jueves, 25 de diciembre de 2014

VILLANCICOS O MUERTE

En vísperas de la Navidad de 1914, en la Primera Guerra Mundial, el ejército alemán adornó las trincheras con ornamentos típicos de las fechas y comenzaron a canturrear villancicos. Los británicos se contagiaron de tan noble espíritu, y comenzaron a imitar a los que hasta entonces habían sido sus enemigos irreconciliables en el campo de batalla. Hasta tal punto llegó la situación, que se intercambiaron regalos en la conocida como tierra de nadie, cigarrillos, licor, llegando a confraternizar y permitiendo que cada uno retirara a sus caídos para darles digna sepultura, para que sus cuerpos no formaran parte del paisaje del horror que otros habían promovido hasta la estulticia. Aquella noche pudo ser el inicio de una nueva era, en la que los soldados, la carne de cañón de los generales colmados de medallas cubiertas de sangre e ínfulas de honor, deberían de haber elegido un futuro diferente, en el que sus miserables vidas no fueran algo tan prescindible como la hierba pisoteada por los tanques. Pudieron acordar la paz, al margen de los estados que les habían colocado al otro extremo de un fusil. Pero no fue así, porque el espejismo fue una quimera imposible. Después de aquella noche de buenas intenciones, en la que hombres sencillos y diferentes fueron iguales, después, simplemente, volvieron a matarse unos a otros. La indignidad del ser humano puede ser absolutamente devastadora, hasta el punto en el que los altos mandos sintieron miedo de aquella maniobra humanitaria, y para que no se volviera a repetir, en lo sucesivo, ordenarían bombardeos masivos en los días previos a la Navidad, para sepultar la esperanza entre fuego y sangre. Una pena.


Feliz Navidad a todos.



miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL SURREALISMO POP DE TODD SCHORR

Nacido a mediados de los 50, se podría decir que Tood Schorr es un fiel testimonio de la época en la que transcurrió su niñez, entre dibujos animados, televisión, cómics, cine y el trasfondo ineludible de la guerra fría. Impactado por la versión de 1933 de "King Kong" y los personajes de Disney y Fleischer, los utilizó como un icono personal, casi obsesivo, llegando a plasmar también influencias de las criaturas creadas por Harryhausen en sus películas de monstruos, tal y como lo podemos contemplar en la siguiente imagen, plena de referencias al mago del stop motion, con esa descomunal cabeza dominante, salida directamente de la película de 1958 "Simbad y la princesa". Esta obra maestra está plagada de referencias cinéfilas, aparte de las ya comentadas, Frankenstein, Nosferatu, el genio de la lámpara... Todo ello envuelto en un escenario onírico y ciertamente apocalíptico, muy deudor de los pintores Pieter Brueghel y el Bosco.

No es de extrañar sus referencias a la pintura clásica, dado que en un viaje, diríamos iniciático al viejo continente, en concreto a Italia, quedó impregnado por el arte de los grandes pintores, fraguando en él la idea de combinar el clasicismo con sus referencia culturales, dando como resultado un estilo muy particular, con esa mezcla surrealista entre lo convencional, el pop y cierto aire underground. Es evidente que existe también una influencia del estilo de Salvador Dalí, al que por cierto pintó en una de sus obras junto a otro de sus  referentes, Walt Disney.
Sus obras no están exentas de polémica, dado el estilo peculiar con las que impregna cada pincelada, entre sarcasmo, ironía y surrealismo pop. En el año 2002, el Art and Culture Center of Hollywood organizó en Florida una retrospectiva del artista, enviando como estrategia publicitaria unas 4.000 tarjetas de la pintura "Clash of Holidays". En ella se podía contemplar una singular escena,  en la que el Conejo de Pascua lucha encarnizadamente y a muerte con un iracundo Santa Claus, quizás por saber quien tiene la hegemonía en las fiestas tradicionales, mientras un niño Jesús da buena cuenta de una oreja de un conejito de chocolate. Los defensores de la moral conservadora, representada a la perfección en los estados del sur, montaron en cólera, acusando a Schorr de blasfemo y proponiendo poco menos que la destrucción de la obra, provocando un intenso debate entre la libertad creadora y los límites de la misma. Quizás los defensores a ultranza de la moral no habían tenido en cuenta que, el artista al que censuraban de forma feroz, había sido uno de los integrantes principales de una exposición histórica en el Museo Laforet de Tokio, la American Pop Culture Images Today, formando parte fundacional del conocido movimiento artístico llamado Lowbrow, además de haber realizado algún que otro trabajo para George Lucas, Ford Coppola, la revista Time o la banda de rock duro AC/DC.






miércoles, 10 de diciembre de 2014

STAR WARS, EL BORRADOR QUE SE HIZO CÓMIC

Es una obviedad que la saga de Star Wars se convirtió en un filón a explotar desde la fecha de su estreno. No ha existido ninguna faceta de la que no se haya obtenido algún beneficio y el borrador, que tenía George Lucas de su saga galáctica, no podía ser menos y ahora se nos ofrece en forma de cómic. Mi amigo, el bloguero Tirador solitario, tuvo el detalle de regalarme un ejemplar que liquidé de forma rápida, pues no parece que sea el exceso de diálogos una de las máximas virtudes de esta versión en viñeta de Star Wars. A modo de conclusión rápida, se podría decir que se nota que está basado en un borrador, principalmente por la escasa profundidad de algunos personajes indispensables y cierta tendencia a construir una historia con un trasfondo algo farragoso. 
El argumento, centrado en la historia que se cuenta en "Una nueva esperanza", tiene lógicamente parecido con el resultado que todos ya conocemos, aunque se mezcla, al principio, algo de lo que aparecía en "La amenaza fantasma", la invasión de un planeta, en este caso Aquilae,  y el trasfondo del bloqueo comercial y también algunas situaciones que se dan en "El retorno del Jedi", la batalla de la luna de Endor, sustituyendo, afortunadamente, a los infantiles ewoks por los wookies. Respecto a esto último, es curioso observar la relevancia de un personaje como Chewbacca, que no aparece hasta bien entrada la historia pero que asume el papel de Luke Skywalker, arrebatándole la destrucción de la Estrella de la Muerte. El personaje interpretado por Mark Hamill es aquí un veterano Jedi, con cierto parecido físico al mismísimo George Lucas,  que asume además el papel de un ausente Obi Wan Kenobi, mientras el joven aprendiz, el que realmente está basado en Luke, se llama Annikin Starkiller quien interpreta a un advenedizo joven algo plano y, sin duda, decepcionante, guardando cierto parecido a un, en palabras del Tirador, Legolas galáctico. No obstante, Darth Vader es el que sale peor parado, siendo un individuo sin demasiado atractivo, desconocedor del lado oscuro de la fuerza y escaso de carisma. Carisma que le roba, en cierta medida, el príncipe Valorum, un sith con alma de caballero. Es curioso que sea el padre de Starkiller, Kane, quien posee casi todo su cuerpo reconstruído artificialmente de forma similar a Vader. Si hay alguien que se aleja absolutamente de su aspecto físico, ese es Han Solo, que aquí es interpretado por una criatura de color verde, inspirada de forma poco disimulada en el famoso personaje del cómic la Cosa del pantano
Otra variante relativamente importante es el origen de R2-D2 y C-3PO. Aquí son dos androides del imperio que huyen de la Estrella de la Muerte cuando es atacada. Su personalidad aún no anda demasiado definida y ambos intercambian la suya a partes iguales. Como aspectos llamativos, hay que señalar que R2 habla el lenguaje humano y que ambos son poco de fiar, estando siempre dispuestos a revelar cualquier secreto al primero que se tropiece con ellos. C-3PO, que siempre tuvo un parecido más que evidente con el robot María de "Metrópolis" de Fritz Lang, aquí resulta una copia casi idéntica.
El emperador parece más un simple funcionario y no parece esconder su filiación al lado oscuro, ni estar dotado de ningún poder especifico, lo que le convierte en un personaje más que prescindible.


Como dato curioso cabe señalar que el sable láser es aquí utilizado indiscriminadamente, sea por Han Solo o por las tropas imperiales, perdiendo ese carácter de arma reservada a los Jedi que tanto los identificaría en la saga cinematográfica. Sin embargo, hay unas cuantas escenas que se respetaron después y que quedaran siempre en la retina del cinéfilo de Star Wars, como la pelea en la cantina entre unos facinerosos y Obi Wan, un plano del Palacio de la luz de Aquilae casi idéntico a la fortaleza de Jabba el Hutt o el momento de la evasión en el triturador de basura.

Respecto a la calidad artística del cómic, hay que decir que Mike Mayhew se desenvuelven bien en la plano corto, dotándole a los personajes de un carácter realista que se difumina en los escenarios amplios. Si tenemos que valorar la obra en su conjunto, hay que decir que debemos tomarlo como lo que realmente es, un borrador, un boceto de una historia que, con el paso del tiempo, se fue configurándose en su plasmación en la gran pantalla de trazos más firmes y, desde luego, con una personalidad irrefutable, algo de lo que carece el cómic, lo cual es asumible y, en todo caso, perdonable.