Después de abandonar Europa, Gran Bretaña se plantea nuevos horizontes cargados de una ambición inusitada. De hecho, su próxima consulta será la de abandonar la Tierra, incluso el Sistema Solar y emprender su camino de independencia e identidad soberana en Kepler 22b a unos 600 millones de años luz mal contados. En un plan, bien estudiado por los científicos británicos, forraran los populares taxis y autobuses con papel de aluminio, el Albal de toda la vida, acoplándoles unos cohetes alimentados con ego y un tanto por ciento aún sin determinar de narcisismo, con el que podrán iniciar tan largo viaje. Los improvisados astronautas estelares serán hibernados utilizando infusiones de Valeriana y Melisa acompañados de la lectura de cualquier libro de James Joyce. La reina se muestra entusiasmada y pretende continuar su reinado, a pesar de la descomunal distancia sideral a la que se encuentra Kepler 22b. Los británicos advierten que si encuentran alguna civilización autóctona en el desconocido planeta les obligarán a circular por la izquierda, teniendo que adoptar la milla y la pinta.
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sábado, 25 de junio de 2016
miércoles, 5 de noviembre de 2014
UN CHISTE SOBRE LA CORRUPCIÓN
Yo no se contar chistes, como diría cierto popular humorista, lo mío son casos verídicos. No tengo el talento para insuflarles la gracia que necesitan y tampoco soy capaz de recordar la mayoría de ellos. Sin embargo, me viene uno a la memoria que aún no se ha borrado del disco duro de mi cabeza, y que viene como anillo al dedo para estos agitados días que vivimos. No es espectacularmente hilarante, pero no puedo negar que tienen algo de simbólico.
Un recién llegado a la política española estrena un cargo en un ministerio. Sus superiores le aconsejan que viaje al extranjero para adquirir experiencias e intercambiar ideas. En su primer viaje conoce a un político de otro país. Entablan cierta amistad y le invita a su casa a cenar. Le enseña su hogar, un adosado con dos plantas, jardín, piscina y Mercedes aparcado en el amplio sótano. Le sirve una cena cara y mientras fuman un descomunal habano, nuestro político español le pregunta:
-¿Cómo vives tan bien, de dónde sacas para costearte todo esto?
El extranjero le pasa el brazo por encima del hombro y le señala por la ventana
-¿Ves aquella autopista?
-Sí, claro
-Pues de ahí, querido amigo, de ahí.
Pasan los meses y el político de fuera de nuestras fronteras le devuelve la visita a nuestro paisano. Éste, como no podía ser de otra manera, y como respuestas a la hospitalidad que recibió, le invita a cenar a su casa. Le enseña su hogar, un chalé, con jardines y fuentes, piscina climatizada, grifería de oro y cuadros de Picasso en los servicios, zoo y varios coches de alta gama en su extenso parking. Le sirve una copiosa cena servida por un catering con una estrella Michelín y, mientas se fuman un descomunal habano, el político extranjero le pregunta:
¿Cómo te permites estos lujos, de dónde sacas para costearte todo esto?
El español le pasa el brazo por encima del hombre y la señala por la ventana
-¿Ves aquella autopista?
-No, no veo nada, no hay ninguna autopista
-Pues de ahí, querido amigo, de ahí.
martes, 1 de abril de 2014
martes, 25 de marzo de 2014
LA HONESTIDAD EN TIEMPOS DIFÍCILES
" El futuro no está escrito, porque sólo el pueblo puede escribirlo "
El tiempo es una medida que se toma su tiempo y, aunque sea una redundancia evidente, no deja de tener cierta validez poética. Como el vino, hay algunos aspectos de la vida que necesitan reposar con la serenidad de la perspectiva. Requieren el transcurrir de los acontecimientos para tomar distancia, para valorar y sopesar las consecuencias de los mismos. Puede ser un proceso lento, desesperante como las medidas geológicas, pero tarde o temprano todo adquiere el oportuno significado. A Suárez le tocó en suerte una época tan fascinante como complicada, convulsa hasta los cimientos, en la que fueron muchos los actores de aquella representación que no supieron o no quisieron poner las cosas demasiado fáciles. Desatar un régimen tan bien atado como el franquismo no fue una tarea sencilla y, desde luego, requería unas dotes de negociador innato ciertamente elevadas. El Rey Juan Carlos eligió a un hombre joven y le encomendó tan compleja labor. Los tiempos lo requerían así, había que andar con pies de plomo, con extrema prudencia pero al mismo tiempo con cierta osadía. Por eso no es de extrañar que fuera un hombre del mismo régimen el que se encargara de sepultarlo, no podría ser de otra manera si hablamos de la realidad más pura. Si queremos especular sobre improbables, seguro que surgirían muchos otros nombres, pero pocos hubieran llevado la nave a buen puerto. Los poderes fácticos de más arraigada tradición no iban a permitir que el camino fuera transitable. Y no sólo ellos, otras presiones violentas, de nueva estirpe y distintos signos ideológicos, eligieron ese preciso momento para sus ataques más virulentos, dispuestos a acelerar sus aspiraciones sin la calma ni la prudencia que los tiempos requerían.
Algunos piensan que la transición fue una ley de punto final encubierta, que se permitió que algunos personajes de aquella dictadura no pagaran por sus fechorías, que se debía de haber establecido un proceso judicial. Puede que tengan razón, pero no debemos pecar de candidez. Se hizo lo que se pudo hacer, y, dentro de sus limitaciones fue un proceso ejemplar. Pensar en otra cosa distinta en aquellos tiempos es un acto de ingenuidad. Para los que no lo crean así que repasen, por ejemplo, las palabras pronunciadas por el dictador Augusto Pinochet una vez que hubo abandonado el poder: "Yo no acostumbro a amenazar. Sólo advierto una vez. El día que me toquen a alguno de mis hombres se acabó el estado de derecho". Si alguien piensa que, a finales de los 70, se podían haber llevado a los tribunales a militares y policías del antiguo régimen sin consecuencias para la incipiente democracia recién estrenada, es un optimista recalcitrante de primer orden, por no decir otra cosa. Es cierto que sin él la democracia hubiera llegado a nuestro país tarde o temprano. Europa no se podía permitir durante mucho más tiempo un anacronismo como el sistema político español, pero el mérito indiscutible de los artífices de ese cambio fue el ejecutarlo en un momento extremadamente delicado. Adolfo Suárez fue un hombre hábil y valiente, quizás no fue demasiada acertada su visión de gobernante, pero no le podemos negar la mayor, y hoy, con la perspectiva del tiempo, es fácil reconocer sus innumerables méritos. También fue un hombre muy solo en muchas facetas de su vida política, con un partido un tanto artificial que terminaría por romperse en pedazos.
En mi casa, como en otras muchas supongo, apenas se hablaba de política, y cuando se hacía se hacía en voz baja. Mi abuela y mis padres, que habían vivido la Guerra Civil, conservaban un miedo residual, casi imborrable, de quienes habían sentido los bombardeos de aquella contienda, de cuando había que tragar saliva cuando se tropezaban con un fusilado en la cuneta de una carretera cualquiera, de los que temían una llamada a la puerta a medianoche. La transición fue el inicio del punto y final de ese miedo, con el paréntesis del 23F que resucitó muchos fantasmas del pasado. El resultado fue un movimiento imparable del que surgiría un periodo de estabilidad política encomiable. Adolfo Suárez fue ese puente, un eslabón necesario entre dos mundos opuestos, el agente determinante en la demolición del viejo régimen y la nueva democracia. Son muchas las historias que escucharemos tras su muerte, quizás la tragedia más inconmensurable sea la pérdida de su memoria, memoria plagada de momentos únicos en nuestra más reciente historia. Es un legado terrible para un hombre de su importancia, que, tras tanto vivido, su recuerdo no fuera nada más que el olvido de quien fue. Con sus defectos y virtudes, por encima de todo, fue un político honesto y honrando en tiempos difíciles, y eso es mucho, lo suficiente para convertirse en una figura indispensable en los libros de historia.
En mi casa, como en otras muchas supongo, apenas se hablaba de política, y cuando se hacía se hacía en voz baja. Mi abuela y mis padres, que habían vivido la Guerra Civil, conservaban un miedo residual, casi imborrable, de quienes habían sentido los bombardeos de aquella contienda, de cuando había que tragar saliva cuando se tropezaban con un fusilado en la cuneta de una carretera cualquiera, de los que temían una llamada a la puerta a medianoche. La transición fue el inicio del punto y final de ese miedo, con el paréntesis del 23F que resucitó muchos fantasmas del pasado. El resultado fue un movimiento imparable del que surgiría un periodo de estabilidad política encomiable. Adolfo Suárez fue ese puente, un eslabón necesario entre dos mundos opuestos, el agente determinante en la demolición del viejo régimen y la nueva democracia. Son muchas las historias que escucharemos tras su muerte, quizás la tragedia más inconmensurable sea la pérdida de su memoria, memoria plagada de momentos únicos en nuestra más reciente historia. Es un legado terrible para un hombre de su importancia, que, tras tanto vivido, su recuerdo no fuera nada más que el olvido de quien fue. Con sus defectos y virtudes, por encima de todo, fue un político honesto y honrando en tiempos difíciles, y eso es mucho, lo suficiente para convertirse en una figura indispensable en los libros de historia.
"Yo no acostumbro a
amenazar. Sólo advierto una vez. El día que me toquen a alguno de mis
hombres se acabó el estado de derecho".
Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/180543/0/pinochet/frases/polemicas/#xtor=AD-15&xts=467263
Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/180543/0/pinochet/frases/polemicas/#xtor=AD-15&xts=467263
"Yo no acostumbro a
amenazar. Sólo advierto una vez. El día que me toquen a alguno de mis
hombres se acabó el estado de derecho".
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"Yo no acostumbro a
amenazar. Sólo advierto una vez. El día que me toquen a alguno de mis
hombres se acabó el estado de derecho".
Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/180543/0/pinochet/frases/polemicas/#xtor=AD-15&xts=467263
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lunes, 14 de octubre de 2013
SUBEN LOS PARTIDOS, BAJA LA SANIDAD
En los Presupuestos Generales del Estado para el 2014 han subido un 27,9% los fondos destinados a los partidos políticos. En cambio, en Sanidad menguan un 35,6%. Ya saben que, en la primavera del año que viene, hay elecciones europeas, de tal forma que se considera una prioridad la difusión electoral antes que menudencias inoportunas relacionadas con la salud. Como si los tradicionales mítines sirvieran para otra cosa que para jalear a los incondicionales, los empuña banderitas entusiastas y poco dados al desánimo. Un gasto en infraestructuras narcisistas de autobombo y onanismo político.
sábado, 3 de agosto de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
LA POLITICA Y EL MIEDO
Ha sido una noticia impactante, un parado en Italia, debido a su frustración económica, pretendía asesinar a algún político, supongo que al primero que se pusiera a tiro. Lo malo del asunto es que, quién se interpuso entre sus balas y su hipotético objetivo, fue la policía y una mujer embarazada, lo que convierte todo el asunto en un negro esperpento de una situación social más que delicada. No ha terminado de gustarme la tira cómica que a continuación publico, quizás porque, cuando estaba elaborándola, me he acordado de otros tiempos, en los que los políticos si eran el blanco de algunos necios que pretendían imponerse entre vísceras y sangre. La monstruosidad del tiro en la nuca o la cobardía de la bomba lapa, toda una galería de intolerancia nauseabunda. Sin embargo, la finalidad es ilustrar una situación algo diferente, aunque en su raíz puede ocultar otro tipo de estulticia.
Puede ser que tan desquiciado acto despierte las simpatías de algunos, de los que piensan que la clase política se merece un buen escarmiento, que la corrupción y la incompetencia pueden ser más que simples palabras, que bajo su significado se esconden los dramas de muchas familias, en la más absoluta desesperación. También es posible que bajo el ala de esa disconformidad, aniden también los que son de la opinión de que los políticos son prescindibles, como si esa entelequia pudiera hacerse realidad. Cuando se pretende acabar con con esa clase dirigente, se insinúa que los sustitutos del tal sistema serían una especie de ángeles custodios, cuando tan políticos son unos como otros. Las dictaduras no los eliminan, tan sólo erradican, entre otras cosas, la libertad en todos sus aspectos. Es una idea algo difundida en la calle de que, un sistema férreo, termina acabando con la corrupción, cuando en realidad solo se trata de ocultarla y de cercenar la voluntad de quienes pretendan denunciarla. El dicho popular de "esto con Franco no pasaba" es bastante indicativo, aunque debería ser sustituido por "esto con Franco no se difundía", que es una cosa radicalmente distinta. Un buen tratamiento contra este ingenuo error sería una revisión del clásico de Berlanga "La escopeta nacional".
Hay que respetar a la clase política, porque salvo que un día alcancemos cierto grado de utopía, no se puede construir una sociedad de otra manera. Lo que hay que considerar es la cimentación de un sistema lo menos corrupto posible, porque, siendo realistas, no hay forma humana de extirpar tal defecto del carácter de los hombres. Sinceramente quién no sería capaz de meter la mano en la cinta transportadora imaginaria en la que circula continuamente el vil metal. Recuerdo un chiste de un tipo que visita a un amigo político y se queda asombrado por el nivel de vida de éste. Una gran casa, un buen coche y mucho lujo le hace preguntarle, "¿De dónde has sacado todo esto?". El político le responde "¿Puedes ver aquella autovía de 6 carriles?, pues de ahí". El tipo vuelve a su casa y se hace con un cargo de responsabilidad en el gobierno. El amigo de la gran casa y el buen coche le devuelve la visita de cortesía y observa que también nada ahora en la abundancia. Le pregunta, "¿De dónde has sacado todo esto?". El nuevo político le dice, "¿Puedes ver aquella autovía de 6 carriles?", "No, no veo nada", le responde. "Pues de ahí".
En situaciones desesperadas suelen emerger soluciones desesperadas, pero, cuando esto ocurre, el término solución se transforma en alienación. "Con la promesa de esas cosas, las bestias alcanzaron el poder, pero mintieron, nunca han cumplido sus promesas y nunca las cumplirán", decía Chaplin en su célebre discurso de "El gran dictador", equiparable a aquel de Burt Lancaster en "Vencedores o vencidos" que trataba de justificar lo inexplicable y contestado por la contundente condena del juez, Spencer Tracy, con estas acertadas palabras:
"Pero este juicio ha demostrado que durante una crisis nacional personas normales, incluso hombres capaces y excepcionales, pueden engañarse a si mismos hasta cometer crímenes tan espantosos e ingentes que rebasen cuanto pueda imaginarse. Nadie que haya asistido a este juicio podrá olvidarlos nunca. Hombres esterilizados a causa de sus ideas políticas, la amistad y la confianza cruelmente escarnecidos, el asesinato de niños… Con cuánta facilidad sucede. Reconozco que también en nuestro país hay quienes hablan de la protección de la patria, de supervivencia. Llega un momento en que todo país debe tomar una decisión en el preciso momento en el que el enemigo se aferra a su garganta. Entonces parece que el único medio de sobrevivir es emplear los medios del enemigo. Hay que sobrevivir como sea, por encima de todo, sin escrúpulos. En tal caso, yo me pregunto: ¿Sobrevivir como qué? Una nación no es una roca, tampoco es la prolongación de uno mismo. Es la causa que defiende, es aquello que defiende cuando defender algo es lo más difícil."
No pienso ni por asomo que la circunstancias actuales tengan cualquier parecido con aquella realidad terrible. No es el mismo momento histórico, ni tampoco nosotros somos los mismos hombres, somos el resultado de otra época, de otros condicionantes, y toda referencia a ese pasado es sin duda exagerada. Por eso, tildar a los que practican el escrache de nazis es una estupidez y, sobre todo, una ofensa a los que si fueron perseguidos hasta la muerte por tan despreciable ideología. Supongo que a algún que otro superviviente del gueto de Varsovia esta comparación le resultará no solo una soberana tontería, sino una ofensa incuestionable. Y es que, en no pocas ocasiones, las comparaciones que pretenden impactar para llamar la atención, comenten un acto impropio de cualquier mente que se considere racional. Pero, estando muy lejos de aquel nefasto pasaje de la historia, si debe preocuparnos el surgimiento de algunos partidos extremistas que están alcanzando cierta representatividad en algunos países, léase el caso de Grecia, que en sus primeros pasos de su recientemente estrenada actividad política ya han demostrado su calaña. No obstante, algo está pasando en nuestra sociedad, aunque tenga la apariencia de hechos aislados. El escrache, suicidios por desahucios y el incidente de Italia son indicativos del momento de incertidumbre que una clase política, perdida en la inmensidad de sus desaciertos, parece sumida y sin remisión.
No me gusta que los descontentos por una situación desgarradora acudan al domicilio particular de los políticos, no me gusta que se haya optado por un camino sin retorno por parte de los desesperados, un camino que empieza a oler a muerte, no me gusta que algunas ideologías repugnantes, que permanecían agazapadas, aprovechen la situación para hundir en la sociedad sus garras de odio e intolerancia y tampoco me gusta que los políticos se alejen cada vez más de la calle, que se sumerjan en su particular mundo de macro-economía, que se aislen en su búnker de las grandes medidas de pequeños resultados. No me gusta el futuro, porque cada vez parece menos futuro y, finalmente, no me gusta el pesimismo, porque oculta en sus entrañas una salida que a buen seguro existirá, no puede ser de otra forma. La vieja Europa camina dando tumbos y su viejo esqueleto parece desmoronarse, quizás por que su cabeza pretende ir a una velocidad que sus extremidades no pueden asumir. Puede ser el momento de pararse a pensar, de unificar criterios y coordinar un movimiento más acorde con el cuerpo, un movimiento sin precipitación que sepa esperar a que la sangre recorra los infinitos rincones de su anatomía. Y esos políticos ineficaces e incompetentes tendrán que cambiar o ceder el paso a otros con mejores ideas, porque al fin y al cabo no nos podemos permitir bajo ningún concepto un nuevo orden. No nos podemos permitir otro incendio del Reichstag y mucho menos una noche de los cristales rotos. Seguramente no será así, no es el momento ni el lugar, pero nunca puede ser malo recordar, es el patrimonio de la memoria y en su aplicación moral se encuentra su mejor arma.
martes, 26 de marzo de 2013
BLOGUERO NEGADO EN ECONOMIA SE OFRECE PARA SOLVENTAR LA CRISIS A UN PRECIO MÓDICO
No me cabe la menor duda que arreglar el desastre económico en el que estamos sumidos no es tarea fácil. Es la hora de los talentos, de la inteligencia y la habilidad, de los que tienen un sentido especial, de los brillantes, de los imaginativos, en suma de los capacitados. Sucede no obstante, que parece que la mediocridad nos ha invadido de forma pertinaz, igual que la sequía perseguía sin remisión a un tipo mediocre que fue elegido caudillo por la gracia de Dios. Es la misma cantinela, lo anodino avanza un paso hacia delante para salvarnos del desastre, un paso que siempre suele resultar fatal porque conduce al abismo. Nuestros políticos, tan necesarios pero con una falta evidente de talento, han optado por solucionar la crisis económica aplicando medidas tan simplonas como poco inspiradas. En España, estas terrible secuelas económicas, nos ha sumido en una depresión, no sólo en el sentido pecuniario sino también en el ánimo generalizado de una población, que observa con impotencia como nuestros avances sociales se han ido a las cloacas del sistema. Nuestra economía, ciertamente precaria, se ha sostenido en un banco con muy poca estabilidad, y una de sus patas, la de la construcción, ha hecho que no se mantenga en pie. Porque, cierto bienestar social, sobrevivió durante algún tiempo con la dichosa burbuja inmobiliaria, una especie de bomba de relojería que se fueron pasando unos a otros hasta que estalló. Que le explotara en la narices a Zapatero fue solo una cuestión de mala suerte, o quizás no, porque ni él ni otros supieron tener la suficiente visión para darse cuenta de que la economía de un país no se puede sustentar con algo tan precario como levantar casas a diestro y siniestro, un acto, por otra parte, que hipotecaría el futuro, en todos los sentidos, y que forjaría una corrupción tan perseverante como el pez piloto que acompaña incansablemente al tiburón, comiéndose los restos de sus frenéticos festines.
Una vez que el monstruo de la crisis se instaló en nuestro país, llegó el momento de aportar soluciones, de encontrar el camino para reconducir semejante desastre. Y fue ahí en donde nuestros políticos fueron al bulto, a lo obvio, a la salida rápida. Para tapar los agujeros del estado se bajó el sueldo a los funcionarios, después se quedaría en el limbo la paga extra de navidad, se eliminaron las ayudas sociales, congelación de las pensiones, incremento de las retenciones salariales, se abarató el despido, se subieron los impuestos, IVA incluido, se sometió a un proceso de letargo las obras e infraestructuras. Para combatir el paro juvenil se han aprobado medidas fiscales que no serán de gran utilidad, porque una empresa en crisis no necesita más empleados cuando está sumida en un mercado abúlico. Primero hay que activar la economía para que las empresas incrementen sus objetivos y de esa forma necesitaran, independientemente de las ayudas, un aumento de personal que garantice su crecimiento. Por otra parte esas medidas, en forma de manta precaria que no te cubre los pies si quieres taparte la cabeza, olvida a los veteranos laborales, los mayores de 40 o de 50 años en paro, cuyo futuro les convierte en ancianos laborales.
Como figura amenazante, cual espada de Damocles o viaje al corazón de las tinieblas, del que hablaba Joseph Conrad, están los famosos rescates a países en dificultades extremas. Claro que, según las condiciones en la que éstos quedan, más que de un rescate debería llamarse directamente secuestro, secuestro, por otra parte que puede acabar con la defunción del sujeto que lo sufre, o en este caso de una salida del euro que se nos antoja un desafío extremo de consecuencias aún no definidas. El último bombazo al respecto viene de Chipre y su intervención en el sistema bancario, que ha llevado a la isla mediterránea a un no confesado corralito, término éste que por sí mismo produce un pánico nada disimulado. Poco importa si algunos han exagerado al calificar a la totalidad de ahorradores chipriotas de contrabandistas rusos o de turbios evasores de capital a paraísos fiscales. El miedo no atiende a reflexiones sesudas, y cualquier explicación esforzada pasa delante de sus oídos como una brisa apenas perceptible. Inaudita fue la autoría de las medidas sobre los pequeños capitales. Ni las autoridades locales ni las europeas quisieron hacerse responsables de las primeras medidas sobre los depósitos chipriotas. "Yo no he sido" parecía la excusa de muchos, equiparable a la gamberrada de algún colegial, y como tales, deberían ser castigados a no salir de sus despachos hasta reconocer la culpa.
Para este desmadre político y sus medidas poco inspiradas me ofrezco, para hacer lo mismo, pero cobrando muchísimo menos y eliminando una legión inabarcable de burócratas y cargos infructuosos. No les prometo milagros, tomaré las mismas decisiones y no les sacaré de la crisis, pero les saldrá infinitamente más barato. Total, no tengo ni puñetera idea de economía.
Como figura amenazante, cual espada de Damocles o viaje al corazón de las tinieblas, del que hablaba Joseph Conrad, están los famosos rescates a países en dificultades extremas. Claro que, según las condiciones en la que éstos quedan, más que de un rescate debería llamarse directamente secuestro, secuestro, por otra parte que puede acabar con la defunción del sujeto que lo sufre, o en este caso de una salida del euro que se nos antoja un desafío extremo de consecuencias aún no definidas. El último bombazo al respecto viene de Chipre y su intervención en el sistema bancario, que ha llevado a la isla mediterránea a un no confesado corralito, término éste que por sí mismo produce un pánico nada disimulado. Poco importa si algunos han exagerado al calificar a la totalidad de ahorradores chipriotas de contrabandistas rusos o de turbios evasores de capital a paraísos fiscales. El miedo no atiende a reflexiones sesudas, y cualquier explicación esforzada pasa delante de sus oídos como una brisa apenas perceptible. Inaudita fue la autoría de las medidas sobre los pequeños capitales. Ni las autoridades locales ni las europeas quisieron hacerse responsables de las primeras medidas sobre los depósitos chipriotas. "Yo no he sido" parecía la excusa de muchos, equiparable a la gamberrada de algún colegial, y como tales, deberían ser castigados a no salir de sus despachos hasta reconocer la culpa.
Fuera o no necesaria susodicha intervención, lo cierto es que una desconfianza viaja a sus anchas por el viejo continente. Desconfianza puede que no demasiado sustentada en la realidad, pero por su naturaleza de desmadre económico, ciertamente descontrolada. En medio de semejante clima, nada halagüeño para la estabilidad emocional de cualquier sistema político, viene el lumbreras del presidente del Eurogrupo, el señor Jeroen Dijsselbloem, y manifiesta que «Chipre será el modelo de futuros rescates», provocando un revuelo de consecuencias nefastas. Estas declaraciones probablemente harían correr ríos de esquizofrenia colectiva entre las autoridades de Bruselas, que debieron pensar, en una primera medida fruto de su frustración, colgar del palo de mesana al mencionado e impronunciable Jeroen Dijsselbloem, que tuvo que salir, cual bombero equipado con un lanzallamas, y decir, «el caso de Chipre es único y no puede ser usado como modelo o patrón». Pero el daño está ya hecho, y no son pocos los que piensan en volver al método tradicional de guardar sus ahorros debajo del colchón, una acción que generalizada podrían llevarnos a la madre de todas las crisis. Se castigó a los que despilfarraron, con aquella frase lapidaria de que "habíamos vivido por encima de nuestras posiblidades", y ahora se siembra la incertidumbre en los que optaron por generar ahorro, volviéndonos a todos locos y con un abanico de soluciones a la cual más pintoresca. Quizás las autoridades, una vez que no existan fondos algunos en los bancos, deban recurrir a los recaudadores de impuestos, como el tradicional sheriff de Nottingham, que ponía patas arriba las casas de los sufridos contribuyentes, en busca de alguna moneda perdida que llevarse a la bolsa. Claro que, este tipo de personajes, pueden generar los oportunos Robin Hood.
lunes, 18 de marzo de 2013
NO PROFANAR EL SUEÑO ETERNO: LA HISTORIA DEL PAPA FORMOSO
En las últimas horas de Cristo, una vez arrestado, fueron pocas las ocasiones en que articuló palabra alguna, así que cuando dijo aquello de "Mi reino no es de este mundo" ante Poncio Pilatos, quedó grabado en la memoria colectiva para siempre. Memoria colectiva que debió extirpar la iglesia, pues no ha existido un estamento que se haya arraigado más en en este mundo, formando parte ya activa de las intrigas de palacio y de las conspiraciones políticas.
En estos días de quinielas papales y humos de chimeneas, me viene a la memoria la peculiar historia de un Papa, cuyos avatares no le abandonaron ni después de su muerte. Se trata del Papa número 111 de la iglesia católica e impartió su mandado desde el año 891 al 896. Como cualquier otro miembro del poder religioso, no se pudo resistir a las intrigas políticas de su época, lo que a la postre le traería muchas complicaciones, como no podía ser de otra forma, en un mundo que obliga a lealtades envenenadas de enemigos colaterales o sencillamente directos, sin paliativos. Venganza y esperpento se unieron a la suerte del Papa Formoso que pondría en solfa cualquier sentido equitativo de la lógica y en último caso de la justicia más elocuente.
En estos días de quinielas papales y humos de chimeneas, me viene a la memoria la peculiar historia de un Papa, cuyos avatares no le abandonaron ni después de su muerte. Se trata del Papa número 111 de la iglesia católica e impartió su mandado desde el año 891 al 896. Como cualquier otro miembro del poder religioso, no se pudo resistir a las intrigas políticas de su época, lo que a la postre le traería muchas complicaciones, como no podía ser de otra forma, en un mundo que obliga a lealtades envenenadas de enemigos colaterales o sencillamente directos, sin paliativos. Venganza y esperpento se unieron a la suerte del Papa Formoso que pondría en solfa cualquier sentido equitativo de la lógica y en último caso de la justicia más elocuente.
Antes de ostentar el cargo de cabeza visible de la iglesia, fue obispo de la diócesis suburbicaria de Porto, demostrando buenas dosis de diplomacia que le llevaron a Bulgaria en donde consiguió nada más y nada menos que la conversión de su rey al catolicismo. Un éxito que como siempre viene acompañado de no pocas envidias. En el año 877 apoyó la coronación de Arnulfo como rey de Italia en claro enfrentamiento al por entonces Papa Juan VIII, quien apoyaba a Carlos II, provocando su expulsión de su diócesis e incluso la propia excomunión, que por cierto levantó otro Papa, Marino I, en el año 883. Tan sólo siete años después fue elegido Papa en medio de una vorágine de luchas de poder en las que Formoso seguía apoyando a Arnulfo frente a Lamberto de Spoleto que lo hizo prisionero en Castel Sant´Angelo. Formoso moriría en abril del 896, probablemente envenenado. El emperador Arnulfo decidió abandonar Roma para luchar contra sus enemigos del sur, cayendo enfermo, lo que aprovechó Lamberto de Spoleto para entrar a Roma, con el apoyo incondicional del nuevo Papa, Esteban VI. Aquí la historia se torna ciertamente siniestra con la aparición de la madre de Lamberto, Angeltrudis, que forma parte ya de la tradición de progenitoras ambiciosas, matriarcales bajo la sombra del poder, que siempre conspiran para que sus vástagos alcancen el poder. Se podrían escribir muchas páginas sobre esas madres históricas que utilizaron mil y una artimaña para que sus hijos ejercieran sus más elevadas aspiraciones. Esteban VI se mostró excesivamente atento ante Angeltrudis, hasta el punto de participar en una venganza macabra, en la que la madre de Lamberto pretendía juzgar a Formoso por no haber apoyado a su hijo. El hecho de que estuviera ya muerto y enterrado no fue óbice para impedir semejante y descabellado proceso judicial.
De tal manera que a principios de 897 se inició un concilio llamado "Cadavérico" en el que se hizo comparecer a los restos de Formoso, aún con sus hábitos pontificales. Un clérigo se hizo cargo de la defensa de un acusado que poco podía decir en semejantes circunstancias. Algunas fuentes indican que el tal clérigo se situó detrás del cadáver de Formoso, ejerciendo como una especie de ventrílocuo y contestando a las preguntas de la acusación. Acusación, por cierto, que declaró culpable al infortunado Papa por el simple delito de haber abandonado la diócesis de Porto para ocupar el puesto de San Pedro en Roma. Su condena se hizo práctica despojando al cadáver de sus vestiduras, arrancándole los tres dedos con los que impartía las bendiciones e invalidando su elección como Papa, así mismo como todos sus actos ejercidos como tal. Cuentan que los restos de Formoso sufrieron todo tipo de profanaciones, siendo depositados, según algunos, en un lugar secreto y, según otros, en un cementerio profano. Pero aquí no acabarían las andanzas de tan insigne cadáver. Teodoro II, cuyo pontificado duró apenas 20 días, convocó un sínodo romano que anuló la sentencia y Formoso fue perdonado y sepultado con todos los honores en la Basílica de San Pedro. No obstante, la incansable familia de los Spoleto seguían ejerciendo su particular saña contra el Papa que les había perjudicado y promovieron a un futuro pontífice, Sergio III, al que poder manejar convenientemente. Y así sucedió, el esperpento cobró de nuevo un inusitado protagonismo, en forma de odio hacía una figura histórica como la que nos ocupa y Sergio III convoca un un nuevo juicio contra el maltrecho cadáver, en donde se le vuelve a encontrar culpable, siendo sus restos arrojados al río Tïber. Cuenta la leyenda que el obstinado Formoso se niega a desaparecer en tan ignominiosas circunstancias y queda atrapado en las redes de un pescador, que oculta los restos hasta la muerte de Sergio III, consiguiendo descansar por fin en la Basílica de San Pedro. Como curiosidad, en 1464 se desaconsejó al cardenal Pietro Barbo, cuando fue escogido como Papa, que eligiera llevar el nombre de Formoso II, no fuera que aquella denominación encerrara en sí misma una maldición de consecuencias impredecibles. Pero, lo cierto es que, esta página de la historia del odio de una familia hacia un hombre, en este caso de la relevancia de un Papa, resulta fascinante y de como, a pesar de las vicisitudes, un cadáver se resistió a la infamia como nunca lo había hecho otro. Será cierto eso que dicen de que la muerte no es el final...
De tal manera que a principios de 897 se inició un concilio llamado "Cadavérico" en el que se hizo comparecer a los restos de Formoso, aún con sus hábitos pontificales. Un clérigo se hizo cargo de la defensa de un acusado que poco podía decir en semejantes circunstancias. Algunas fuentes indican que el tal clérigo se situó detrás del cadáver de Formoso, ejerciendo como una especie de ventrílocuo y contestando a las preguntas de la acusación. Acusación, por cierto, que declaró culpable al infortunado Papa por el simple delito de haber abandonado la diócesis de Porto para ocupar el puesto de San Pedro en Roma. Su condena se hizo práctica despojando al cadáver de sus vestiduras, arrancándole los tres dedos con los que impartía las bendiciones e invalidando su elección como Papa, así mismo como todos sus actos ejercidos como tal. Cuentan que los restos de Formoso sufrieron todo tipo de profanaciones, siendo depositados, según algunos, en un lugar secreto y, según otros, en un cementerio profano. Pero aquí no acabarían las andanzas de tan insigne cadáver. Teodoro II, cuyo pontificado duró apenas 20 días, convocó un sínodo romano que anuló la sentencia y Formoso fue perdonado y sepultado con todos los honores en la Basílica de San Pedro. No obstante, la incansable familia de los Spoleto seguían ejerciendo su particular saña contra el Papa que les había perjudicado y promovieron a un futuro pontífice, Sergio III, al que poder manejar convenientemente. Y así sucedió, el esperpento cobró de nuevo un inusitado protagonismo, en forma de odio hacía una figura histórica como la que nos ocupa y Sergio III convoca un un nuevo juicio contra el maltrecho cadáver, en donde se le vuelve a encontrar culpable, siendo sus restos arrojados al río Tïber. Cuenta la leyenda que el obstinado Formoso se niega a desaparecer en tan ignominiosas circunstancias y queda atrapado en las redes de un pescador, que oculta los restos hasta la muerte de Sergio III, consiguiendo descansar por fin en la Basílica de San Pedro. Como curiosidad, en 1464 se desaconsejó al cardenal Pietro Barbo, cuando fue escogido como Papa, que eligiera llevar el nombre de Formoso II, no fuera que aquella denominación encerrara en sí misma una maldición de consecuencias impredecibles. Pero, lo cierto es que, esta página de la historia del odio de una familia hacia un hombre, en este caso de la relevancia de un Papa, resulta fascinante y de como, a pesar de las vicisitudes, un cadáver se resistió a la infamia como nunca lo había hecho otro. Será cierto eso que dicen de que la muerte no es el final...
jueves, 21 de febrero de 2013
miércoles, 23 de enero de 2013
lunes, 27 de agosto de 2012
domingo, 15 de julio de 2012
CUESTION DE ZORRAS
Hoy se me antoja reproducir una escena de "Cazador blanco, corazón negro". Me apetece y no sabría esgrimir algún motivo concreto, debe ser algo del subconsciente, algo que haya oído en algún sitio, algo que me reconcome y no logro su correcta ubicación. Alguna circunstancia ha debido pasar estos días, para que tenga la necesidad imperativa de reproducir el siguiente diálogo de la excelente película de Eastwood:
“- Me gustaría mucho contarle una anécdota, pero no debe interrumpirme, porque es demasiado bonita como para hacerlo. Estando yo en Londres, a principios de los 40 cenaba yo en el Saboy con un grupo de gente selecta, y a mi lado se sentaba una mujer bellísima, tanto como usted. Mientras cenábamos y caían las bombas, hablábamos de Hitler y le comparábamos con Napoleón. Todos decíamos cosas acertadas, y luego, de repente, aquella mujer habló y dijo que lo único que no le molestaba de Hitler era cómo trataba a los judíos. Naturalmente todos nos lanzamos contra ella, aunque en aquella mesa no había ningún judío, pero ella insistía. En fín, ella empezó a decir lo que opinaba de todo aquello, y que si pudiera los mataría a todos, quemándolos en hornos, igual que Hitler. Todos nos quedamos en silencio. Hasta que yo, dirigiéndome a ella le dije: señora, le aseguro que he cenado con alguna de las zorras más asquerosas de mi época, y he cenado con alguna de las zorras más asquerosas del mundo entero, pero usted, señora, es la zorra más asquerosa de todas. En fin, ella se levantó para irse, tropezó con una silla y cayó al suelo y... todos seguimos sentados. Nadie movió un dedo para ayudarla. Y al final cuando pudo levantarse, le dije una vez más: usted, querida, es la zorra más asquerosa con la que he cenado jamás. ¿Y sabe qué ocurrió? Al día siguiente ella fue a denunciarme a la embajada americana, y me llamaron para reñirme. Y luego cuando investigaron, averiguaron que ella era un agente alemán, y la detuvieron. ¿Qué le parece?
- ¿Por qué me ha contado esa anécdota?
- Pues... no sé. No es que crea que es usted un agente alemán, querida. Pero esta noche... tenía ganas de decirle a usted lo mismo, y no quería que pensara que no lo había dicho nunca. Usted señora es la... bueno, ya conoce el resto.”
lunes, 26 de marzo de 2012
LOS BENEFICIARIOS DEL PER LOS MAS RICOS DEL MUNDO
Según la revista Forbes, son muchos los agricultores andaluces que aparecen en la lista de los más ricos del mundo. En declaraciones a la agencia EFE del conocido economista Speculo Bolsator, "Son muchos los agricultores que, gracias al conocido subsidio agrario conocido como PER, han adelantado en la lista a ricos famosos como Bill Gates o Amancio Ortega". Esta y otras razones, como la incultura más galopante y la pereza más indignante, son las razones por las que en Andalucía no se ha producido un cambio político en las elecciones celebradas en el día de ayer. Fuentes bien informadas, anuncian que se está estudiando quitar el voto a los andaluces y que sea una junta rectora la que dictamine el buen gobierno de tan inmovilista región de España.
viernes, 23 de marzo de 2012
EL LIBRO OLVIDADO. CAPITULO V. VIGILANTES DEL ALMA
Es un hecho bien conocido que, para las esferas religiosas, el ateísmo no es una opción en sí misma sino un craso error filosófico de consecuencias devastadoras y enemigas de la verdad. En un libro titulado “Con Dios y contra Dios”, publicado en los años 60, se llegan a lanzar las siguientes puyas contra el ateísmo: “Veremos cómo el ateísmo, bajo cualquier forma que se presente no es racional, ya que es intrínsecamente contradictorio y supone una violencia que el hombre se hace a su misma naturaleza, un desconocimiento de los principios objetivos, constitutivos de la vida espiritual” o “El liberalismo, que está agonizando en la vida política, ha logrado así el primer triunfo en la batalla sostenida por emancipar la cultura de la religión y de la teología. El marxismo ateo es una vegetación alimentada por la putrefacción liberar y constituye, bajo ciertos aspectos, una actitud de necia sinceridad y radicalidad, alimentada aún por una presencia del Absoluto”. Esta hostilidad podría ser un recuerdo en el subconsciente colectivo de los teólogos, una suerte de deseo imperecedero del control total. Pero, en honor de la verdad, no ha sido exclusivo de la religión ese dominio de almas y conciencias, porque de una forma u otra se ha extendido sobre otras formas de pensamiento. El deseo de vigilancia, de conducir conductas y de reprimir opciones en su libre desarrollo, han sido el vehículo desbocado que ha utilizado unos y otros, independientemente de sus creencias.
La historia contemporánea es el tiempo en el que la secularización de la cultura y del conocimiento produce el verdadero cisma religioso. No se trata pues de expresar un miedo al ateísmo en sí, muy al contrario, la iglesia se ha mantenido a pesar de sus enemigos, ya fueran espirituales o dogmáticos, sino de la falta de control de la misma cultura. Esa separación de la vida pública, esa carencia del poder de las masas que otrora ejerciera es lo que provoca la sensación de perdida irreparable. Este es el motivo de que otras religiones hayan aprendido la lección en cabeza ajena, y quieran sojuzgar a la población empleando la violencia más extrema si fuera posible, para erradicar cualquier deseo secularizador. El poder máximo ejercido actualmente no viene solo de la política y de sus compañeros de viaje, sino de ciertas religiones que aún se desesperan por acaparar el control de la vida cotidiana. La revolución islámica ha tratado, por todos los medios, de evitar que el dominio del puebl
o se les escapara, y la mejor manera de impedirlo es inmiscuirse en sus vidas, pues quien controla el espíritu controla a su vez al hombre. Ausentes casi todas las dictaduras en las que la vigilancia del ser humano se expresaba a través de su control político de forma casi enfermiza, recuerden “1984” de Orwell, hay que evitar a toda costa la libertad de opción del individuo. Las religiones occidentales fueron perdiendo, casi sin darse cuenta, esa hegemonía en la vida pública como consecuencia del liberalismo, pues este era consciente de que, para ofrecer sus particulares ventajas sobre el marxismo, debería permitir ciertos relajamientos en la vida ordinaria. Eso y el devenir de los tiempos, siempre en consonancia con un progreso imparable o por lo menos casi inevitable. La vigilancia de “El Gran Hermano” orwelliano era contestada por la posibilidad de la privacidad del capitalismo. El comunismo era pues una religión sin Dios que ejercía el control sobre todas las cosas y que se transformaba en otra clase de opio, no el que hacía dormitar al individuo sino el que lo reprimía. El Dios tradicional era el vigilante de los actos, el perpetuo soldado vigilante de la moral y de la intimidad del hombre. El verdadero creyente sentía sobre sus espaldas el eterno juez que contemplaba hasta la más rutinaria acción. Este condicionante se había impuesto de forma inconsciente, cambiado los preceptos de la moral natural por una más que e
xigente moral religiosa. Una forma pues de reprimir la libertad del hombre hasta extremos absurdos, aunque tal opresión era en muchos casos ficticia y, bajo el sentimiento de aparente culpabilidad ante actos inmorales, se escondía la hipocresía más evidente. Debemos tener en cuenta, no obstante, que la psicología del ser humano es extremadamente variable y que, en determinado casos, se condiciona directamente a la individualidad particular del ego y también a los condicionantes del entorno. Si existiera una ética verdadera y universal que pudiera determinar que actos son buenos y cuales son perversos, siempre habría el reverso de una moral subjetiva que mantuviera una opinión opuesta. Algunos comportamientos claramente ofensivos para las más elementales normas de convivencia, han sido ejercidos por quienes creían que eran el referente más sublime de la auténtica moral. El Santo Oficio torturaba y cometía actos aberrantes en nombre de la fe y, por lo tanto, el Dios que vigilaba tal comportamiento lo respaldaba en cuanto tales acciones eran la mayor ofrenda que sus servidores podían ofrecerle. El genocidio como comportamiento más que habitual, en determinados momentos históri
cos, se ha perpetrado en el sano juicio de que no eran actos impuros, sino justificados por necesidades que, aunque dolorosas, eran de obligado cumplimiento para la eliminación de un enemigo aún más detestable que el propio acto de su purgación. Lo que Dios realizaba con el sólo hecho de existir, se ha extrapolado al caudillo o líder. La divinidad vigilaba a través de sus ojos el alma humana y, sus más fervientes defensores, actuaban de ejecutores de la voluntad supuestamente omnipresente. El líder obtiene su poder de la masa, se aprovecha de su falta de individualismo y ejerce su dominio. Dominio ejercido a través de una red sofisticada de ejecutores, que obtienen una pequeña ración de poder, lo suficientemente satisfactoria, como para cumplir todas las directrices marcadas por quien ostenta la representación absoluta de la masa. Esa transgresión a la individualidad ha sido la verdadera esencia de la moral religiosa más asfixiante, y también lo ha sido y seguirá siendo de los regímenes más opresores. Es evidente, en tales circunstancias, que el ateísmo en sí mismo no es una negación de la naturaleza humana, ni tan siquiera un determinante básico del comportamiento ético, sino una forma de expresar su posición ante la vida y ante lo inexplicable. Las consecuencias de tales opiniones no son, en la medida de su conocimiento, una reacción exclusiva ante el comportamiento ético o el descrédito religioso, sino una forma de comprender su idiosincrasia más trascendente. lunes, 21 de noviembre de 2011
NOCHE DE ELECCIONES: LA SOLEDAD DEL PERDEDOR

Tras una noche electoral siempre es interesante ver al perdedor, sus gestos, sus palabras, su infinita soledad. Creo que mejor que escribir unas reflexiones tediosas sobre el respecto, es ofrecer la visión humorística que sobre el tema nos ofreció Kim por medio de los divertidos personajes de "Martínez el facha".













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