamiz de lo absurdo. Ambos son en realidad hermanos adoptivos, ya que la familia de Jake se encontró a Finn abandonado cuando aún era un bebé. Sempiternos buscadores de hazañas que consistan en vencer monstruos y salvar princesas, con el trasfondo de un mundo destruido después de la que ellos llaman la Guerra del Champiñón, una mas que evidente referencia a la forma de hongo de la bomba atómica. El escenario surgido desde entonces, en lo que se denomina como Tierra de Ooo, es una extraña mezcla entre lo tecnológico y la magia. En cada rincón podemos contemplar restos de nuestra civilización, chatarra medio enterrada en este nuevo mundo, plagado de criaturas de toda índole, desde las más festivas y coloridas hasta las más funestas y oscuras. Especialmente interesante resulta el capítulo en donde nuestros amigos viajan a la Nocheósfera, una especie de infierno que parecería extraído directamente de la "Divina comedia", de "Los sueños" de Quevedo y del arte pictórico del Bosco. Un inframundo surrealista, repleto de extraños seres y demonios en cuyo funcionamiento podremos encontrar un mezcla de caos y orden burocrático. 
Todo este universo imaginario surgió de la mente de Pendleton Ward, quien sorprendió a todos con un primigenio corto que pronto alcanzó un éxito en internet, lo que llamó poderosamente la atención de los directivos de Cartoon Network, que no dudaron en convertirla en una serie regular, cuya máxima virtud es llegar a un público bastante amplio. Creo que ese es el mérito principal de "Hora de aventuras", su capacidad de entusiasmar a espectadores de un amplio espectro, desde los tres años hasta los cincuenta y más allá. Cuando uno es progenitor de dos niñas pequeñas, está absolutamente saturado de dibujos animados, de Doraemon, Pocoyó o Monster High. Así que comprenderán que, si se tropieza con una serie como esta, repleta de referencia al género de espada y brujería, fantasía y ciencia ficción, aderezado con un humor absurdo, a veces algo grosero, con historias bien trabajadas y personajes originales,  no podemos más que aplaudir semejante concepto. No gusta a todo el mundo, por supuesto, hay quien la considerada demasiado "extraña", quizás no excesivamente indicada para un público infantil, con ese vaivén entre el colorido de tramas ingenuas y su más que evidente tono oscuro.
Pero no todo es siniestro o divertido, hay también historias de una ternura ciertamente loable, como la que cuenta la relación de un golem de nieve y un cachorro de lobo de fuego abandonado. Dos personajes incompatibles por su naturaleza pero que crearan un vínculo de amistad encomiable. Incluso episodios con significado político, como el que cuenta como Finn y Jake se topan con un grupo de empresarios congelados en un iceberg, impolutos con sus corbatas y trajes de ejecutivos. Una vez liberados, se encargan de que todo sea tan eficiente que terminan por convertirse en peligrosos.
"Hora de aventuras" es en definitiva un suculento cóctel de imaginación, original y divertida, que tiene el mérito incuestionable de interesar a pequeños y mayores. Posee algo tan atrayente como el poder sentar en el sofá a un padre y dos niñas y pasar un rato de entretenimiento. Y créanme amigos que esa no es una tarea fácil y, desde luego, es infinitamente más sugerente que contemplar el Debate sobre el Estado de la Nación...


martes, 8 de octubre de 2013

GUILLERMO DEL TORO Y LOS SIMPSON

Esta semana no puedo dedicarle todo el tiempo que el blog merece.  Me encuentro inmiscuido en una labor que detesto pero de la que no he podido librarme. He sido nombrado pintor de brocha gorda oficial y ortodoxo y me han encomendado, en petit comité, que me haga cargo del adecentamiento de algunas estancias de mi humilde morada. De tal manera, que mientras intento sobrevivir entre brochas y rodillos, les dejo una entrada a la que deben dedicarle algunos minutos de su tiempo. No soy muy dado a incluir vídeos, principalmente porque terminan por desaparecer al poco tiempo, por aquello de los derechos de autor y demás peroratas de la propiedad intelectual. Lo entiendo y comprendo, aunque no tiene mucho sentido perseguir fragmentos de películas o trailers para extirparlos, cuando  muchos de los que pertenecemos al mundo de la blogosfera lo único que realizamos es una labor de promoción gratuita de un producto en concreto. En esta ocasión no he podido resistirme de lo que me parece una autentica maravilla de la animación. Guillermo del Toro firma la cabecera de uno de los episodios tradicionales de terror de "Los Simpson", todo un compendio terrorífico, plagada de referencias, guiños cinematográficos e imágenes de poderoso atractivo. Una pequeña obra maestra.



viernes, 5 de abril de 2013

EL CINE DE ANIMACIÓN Y EL DISEÑO DE PERSONAJES



Ayer acudí con mi hija de 6 años al cine, cumpliendo con el ritual de ver la película de animación que por suerte o por mala fortuna toque en el momento. El título en cuestión era esta vez  "Los Croods", film no demasiado trascendente pero visualmente muy atractivo. Narra las aventuras de una familia de cavernícolas que tienen que abandonar la seguridad de su cueva por causa mayor y adentrarse en un territorio tan fascinante como peligroso. La película intenta darnos alguna clase de enseñanza con moralina, en la que se interpreta lo asfixiante que puede ser la sobreprotección paternal, llevada al paroxismo en contraposición de lo que supone vivir en libertad, en una libertad por otra parte no exenta de ciertos riesgos. Algún sesudo pensador vería en esta trama argumental una referencia a "El miedo a la libertad" de Erich Fromm, aunque naturalmente sería una conclusión sobredimensionada de algo menos pretencioso y, desde luego, nada perseguido por esta propuesta de cine de animación. Porque, si nos ponemos a buscarle tres pies al gato y queremos extraer algún mensaje filosófico sobre lo que trata "Los Croods", podríamos llegar a la precipitada conclusión de que sus perpetradores intelectuales no logran encontrar el equilibrio en la conducta de los personajes, pasando del conservadurismo más timorato a la osadía, en cierta medida, más irresponsable. Supongo que es mejor quedarse con el espectáculo visual que supone la película, que es en lo que alcanza una notable destreza y, sobre todo, en el diseño de sus personajes, sin el cual un proyecto como el que nos ocupa alcanzaría cuotas peligrosas de mediocridad. A priori podríamos pensar que la acción se desarrolla en la prehistoria que todos conocemos, pero es ahí donde se apuesta por otra cosa distinta, más original, casi onírica, en el desarrollo de las criaturas que pueblan sus inmensos escenarios. De tal manera que nos podemos encontrar a un Mamut con lunares, un felino con cabeza de búho, un carnero con cuerpo de avestruz, unas pirañas en forma de ave o una ballena terrestre emulando a un elefante. 


Sorprende por lo inesperado y ese es uno de los valores de "Los Croods", independientemente de que no vaya a pasar a los anales de la historia del género de animación por otras virtudes menos palpables, aunque el entretenimiento está garantizado, con un 3D aceptable que merece la pena. Se que son muchos los que rechazan las tres dimensiones, pero en este tipo de propuestas nos ofrece un rendimiento considerable, con una sensación de profundidad ciertamente estimable. Me ha hecho recordar otra película que tenía una galería de personajes impecable, como fue "Rango", curioso western, quizás poco indicado para los más pequeños, por su arriesgada puesta en escena repleta de rostros arrugados, escamosos e inquietantes. Lo que molesta de ésta última propuesta es que podrían haber sido extraordinaria, pero se quedó alfo huérfana de un guión algo más contundente. No obstante, "Rango" es una joya de la animación que se deja ver y que hubiera merecido algo de mayor fortuna, en el desarrollo de la historia de un pistolero a la fuerza que se debate entre el sentido del honor y la cobardía del impostor.


Una saga que prueba fortuna siempre en la construcción de sus personajes es la de "Ice Age", unas veces con más acierto que otras. Ya hablé en este blog de uno de ellos, de la comadreja Buck de la tercera entrega, que hacía que la misma alcanzara cotas de calidad que no había demostrado hasta entonces. En "Ice Age 4" se hizo un esfuerzo estimable en la elaboración de los personajes que interpretan a unos piratas sin escrúpulos a la deriva. Aquí el resultado queda a medias, debido a que quizás el carácter de cada uno de ellos no llega a la altura esperada, sobre todo del líder, una suerte de trasunto de John Silver el Largo de "La isla del tesoro", que se esfuerza por ser carismático pero que se queda a medio camino. Puede que todos quedaran un tanto en el aire debido al carisma de otro personaje tan simpático como el de la abuela delirante del perezoso. 


Si le damos un repaso, en líneas generales, a las últimas propuestas animadas que han pasado por las salas de cine, nos daremos cuenta del peso específico que sus criaturas pixeladas tienen y de como, junto a una buena historia, pueden tener su lugar en la permanencia del recuerdo o en el olvido de lo insustancial. Una de las últimas en llegar ha sido "Rompe Ralph", que  en un juicio apresurado podría parecer la menos coherente, pero que una vez vista tiene hallazgos sorprendentes. Cuenta con una ventaja nada desdeñable, apelar al sentimiento nostálgico de los vídeo juegos de antaño, aquellos que nos arrastraron de forma masiva a las salas recreativas. Y lo hace con un respeto encomiable, siendo sus protagonistas fieles representantes de una época que parece no tener final. Incluso  la escenografía aparatosamente empalagosa, esa carrera en el paisaje de las golosinas, del azúcar y las piruletas, no parecería desde luego lo que podría atraer a un público más exigente. Eso, unido al diseño de su pequeña protagonista, podría resultar de lo más infantil, pero resultar eficaz dentro del marco de una trama argumental que no carece de méritos.


El malvado de "El origen de los guardianes" equilibra la balanza de lo que podría haber sido la típica película navideña, familiar y sin demasiadas aristas. Y es que el señor de los malos sueños, de las pesadillas, de las noches de terror, está diseñado con las suficientes pinceladas de oscuridad como para poder mantener a un público más adulto pendiente del hilo argumental, contando con el hándicap de lo insoportable que les resultó a muchos el personaje del conejo de Pascua. La película también sorprende con su principal protagonista, un Jack Escarcha con un manto de tristeza que hace al personaje interesante en esta propuesta muy deudora de Los Vengadores marvelitas. En cuanto a Pixar y su última aportación, "Brave", hay que decir que, si bien no ha cumplido la expectativas a las que nos tiene acostumbrados la célebre productora, sigue siendo fiel a su tradicional estilo, que aporta algo más que las demás producciones del cine de animación, aunque está por debajo de alguna de sus anteriores creaciones. No cabe duda de que la extensa galería de personajes de "Hotel Transylvania" es lo más atrayente de una película un tanto alocada, que no sabe tomarse un descanso para templar su ritmo narrativo,  lo que convierte en un lastre todo su intento por conectar con los más exigentes. Por eso resulta de singular belleza el momento en que la película se para en explicar la tristeza de un Drácula que añora al amor de su vida, el que perdió en una noche de fuego y destrucción.  Es curioso, pero en este repaso algo ligero, se me va quedando muy atrás "Las aventuras de Tadeo Jones", que pese al mérito que tiene por el hecho de haber recaudado cifras millonarias en el mustio cine patrio, no parece que pueda sostener un pulso de suficiente identidad como para ser una buena película. Eso, a pesar de sus virtudes como film de aventuras, pero algo desdibujado, tanto en sus personajes, demasiado planos o estereotipados, como en un guión algo simplón. 

Hotel Transylvania


lunes, 4 de marzo de 2013

LA SEMANA DE LA FANTASÍA: AL OTRO LADO DEL ESPEJO

El amigo natsnoC, del blog Chez Morera, ha tenido la estimulante idea de convocarnos a una semana en la que abordemos el tema de la fantasía. Así que aquí les dejo un viaje a través del tiempo, de los sueños y la imaginación.  Un ladrillo de mucho cuidado, y es que me pierde ponerme gafapástico...

Supongo que, en algún momento de nuestra particular historia, el hombre perdió su asombro por el mundo que le rodeaba y probablemente quedó instalado en lo cotidiano, en la tediosa realidad de sus vivencias. Nada que ver con ese asombro ante lo primigenio, ante la nueva visión de una inteligencia recién llegada, que en su candidez de novata debió asombrarse de todo lo que le rodeaba, de la noche, de las estrellas, de la luna, de las tormentas y de la vida inmensa que paseaba en aquel escenario descomunal. Naturalmente todos aquellos aspectos mundanos fueron adornados con una fantasía desbordante, propia de una capacidad de pensar en la que era harto complicado emplear términos racionales y empíricos para explicar lo que por entonces eran enigmas indescifrables. Dotamos a la naturaleza de poderes mágicos, a la muerte de trascendencia espiritual y nuestros más desenfrenados sueños obtuvieron un cauce conciliador por medio de brujos, hechiceros y chamanes.

Entonces llegó la religión, cargada de mitos y leyendas, de dioses poderosos, capaces de sentir debilidades tan vulgares como las humanas, pero necesitábamos que fueran como nosotros aunque mejorados sustancialmente. En sus gestos y palabras se escondían nuestras aspiraciones y deseos, sólo que ellos podían llegar más allá del límite de nuestras vidas vulgares. Griegos, romanos y egipcios se emplearon a fondo para dotar a sus creaciones divinas de un halo de fantasía sin igual, les hacían interactuar entre ellos y también entre los humanos, prueba inequívoca de que en realidad queríamos formar parte de aquel mundo imaginario. Nos inventamos gestas sin igual de héroes de carne y hueso pero que eran capaces de llegar a la última frontera, que desafiaban a monstruos, quimeras y a toda clase de enemigos. El misterio del viaje puesto al servicio de lo que la imaginación era capaz de entrever, de lo que era capaz de escudriñar desde su ignorancia. Un lugar al que no se ha llegado nunca, se puede imaginar como forma de compensar el desconocimiento, en muchas ocasiones fruto del miedo de traspasar lo que está más allá de nuestras posibilidades.

La literatura oral o escrita se encargó de transmitir el engranaje de la fantasía, muchas veces con historias inventadas u otras con hechos reales sobredimensionados, porque en el fondo perseguimos escapar de la realidad mediocre, con adornos, exageraciones y oropeles de la imaginación. Todo vale para evadirse de lo cotidiano, de lo que ya nos es conocido  y, en el fondo, profundamente aburrido. Hubo incluso a quien le pareció una forma perniciosa de entender la vida, que todo lo que evitara poner un pie en tierra era algo a lo que se debía combatir, que era una pérdida de tiempo y que incluso podía someter nuestra cordura a una prueba de resultados nefastos. Cervantes arremetió contra los libros de caballería en "Don Quijote de la Mancha", intentando desmitificarlo y, como suele ocurrir, el personaje central de su historia era fascinante por su propia locura, por sus fantasías. Lo que le hacía grande era su visión distorsionada de la vida, la interpretación mitológica de la realidad, lo que le convertía en un loco maravilloso, vapuleado y escarniado, pero único en su género. Es lo habitual en muchas desmitificaciones, que resurgen de sus cenizas, al igual que aquel "Grupo salvaje" de Peckinpah, del hombre que quería matar al western y lo elevó hacia la leyenda, como aquel William Munny de "Sin perdón", que a fuerza de querer ser crepuscular sólo consiguió ser un icono mítico en una noche de lluvia y pólvora.

Cualquier medio de expresión era bueno para romper las amarras de lo vulgar, la pintura y sus coqueteos con la fantasía o el surrealismo más delirante. Sueños, visiones y otros sentidos oníricos se podían plasmar a través de lienzos infinitos, de sugerentes mundos y de posibilidades sin igual. Después llegaría el cine, un vehículo hecho a la medida, de carácter osado, que abarcaría todas nuestras pretensiones, siendo capaz de ofrecernos desde aquel primer fotograma ingenuo del hombre en la Luna de la mano de Georges Méliès, hasta el inmenso crucero imperial que atravesó la pantalla de la mano de George Lucas. Todo un mundo audio visual se nos mostró pleno de posibilidades infinitas. La nueva era nos traía de la mano un amplio abanico de fantasías, casi todas centradas en la industria del ocio. Por medio de los vídeo juegos se nos ofreció la oportunidad de ser protagonistas de mil y una aventura virtuales, de ponernos en la piel de un guerrero de la edad media o de seguir las andanzas pixeladas de una ladrona de tumbas, todo en pos de sentirnos una vez más alejados de la rutina, de la normalización de nuestras aspiraciones.

Otro aspecto fundamental en cuanto al anhelo de tocar la fantasía más allá de la punta de los dedos, es la de crear puertas de acceso a otra dimensión. El ejemplo más clarividente de ese ansia es sin duda "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carroll, en donde una joven Alicia descubre un mundo tan extraordinario como quizás delirante y absurdo. En realidad, el cuento es una crítica mordaz de la sociedad de la época en la que Carroll dibujó a unos personajes satíricos, que se integran en un escenario de lo más peculiar. Mark Twain tampoco se quedó atrás en "Un yanqui en la corte del rey Arturo", aunque aquí utilice el viaje en el tiempo y traslada a su protagonista desde el siglo XIX hasta los tiempos de Excalibur. Y es que el tiempo es otra de nuestras aventuras pendientes, que quizás en el futuro deje de ser una simple fantasía. En este caso no es necesario imaginar mundos alternativos o que no tengan conexión con lo conocido. El milagro y la fascinación surgen de la encrucijada del pasado, del presente y del futuro. Un protagonista, fuera de su momento histórico e introducido en otra época, guarda las suficientes dosis de interés como para alcanzar el grado de fantasía posible. H. G. Wells lo entendió muy bien y supo plasmar una historia repleta de sorpresas y tensión en un futuro nada halagüeño. Para todos nosotros siempre quedarán en la memoria los Eloi y los los Morlock, muestra máxima de la distopía más evidente.

 
Sea cual sea el vehículo o medio elegido, un espejo, un armario o una máquina del tiempo, el viaje es siempre una constatación de nuestras ansias de vivir lo insólito. Quizás la última y mejor propuesta nos la dejó el maestro Miyazaki con la magistral "El viaje de Chihiro", una puesta al día de las aventuras de la clásica Alicia, pero con el encanto especial del genio de la animación japonesa. Una niña aburrida y disgustada entra en un mundo que se aleja mucho de la realidad. Sus padres han caído bajo el hechizo de una poderosa bruja, que regenta nada más y nada menos que un balneario para dioses de lo más variopintos. Un lugar sin duda mágico que representa un viaje entre lo nostálgico y la fantasía, en la que la protagonista tendrá que demostrar su fuerza vital y su valor. Al fin y al cabo eso es lo que anhelamos como parte real de nuestras aspiraciones, o quizás sólo como un sueño emocionante desde el que mirar desde la distancia. Como en aquel corto de 1936 de Mickey Mouse, "A través del espejo", en el que se queda dormido con el célebre libro de Lewis Carroll entre sus brazos, y sueña con atravesar el espejo que le lleve a un mundo mágico, pero con la seguridad de volver a la realidad cuando las cosas se pongan feas. A todos nos gustaría mirar al otro lado, sabiendo que siempre hay posibilidad de regresar a la seguridad de eso que llamamos monotonía.

martes, 22 de mayo de 2012

EL LADO SINIESTRO DE DISNEY


"Esos miserables del colorín y la mermelada". Con estas palabras se refería Arturo Pérez-Reverte a la Compañía Disney en referencia al estreno de "El jorobado de Notre Dame", que le parecía toda una suerte de traición a la historia original perpetrada por Víctor Hugo. Olvidaba quizás el afamado escritor de que se trataba de una adaptación dirigida a todos los públicos, y es lógico permitir algunas licencias para neutralizar el final fatalista de la obra original. También debería de preocuparse el autor de tan populares novelas de las traslaciones a la gran pantalla de sus propios escritos. Pero, a pesar de esa dulcificación de "El jorobado de Notre Dame", la película de los estudios Disney, dirigida por Gary Trousdale y Kirk Wise, no estaba desprovista de ciertos tintes trágicos, por no decir abiertamente siniestros. El principio del film es soberbiamente contundente y esa persecución a caballo del Juez Frollo hostigando a la madre de Quasimodo, causándole la muerte y la tentativa del infanticidio no deja de ser una puesta en escena de lo más oscura. Ese personaje nos obsequia otras dos secuencias indicativas de esa soterrada maldad, la de las cucarachas y su comparación con los gitanos, aplastándolas con síntomas patológicos de un odio sin disimulo, y el número musical en donde expresa toda su lujuria y sentimiento de culpa por su pasión por Esmeralda.


A lo largo y ancho de la filmografía de Disney hay todo un repertorio de muertes cruentas, divididas principalmente en la de algún inocente (la madre de Bambi, la de Guasimodo, el padre de Simba) y en casi toda la totalidad de sus malvados, claros arquetipos del maquiavélico espíritu del rencor, que sufren el castigo final y la forma recurrente de arrojarlos al abismo, con el trasfondo del fuego o de alguna siniestra y aterradora tormenta. Algunas de esas muertes son la conclusión final de una lucha de estilizada violencia, el colorín y la mermelada de la que hablaba Pérez-Reverte al servicio de una puesta en escena de indudable mérito artístico. Basta con recordar esas batallas finales entre el bien y el mal de "La bella y la bestia" o de "El rey león".


No siempre la truculencia de lo siniestro se manifiesta en medio de una lucha cruenta, algo por otra parte muy consecuente, también existe cierto tono inquietante en el transcurso de alguna escena que a simple vista parecería inocua o de cierta falsa calma. Siempre me pareció turbador el momento de la partida de billar entre Pinocho y el "Polilla", por su encuadre en un juego de sombras y por anticipar al terror de la transmutación en asnos. Los protagonistas fuman y beben con displicencia, sin aparente preocupación, pero se percibe que esa atmósfera de humo y alcohol traerá consecuencias dramáticas. El hecho de presentarnos esa isla de los juegos, en donde los niños pendencieros son transformados en burros y vendidos como esclavos, ya es suficientemente insano.

La galería de villanos es lo bastante elocuente para mostrar ese afán por lo mórbido, sus intenciones y acciones los definen, casi siempre en un caudal obsesivo de singular inquina. Recuerdo la impresión que me producía la primera imagen de la madrastra de Cenicienta. En un plano que recorre el dormitorio y se sitúa sobre una cama con apariencia de guarida siniestra, se dibuja un rostro que lo dice todo, soberbio y lleno de malas intenciones, acompañado de la figura felina del gato Lucifer. El aspecto de Maléfica, el hada mala de "La bella durmiente", provista de un tocado en forma de cuernos, es en sí mismo un claro referente diabólico sin intención de disimulo. El doctor Facilier, el villano de "Tiana y el sapo", es un practicante de magia negra y experto vudú. Aunque no siempre los personajes antagónicos de los buenos han sido tan siniestros. Ursula de "La sirenita", independientemente de su lado oscuro, parece más bien el retrato de una cabaretera entrada en kilos y años. Cruella de Vil no es más que una excéntrica y extravagante. Yzma y su ayudante, de "El emperador y sus locuras" son demasiados histriónicos para dar miedo.


En 1933 Walt Disney estrenó un segundo cortometraje con Mickey Mouse como protagonista, "The mad doctor", en el que contaba la historia del secuestro de Pluto por un científico loco y sus intención de cortarle la cabeza y pegarla al cuerpo de una gallina, para ver que clase de animal saldría del huevo. Cuajado de sombras, esqueletos, trampas, murciélagos y no exenta de un claro y poco disimulado sadismo, el corto es toda una joya de la animación, que en su momento no fue autorizado para todos los públicos. Además pertenece a la memorable época del blanco y negro, la única que soporto del ratón Mickey, muy alejada de los insulsos pero "educativos" dibujos de hoy en día. Muchos años después, el espíritu de "The mad doctor", sería incluido en uno de los niveles del vídeo juego "Mickey Manía".

Enlazando con el tema que nos ocupa, recuerdo leer en los años 80 en "El Víbora" una historia de Max, en la que se narra un hipotético encuentro entre Walt Disney y H.P. Lovecraft, en la que el escritor de novelas de terror desafía al genio de la animación a que, si esa noche sueña con él, a cambio dirigirá una película con un guión suyo. Esta historia es bien conocida por el amigo Miquel Zueras, que en alguna ocasión la ha incluido en su magnífico blog. En una entrevista concedida a Zona Negativa el notable ilustrador, Francesc Capdevila, conocido como Max,  decía lo siguiente al respecto:

"Siempre me ha interesado la filosofía oriental. La que describe ese juego perpetuo de contrarios que se necesitan mutuamente para crear la dinámica de la vida: ying y yang. Además, encontré una magnífica treta narrativa en un libro de Gianni Rodari, Gramática de la fantasía, que ofrece toda clase de trucos a los que recurrir para poner en marcha historias cuando uno no se le ocurre nada. Es muy simple y siempre funciona: imagina dos cosas, o personas, o conceptos opuestos, júntalos y mira qué sucede. Así escribí “Musgo y mármol”, “El encuentro entre Disney y Lovecraft” y alguna más."

Quizás sea en "Fantasía" en donde el cine de Disney muestra más abiertamente sus múltiples rostros, que van desde el divertimento del baile de cocodrilos e hipopótamos en el fragmento de "La danza de las horas" de Ponchielli, al segmento más cursi y empalagoso con esos angelotes y dioses, en la puesta en escena de "La sinfonía pastoral" de Beethoven, pasando por el lado más tétrico con los pasajes de "La consagración de la primavera" de Stravinski, una incursión en una prehistoria feroz, y, sin duda, el momento más inquietante de "Una noche en el monte pelado" de Moussorgski.


Luces y sombras del cine de animación de los estudios Disney, en donde prima el propósito generalizado de ofrecer un producto destinado a un público muy determinado, que probablemente le encorseten en un tipo de intenciones claramente infantiles, pero en donde también se esconde entre las sombras un lado indudablemente siniestro, como en los cuentos infantiles. Algunos pensaran que esa intención es  exagerada, y, lo que aquí aparece como algo oscuro, no sea más que la penumbra intangible en el mundo ajeno al género de animación, forjado en la compañía de princesas y finales felices. Puede que sea así, pero no hay que olvidar que, para que exista la moraleja del final triunfante, es indispensable que, en el transcurso de la historia, aparezcan elementos inquietantes que den el suficiente juego a la trama.  Y esa fórmula es tan vieja como efectiva.





martes, 28 de junio de 2011

MALOS PIXELADOS

MEGAMIND (Megamind): Villano reconvertido en héroe por amor. Película que habla de superhéroes cansados de su condición, malos que ganan y se sienten vacíos y tontos a los que no se les puede dar una oportunidad.


GOTHEL (Enredados): Obsesionada con la juventud, guarda celosamente el secreto de la misma en una torre en medio de ninguna parte. Vuelta al mundo clásico de Disney en este entretenido film, algo lejos de otras propuestas con más enjundia.


LOTSO (Toy Story 3): Malo malísimo con falsa apariencia de osito de peluche. Un resentido del pasado que ha ido acumulando su particular odio, mientras se hacía con el poder entre los juguetes de una guardería.


KANGAROO (Horton): Personaje lleno de prejuicios, que demuestra que una lengua afilada y cotilla puede ser un arma peligrosa.


BUDDY PINE "ALIAS SINDROME" (Los Increíbles): Otra víctima del rechazo que acumula odio y resentimiento, en este caso contra los superhéroes, aunque su pasión secreta es ser uno de ellos, ya sea por medio de la impostura o la manipulación.


SKINNER (Ratatouille): Desconfiado, envidioso, conspirador y ambicioso, siempre parece estar al borde de la locura. En este magnífico film había otro malo, el crítico culinario Anton Ego, que alcanza su redención final a través del sabor y los recuerdos nostálgicos. Esa crítica final, escrita desde la emoción, es el digno broche a esta joya de la animación.


RUMPELSTILTSKIN (Shrek 4): Su obsesión es acaparar el poder absoluto, aunque para ello tenga que modificar el pasado, cual Terminator de cuento. Su sala del trono es una especie de pista a lo "Fiebre del sábado noche" frecuentada por brujas y escobas.


LORD SHEN (Kung Fu Panda 2): Lo más interesante de esta propuesta veraniega es el malo de la película, un pavo real engreído y conspirador, que pretende acabar con el misticismo del lugar utilizando buenas dosis de mala uva y pólvora.


HOPPER (Bichos): El bandido Calavera de esta versión animada de "Los siete magníficos" es un saltamontes mal encarado y gorrón, con un ojo averiado y que tiene como ventaja la sumisión absoluta de las hormigas. Una de ellas, en un acto de valentía, se negará a morir en silencio provocando la rebelión en un final emotivo y pleno de acción.


GENERAL MANDIBLE (Antz Hormigaz): Militar golpista, que para alcanzar la mejora del hormiguero planea su destrucción. Hay amores que matan.