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jueves, 21 de marzo de 2013

LAS MEJORES PELICULAS DEL CINE ESPAÑOL



Mi buen amigo Lazoworks ha tenido la idea de publicar su particular selección de las mejores películas del cine español. Teniendo en cuenta lo que me gusta una buena lista, una vez más y para que eternamente sirva de precedente, me he animado a elaborar la mía, 60 películas que aquí les presento:

-PLÁCIDO (1961-LUIS GARCÍA BERLANGA)
-EL VERDUGO (1963-LUIS GARCÍA BERLANGA)
-EL CEBO (1958-LADISLAO VAJDA)
-LA CAZA (1965-CARLOS SAURA)


-EL PISITO (1959-MARCO FERRERI)
-EL COCHECITO (1960-MARCO FERRERI)
-PATRIMONIO NACIONAL (1981-LUIS GARCÍA BERLANGA)
-EL CRACK (1981-JOSÉ LUIS GARCI)


-LA VAQUILLA (1985-LUIS GARCÍA BERLANGA)
-LA COLMENA (1982-MARIO CAMUS)
-LOS SANTOS INOCENTES (1984-MARIO CAMUS)
-ATRACO A LAS TRES (1962-JOSE MARÍA FORQUÉ)


-LA ESCOPETA NACIONAL (1978-LUIS GARCÍA BERLANGA)
-¡VIVAN LOS NOVIOS! (1970-LUIS GARCÍA BERLANGA)
-¡BIENVENIDO, MÍSTER MARSHALL! (1953-LUIS GARCÍA BERLANGA)
-SESIÓN CONTINUA (1984-JOSÉ LUIS GARCI)


-EL EXTRAÑO VIAJE (1964-FERNANDO FERNÁN-GÓMEZ)
-COMO UN RELÁMPAGO (1996-MIGUEL HERMOSO)
-TRUHANES (1983-MIGUEL HERMOSO)
-LOS DINAMITEROS (1964-JUAN GARCÍA ATIENZA)


-NO PROFANAR EL SUEÑO DE LOS MUERTOS (1974-JORGE GRAU)
-LA MUERTE TENIA UN PRECIO (1965-SERGIO LEONE)
-POR UN PUÑADO DE DÓLARES (1964-SERGIO LEONE)
-EL BUENO, EL FEO Y EL MALO (1966-SERGIO LEONE)


-SOLAS (1999-BENITO ZAMBRANO)
-LA BUENA ESTRELLA (1997-RICARDO FRANCO)
-TESIS (1996-ALEJANDRO AMENÁBAR)
-EL DÍA DE LA BESTIA (1995-ÁLEX DE LA IGLESIA)


-EL CRACK 2 (1983-JOSÉ LUIS GARCI)
-SABÍAN DEMASIADO (1962-PEDRO LAZAGA)
-HISTORIAS DE LA RADIO (1955-JOSÉ LUIS SÁENZ DE HEREDIA)
-LOS TRAMPOSOS (1959-PEDRO LAZAGA)


-EL ASTRONAUTA (1979-JAVIER AGUIRRE)
-EL ULTIMO CABALLO (1959-EDGAR NEVILLE)
-LA GRAN FAMILIA (1962-FERNANDO PALACIOS, RAFALE J. SALVIA)
-NOVIO A LA VISTA (1954-LUIS GARCÍA BERLANGA)


-CALLE MAYOR (1956-JUAN ANTONIO BARDEM)
-MI TÍO JACINTO (1956-LADISLAO VAJDA)
-UN ÁNGEL PASÓ POR BROOKLYN (1957-LADISLAO VAJDA)
-ASÍ EN EL CIELO COMO EN LA TIERRA (1995-JOSÉ LUIS CUERDA)


-ASIGNATURA PENDIENTE (1977-JOSÉ LUIS GARCI)
-SOLOS EN LA MADRUGADA (1978-JOSÉ LUIS GARCI)
-LA RESIDENCIA (1960-NARCISO IBÁÑEZ SERRADOR)
-¿QUIÉN PUEDE MATAR A UN NIÑO (1976-NARCISO IBÁÑEZ SERRADOR)


-VIRIDIANA (1961-LUIS BUÑUEL)
-VOLVER (2006-PEDRO ALMODÓVAR)
-ABRE LOS OJOS (1997-ALEJANDRO AMENÁBAR)
-MUERTOS DE RISA (1999-ÁLEX DE LA IGLESIA)


-LOS OTROS (2001-ALEJANDRO AMENÁBAR)
-ACCIÓN MUTANTE (1993-ÁLEX DE LA IGLESIA)
-UN FRANCO, 14 PESETAS (2006-CARLOS IGLESIAS)
-TODO ES MENTIRA (1994-ÁLVARO FERNÁNDEZ ARMERO)


-REC (2007-JAUME BALAGUERÓ, PACO PLAZA)
-SÉ INFIEL Y NO MIRES CON QUIÉN (1985-FERNANDO TRUEBA)
-UN MILLÓN EN LA BASURA (1967-JOSÉ MARÍA FORQUÉ)
-NINETTE Y UN SEÑOR DE MURCIA (1965-FERNANDO FERNÁN GÓMEZ)


-DÍAS DE FÚTBOL (2003-DAVID SERRANO)
-BOCA A BOCA (1995-MANUEL GÓMEZ PEREIRA)
-AMO TU CAMA RICA (1991-EMILIO MARTÍNEZ-LÁZARO)
-TODOS A LA CÁRCEL (1993-LUIS GARCÍA BERLANGA)


Debo confesar que la lista comienza con las mejores propuestas, según mi modesta opinión, pero poco a poco las he ido confeccionando de forma aleatoria, conforme me venían a la memoria. Algunos serán de la opinión de que sobran unos cuantos títulos, algo ligeros en cuanto a peso cinematográfico, y que falta mucho Buñuel, al que prefiero en su etapa mexicana y Almodóvar, con el que me es casi imposible conectar. Digamos que, como toda lista personal, existe de todo un poco, películas de incuestionable mérito y otras que no lo son tanto y que corresponden a simpatías muy particulares. En cuanto a las coproducciones, se podría poner en duda el porcentaje de aportación española en cada una de ellas, pero son parte de nuestra cinematografía, en mayor o en menor medida, pero lo son.


viernes, 28 de diciembre de 2012

ALMODÓVAR DIRIGIRÁ UNA NUEVA ADAPTACION DE "EL SEÑOR DE LOS ANILLOS"

Impacto mediático ha producido la rueda de prensa convocada por el director manchego esta mañana, cuando ha anunciado a los medios presentes su firme decisión de llevar a la gran pantalla una nueva adaptación de la célebre trilogía escrita por Tolkien.  Se espera comenzar el rodaje a principios de mayo, utilizando las tierras manchegas como escenario principal de la Tierra Media, explicando Pedro Almodóvar que su visión de "El señor de los anillos" sufrirá algún cambio en la idiosincrasia de los personajes y no pocas variaciones en la historia. Se ha entregado a la prensa un resumen del argumento de esta nueva adaptación cinematográfica que ha continuación reproducimos:
"Sauron es un modisto transexual que ha confeccionado varios trajes especiales que ha repartido entre un grupo escogido de Drag queen, pero a su vez es poseedor del único vestido que controla a los demás. Una noche de lujuria y pasión pierde su mágica vestimenta que acaba en manos de Gollum, un taxista aficionado a la Zarzuela, que también será desposeído de tan poderosa indumentaria al ser engañado por un hobbit llamado Bilbo Bolsón. Años después, el vestido pasará a manos de Frodo que en compañía de su esclavo sexual Sam, el mago rosa Galdalf, un musculado y peludo hombre de las montañas llamado Aragorn, un ex componente del grupo Locomia al que llaman Legolas, el enano de jardín Gimli, los gemelos siameses Pippin y Merry y un peluquero llamado Boromir, iniciarán un viaje por la Mancha para arrojar el traje a las aguas ferromanganosas del Balneario de Fuencaliente. En tan peligrosa aventura sufrirán el acoso de hordas de modelos anoréxicas llamadas orcas y otros peligros de enigmática naturaleza."  



lunes, 8 de octubre de 2012

GRUPO 7


Algo intangible me sucede últimamente con cierto tipo de propuestas, que, independientemente de su calidad, parecen que parten con el beneplácito del público, que utilizando aquello tan eficiente, y en cierta medida sabio proceder, del boca a boca, configuran una determinada película hasta convertirla en algo más que un simple ejercicio de entretenimiento banal. "Grupo 7" comenzó de puntillas, sin apenas demasiado ruido y se ha ido componiendo como un proyecto de más entidad y vigor de lo que a simple vista podría parecernos. Mi interés fue creciendo conforme el film de Alberto Rodríguez iba cosechando tan buenas críticas como opiniones. Parecía una propuesta interesante y el argumento no carecía de interés. Un grupo de policías limpiando las calles de Sevilla de delincuentes ante el acontecimiento de la Expo del 92, parecía un buen punto de partida.


Como siempre, advierto al lector que aún no la haya visto que, a partir de ahora, puedo desvelar partes del argumento que darían al traste con el factor sorpresa, si es que la película fuera capaz de atesorar tal virtud, cosa que dudo bastante. El comienzo no es malo, pleno de acción y bien filmado nos traslada por los tejados de la ciudad de Sevilla en una persecución bastante decente, salpicada de violencia y mamporros policiales. Después un momento de relajo, de introspección, de vida cotidiana de los protagonistas. El esquema de hostias-persecuciones, seguido de sosegada reflexión se repite constantemente. La acción deja de ser interesante y se convierte en una repetición machacona  de violencia, consistente en sacudir con energía inusitada a los chorizos y quinquis, de redadas de alijos de droga en sus perfectos paquetes rectangulares encontrados sin  demasiada dificultad. Si los grises del franquismo repartían leña sin reparo, los componentes del Grupo 7 no se quedan atrás y dan más estopa que Mazinger Z a uno de los brutos mecánicos del Doctor Infierno. De tal forma queda configurado tan estereotipado grupo de policías, que parecería una perfecta comparsa de imitadores de Harry el sucio.

El problema fundamental es que no existe una trama mínimamente elaborada, todo queda relegado a la repetitiva actividad de la presión policial, tan mecánica que aporta nula convicción a la historia que pretende contar. Tema aparte serían los momentos en que la acción deja paso a una mortecina y aburrida constatación de las vidas privadas de los protagonistas, sin interés y que en lugar de ofrecer profundidad a los personajes no logra más que indiferencia latente. Existe otro aspecto elaborado torpemente y es el referente al transcurso del tiempo, de los años en los que sucede la historia, tan mal planificado que parece que contiene tan sólo el paso de unas cuantas semanas, a pesar de los insertos del progreso de las obras de la Expo del 92. Tal problema queda patente en la evolución del personaje interpretado por Mario Casas, que al principio del film aparece como un novato timorato falto de experiencia, y a los pocos minutos se ha transformado en un tipo brutal, capaz de sacudir la cabeza del traficante de turno con un martillo. Su relación con el veterano del grupo, Antonio de la Torre, podría sugerir un aprendizaje al uso o, en otro sentido, lo que se ha llamado como "quijotización de Sancho", que no es otra cosa que la superación del maestro. Pero aquí no ocurre semejante proceso, aparte de la falsa empatía entre ambos personajes, tan incomunicados como dos muros de piedra paralelos. 

En cuanto a los actores, existe el criterio generalizado de que Mario Casas es un lastre, mientras Antonio de la Torre realiza un trabajo magnífico. Es cierto que el primero no es un actor aún demasiado potente y, en esta película, su papel no le acompaña en absoluto. Es un traje que no le viene a la medida y que probablemente merecía un actor de más fuste. Antonio de la Torre navega en todo el metraje con el automatismo de una estatua de mármol. La colocan en distintos escenarios y sigue siendo una estatua. Sus escasos diálogos y su rostro serio no convierten su actuación en magistral. Empleando su pose como coartada de la contención o la economía gestual no es suficiente para obtener tan desproporcionados méritos. En una escena de la película Mario Casas ayuda a de la Torre a llegar a su casa, se supone que por la ingesta de alcohol, aunque más bien parece que la tan cacareada economía gestual le impide ni tan siquiera andar. Por encima de ambos protagonistas están tanto Joaquín Núñez, el policía entrado en kilos, y Estefanía de los Santos, la prostituta traficante "La caoba". Tanto su relación de amor y odio como sus actuaciones merecen cierta consideración. Otro aspecto a resaltar es la dificultad de entender los diálogos, cimentada en la deficiente capacidad de vocalizar en muchos de los actores, especialmente en Mario Casas, que necesitaría ser subtitulado.

El intento de introducir un malo al uso en la historia no cuaja con demasiada fortuna, quizás porque queda a medio camino entre un figurante y alguien que merecía más peso argumental. No cuadra demasiado la trayectoria del personaje, y tanto la escena de la humillación del Grupo 7, por parte de una tribu de parias y traficantes, como la venganza final no ayudan en exceso a consolidar semejante perfil. Sin embargo, es todo un acierto el escenario de un bar con ínfulas de templo religioso, cargado de adornos, de flores y figuras cofrades, toda una suerte de imaginería visual que representa a la perfección la identidad de una ciudad.

Estoy seguro que la opinión que tengo sobre "Grupo 7", expuesta en esta entrada, no será del agrado de muchos que la consideran una película notable. De hecho, en la conocida web FilmAffinity la nota más baja que alcanza es la de cinco estrellas, algo no carente de méritos, para un lugar en donde "Centauros del desierto" ha sido capaz de obtener en algunas críticas tan sólo dos. Entiendo que el film de Alberto Rodríguez tiene muchas buenas intenciones, pero, en mi humilde opinión, mantiene una carencia de riqueza argumental más que evidente. Pero como bien decía al principio, algo intangible me sucede ultimamente. Será que me invade un inconformismo recalcitrante y, desde luego, subjetivo.


lunes, 10 de septiembre de 2012

LA PIEL QUE HABITO

Atención, lo que voy a contar es el argumento, en orden cronológico, de "La piel que habito" del gran, grandísimo, director Pedro Almodóvar, por lo que contiene eso tan moderno que se conoce hoy en día como spolier, una palabra que suena a algo relacionado más con el tunig que con destripar una película. Sirva como advertencia para aquellos que no la han visto y quiere reservarse el factor sorpresa, aunque para ello tengan que renunciar a mi soberbia y audaz prosa. La sinopsis me ha salido un poco extensa y no he tenido más remedio que utilizar un lenguaje a veces demasiado vulgar, pero a buen seguro ustedes me sabrán perdonar.

Marilia (Marisa Paredes), de profesión ama de llaves abnegada, tuvo en su juventud alguna que otra aventurilla, cuyo resultado fueron un par de retoños de distintos padres. Uno de ellos es Robert Ledgard (Antonio Banderas) y el otro Zeca (Roberto Álamo), sin más apellidos y más historias. El primero es cirujano plástico y el segundo es un delincuente, cuyo acento parece indicar que es portugués, brasileño o de Monforte de Lemos, vaya usted a saber. Ambos comparten que son algo perturbados e ignoran que son hermanos y sólo Zeca sabe que su madre es Marilia.



Esta última se hace ama de llaves del cortijo El Cigarral, propiedad de Robert, y una noche Zeca se escapa con la mujer de aquel, Gal,  tienen un accidente de coche y ella muere. Realmente no fallece, ya que Robert la lleva a su casa y hace que se recupere. Un día, horrorizada ante su aspecto de churrasco chamuscado, se tira por la ventana y se muere. Su hija Norma (Blanca Suárez) es testigo del incidente y cae en una terrible depresión. No obstante, muy empastillada, acude con su padre, Robert, a una boda en la que coincide con  Vicente (Jan Cornet), un joven que trabaja con su madre y una dependiente lesbiana, a la que le tira los tejos infructuosamente, en una tienda de ropa usada. Como es normal en cualquier boda que se precie, en el jardín se produce una orgía en toda regla, incluidos los patos de la fuente. Norma acompaña a Vicente en tal sexual ambiente y le habla de que si está hasta las trancas de tranquilizantes, que le gustaría estar desnuda y, claro, el chaval, que también está puesto de los suyo, piensa "¡Aquí hay tema, merengue, merengue!" y comienza a sobarla. Pero Norma no parece demasiado cómoda y le muerde con fuerza. Vicente le pega una bofetada y la deja inconsciente, asombrado de su desconocida potencia física, equiparable al del increíble Hulk. Mientras, el pillastre de Robert pasea por el jardín observando los inocentes juegos sexuales que allí transcurren. Topa con su hija, sin sentido y perfectamente vestida, mientras a los lejos ve a un motorista que se aleja y piensa "¡El tío de la moto ha deshonrado a mi preciada hija, se va enterar el muy canalla!".



En el hospital la niña se mete en el armario cada vez que ve a su padre, al que cree responsable del acoso sexual, no pudiendo soportarlo más y suicidándose. Robert piensa que el que ha cometido semejante felonía es Vicente, porque es un hombre y tiene moto. Lo secuestra y lo encadena en gallumbos a la pared en unas mazmorras, donde es alimentado a base de barreños de agua. Le afeita, le anestesia y en su quirófano particular en El Cigarral, acompañado por un grupo clandestino de cirujanos, le hace una vaginoplastia (para profanos, le quita el pene y le hace una vagina tamaño estándar). Cuando Vicente despierta y recobra totalmente la conciencia es informado de lo sucedido y éste reacciona igual que si le hubieran dicho: "Tenías un callo en el dedo gordo y te lo hemos limado". Si es que hay gente predispuesta a que le gasten este tipo de putadas. Cualquier otro le hubiera dado un coraje de dimensiones cósmicas, destrozando mobiliario e impactando su mano en forma de palma sobre el rostro del tal Robert hasta dejarlo como una morcilla de Burgos. Eso si tener en cuenta la fuerza bruta de Vicente, que lejos de molestarse atiende embobado como tiene que introducirse, poco a poco, un juego de consoladores que van desde el tamaño tití hasta el Nacho Vidal, para dilatar se entiende y no para gozar, que eso ya llegará. El pérfido Mad doctor, con apellido de presentador del "Un, dos, tres", le comenta que es sólo el principio, pues, cuando termine con él, lo va a dejar igualito a Elena Anaya, perdón a Gal, su difunta esposa.



No solo le transformará en una bella mujer, sino que, utilizando papel higiénico mojado, le va a fabricar una piel anti-mosquitos e ignífuga que ni la Antorcha Humana. Así que Vicente se convierte en Vera (Elena Anaya), que en un cautiverio más elegante se dedica a trocear vestidos y aspirarlos por un tubo y a escribir en las paredes "El opio es la leche", aunque el único que se lo fuma en pipa es Robert. Un día cualquiera aparece el mejor personaje de la película, que no es otro que Tigretón, o lo que es lo mismo, el hermano bastardo del cirujano, Zeca, disfrazado de tigre. Muchos pastelitos Tigretón debió tomar Almodóvar en su infancia por los llanos de la Mancha para presentarnos al personaje con tal indumentaria. Pero un capricho es un capricho, y con la justificación de los carnavales, el hijo díscolo de Marilia aparece a las puertas de la finca de Robert, enseñando el culo para su correcta identificación y pidiendo asilo a su madre. Acaba de asaltar una joyería a cara descubierta y ante las cámaras de vigilancia y, lógicamente, la policía le sigue los talones. No sabía este muchacho que el disfraz se lo tenía que poner antes del atraco y no después. Como en el cortijo hay cámaras de la estancia de Vera hasta en la cocina, a vista del servicio al que no le sorprende en absoluto que tengan una mujer secuestrada, Zeca la descubre y se pone a cien. Amordaza a mamá y la ata a una silla, sube a la habitación y acosa sexualmente a Vera. Es descubierto por su hermano Robert que le pega dos tiros y lo entierra. A partir de ese momento se apiadará del mutado Vicente y le dejará salir por la casa e incluso a la calle. Tanto buen rollo da paso directamente a la relación sexual y amatoria de Robert y Vicente, perdón de Vera. En ese momento el mensaje de la película es preclaro: "Si un individuo intenta violar a tu hija, secuéstralo, cámbiale de sexo, fóllatelo y después encóñate por él".


En realidad todo era una estrategia de  Vicente/Vera que solo quería ganarse la confianza de su creador.  Una noche de lujuria y pasión cambia el lubricante por una pistola y, con una puntería a lo Robocop, le dispara al corazón a Robert. Marilia, alertada por el ruido, toma en su mano un revólver y Vera le acierta haciendo también idéntica diana. Aquí va todo el mundo armado, hasta el ama de llaves, no como en EEUU, el paraíso del rifle, que aparece un chiflado pegando tiros y no hay quien tenga una puñetera pistola para abatirlo. En resumidas cuentas, y para no hacer el tema más largo, Vera le hace una visita a su madre y a la dependienta lesbiana (ahora podrán consumar su amor), terminando la película con esta gloriosa frase:
-¡Que soy Vicente, es que me han secuestrado y me han cambiado de sexo!


Berlanga solía incluir en todas sus películas el término "austrohúngaro" y Almodóvar mantiene su obsesión por los transexuales. En esta comedia singular le hace el homenaje más rotundo. Cuando hablaba de Batman en la entrada anterior, argumentaba que al cine no se le puede aplicar unos baremos de realidad demasiado estrictos, que al fin y al cabo es un espectáculo de evasión, pero debo reconocer, y en esto se demuestra lo subjetivo que es el gusto cinéfilo, que me resulta muy difícil equiparar ambas propuestas. Además reconozco mi malévola intención, con esa especie de trampa que supone contar una película en plan irónico. Siempre me pareció que el director manchego era un hábil ejecutor de folletines amanerados y repetitivos, y aunque soporto alguna de sus propuestas, creo que esa repetición de clichés comienza a ser algo cansina y poco original. Porque, por encima de todo, el guión que aquí se proponía parecía tener todas las dosis propias de un film de terror del género "Mad Doctors", igual que en su día "Carne trémula" tenía ínfulas de cine negro, pero el envoltorio del producto es tan pesado y tan imbuído del colorín cercano al culebrón, que al final resulta un experimento fallido. Seguramente esta pequeña crítica demuestra el carácter parcial de mi criterio, dominado por lo poco atractivo que me resultan las propuestas de Almodóvar y con toda probabilidad estaré equivocado, pues no son pocos los reconocimientos que a escala internacional ha alcanzado el director de "Pepi, Luci, Bom", cuyo talento en la dirección es notable, pero  ya me gustaría verle, alguna vez,  un cambio de registro.



sábado, 14 de abril de 2012

PATRIMONIO NACIONAL


Hace un par de días he revisado "Nacional III" de Berlanga y, siendo como es la más floja de la trilogía que compone junto a "La escopeta nacional" y "Patrimonio nacional", no deja de tener su mérito y un sentido del humor con pinceladas de genialidad. El mérito principal recae en un actor como Luis Escobar, al que pienso que no se le ha reconocido lo suficiente. En una escena de la película le recriminan al Marqués de Leguineche (Escobar) que se acueste con su criada (Chus Lampreave), y se justifica argumentando que la utiliza como cataplasma para aliviar sus males de espalda. Solo alguien con la naturalidad y gracia de Luis Escobar hace que esa contestación funcione a la perfección. El actor madrileño, nacido en 1908, era en realidad Marqués de las Marismas del Guadalquivir, además de escritor y director de teatro. Tal vez fuera por su condición de aristócrata por lo que Berlanga le eligió para su papel de Marqués en "La escopeta nacional", pero el acierto fue absoluto, porque en la siguiente entrega, "Patrimonio Nacional", el actor está sublime, y encarna a la perfección la socarrona visión de una corte que ya no volverá. No es el único que borda su interpretación, porque tanto José Luís López Vázquez, Alfredo Mayo, Amparo Soler Leal, Mary Santpere, Luis Ciges, Agustín González e incluso José Luís de Vilallonga están excelsos. Y lo están por la sencilla razón de que imprimen ese carácter natural del cine de Berlanga, ese ir y venir de personajes que se pisan diálogos y que rozan el esperpento. En una escena, en la que reciben a un notario para tramitar la incapacitación mental de la señora del Marqués (Mary Santpere), tanto su marido (Luis Escobar), como su hijo (López Vázquez) aparecen disfrazados como dos lunáticos, siendo su comportamiento y todas las circunstancias que les rodean, incluida una gallina, poco acertadas como para pedir un certificado de enajenación mental de nadie.
En "Nacional III", que se desarrolla en los días del golpe de estado de Tejero, hay otro momento memorable. Agustín González, que interpreta a un cura muy de derechas, escucha por las calles de Madrid el sonido de un motor de grandes dimensiones y, creyendo que son los tanques del ejército, se dispone a recibirlos entre vítores y alegría, cuando descubre que en realidad es una excavadora, descargando su decepción y enfado sobre el pobre conductor de la misma. Célebre frase suya es aquella de "La escopeta nacional", que ante la reclamación de López Vázquez de la nulidad matrimonial, éste le vocifera "¡Lo que yo he unido, no lo separa ni Dios!".

Pero, volviendo a Luis Escobar, Berlanga le regala en la primera entrega de la trilogía nacional, una escena que hace honor al fetichismo erótico del director valenciano. El Marqués de Leguineche pierde, víctima de la furia de su nuera, su colección de vello púbico (o como más directamente dice Saza, "¡Son pelos de coño!") obtenido de sus numerosas conquistas. Dos voluntarias se ofrecen a iniciar de nuevo su peculiar afición, y Escobar nos narra la calidad del mismo, con su peculiar voz, que si este es finísimo o que aquel es puro visón. En su interpretación, hace que un momento que parecería de lo más ordinario, alcance la pura esencia de la elegancia más aristocrática.

Aunque no tenga nada que ver con las propuestas de Berlanga, Luis Escobar tuvo otra interpretación en "La colmena", que si bien es breve, no deja de tener un mérito enorme. Aquí interpreta a un jurista, Don Ibrahim, al que varios escritores de medio pelo, habitantes de tertulias literarias, animan a que les recite su alambicado discurso de ingreso en al Academia de Jurisprudencia, con el único fin de que les pague un café. La segunda vez que aparece, le vuelven a exhortar para que pronuncie su parrafada, pero Don Ibrahim les informa apesadumbrado que hoy no le alcanza apenas para un café. No obstante, aquellos decepcionados amantes de la cafeína literaria, le insisten que, a pesar del contratiempo, no les importa que les recite el mencionado discurso, gesto de honestidad ciertamente entrañable. Por cierto, aquellos tertulianos, eran nada más y nada menos que Paco Rabal, Francisco Algora, Mario Pardo, José Sacristán y un inventor de palabras llamado Camilo José Cela. Y es que en el film de Mario Camus están casi todos los actores que han hecho grande el cine español, a excepción quizás de Fernando Fernán Gómez y algún otro más. Ya me lo decía hace algunos días el amigo Tirador, que aquella generación de actores es irrepetible y no puedo estar más de cuerdo con él. Un patrimonio nacional a preservar.


jueves, 17 de noviembre de 2011

BALADA TRISTE DE TORRENTE


Alex de la Iglesia y Santiago Segura son dos tipos que me caen bien, quizás sea porque conectan con el subconsciente de la época a la que pertenecemos. Todos esos iconos y referentes culturales nos resultan muy familiares para los que nacimos a mediados de los 60. Como directores, no obstante, existe cierto abismo insalvable entre ambos. Alex es un director con todas las de la ley, mientras Segura juega a medias con la profesión. Pero los dos pasan, a mi juicio, por cierta crisis de creatividad acentuada por sus dos últimas propuestas.


El mayor logro personal de Santiago Segura es sin duda el personaje de "Torrente", referente español en las taquillas, que a pesar de su indudable caspa carpetovetónica, ha sido más de una vez el auténtico salvador del cine español en cuanto a recaudación se refiere. En 1998 llega el estreno de la primera entrega de la saga, "Torrente, el brazo tonto de la ley", toda una suerte de humor chusco y ordinario, pero que encerraba algo más que eso. A lo largo de la película se nos describía, con cierta soltura, al personaje y su entorno, su personalidad, su forma de vida, su hábitat y toda una galería de personajes a cual más pintoresco. Pero todo ello tenía una coherencia narrativa, aparte de contar con actores profesionales, algo que a la larga resultaría más que significativo. Momentos divertidos, casi todos, e incluso escenas para recordar, sobre todo las que reflejan el patetismo de un personaje a la deriva. El instante de un Torrente que no deja de beber más y más, ante las suplicas del camarero, un estupendo Luis Cuenca, en ese plano general, tiene cierta prestancia. Un recuperado Tony Leblanc nos regala una escena magistral en ese enfrentamiento suicida ante el malo de turno, Manuel Manquiña. Algunos pensarán "¡Este Cahiers está loco, si es Torrente, un auténtico excremento!", pero no sé, había algo que le hacía ser más interesante de lo que a simple vista quería parecer. Sin embargo, aquello fue un rotundo espejismo, pues aquella propuesta se iba embruteciendo cada vez más. El hecho de que algunos famosos se prestaran a ofrecer sus cameos, y algo más, en cada entrega, y ese afán por la colección de "amiguetes" fue lo que dio al traste con toda la saga. Para comprobarlo es suficiente si comparamos a los que han interpretado al personaje que ayuda a Torrente en cada ocasión. En la primera, nos encontramos a un Javier Cámara, un actor en toda la regla, en la segunda a Gabino Diego, también actor, en la tercera bajamos un peldaño en calidad y nos topamos con José Mota y, en la recién estrenada cuarta parte, bajamos directamente a los infiernos con Kiko Rivera, un sujeto que necesitaría un análisis detallado para explicar una popularidad más que surrealista, en alguien sin atractivo físico ni carisma, que basa su éxito en una gracia más que discutible. La intervención de actores profesionales ha mermado de forma brutal a cambio de personajes populares y eso se nota considerablemente. No se cuanto le han pagado a Belén Esteban por su escaso papel, pero, si lo hubiera realizado gratuitamente, ya se hubiera tirado el dinero. En cada entrega la calidad ha sido inferior a su precedente y en "Torrente 4: Lethal Crisis" nos hemos sumergido directamente en las cloacas de la infamia. Apenas se podrían rescatar un par de momentos de semejante despropósito, demasiado escaso bagaje de un Santiago Segura y su personaje que se reiteran hasta la saciedad en bromas escatológicas que no desagradan, simplemente aburren y eso, en una propuesta como esta, es un delito que, probablemente, hará ganar más dinero a sus perpetradores aunque, tarde o temprano, su público se cansará de tanta nadería.


Con el corto "Mirindas asesinas" se podía vislumbrar que quien filmaba semejante historia encerraba cierto potencial, tal y como sería confirmado con la muy estimulante "Acción Mutante", ejercicio valiente en un país en el que el género de ciencia-ficción era poco menos que una quimera. Después vendría "El día de la bestia", la que en mi opinión es la mejor película de la filmografía de Alex de la Iglesia, y en donde, por cierto, Santiago Segura hacía un más que meritorio papel. Los posteriores trabajos mantuvieron cierta regularidad y, a pesar de lo que se dice, siempre me parecieron muy interesantes "Muertos de risa" y "Crimen ferpecto". Tras la realización de "Los crímenes de Oxford", una magnífica caja vacía envuelta en un bonito papel de regalo, se propuso llevar a la gran pantalla la adaptación del cómic "La marca amarilla", proyecto ambicioso que pretendía contar como actores principales a Kiefer Sutherland y Hugh Laurie. Pero, al igual que "Fu Manchú", el proyecto se fue al traste por falta de presupuesto. Me pregunto si de haber aceptado dirigir la cuarta entrega de Alien, sus problemas financieros no tendría otro cariz mucho más alentador. El caso es que, entre tantas propuestas frustradas, nos llegó casi sin querer "Balada triste de trompeta", historia de dos payasos que se odian con el trasfondo de la postguerra. En un principio pensé que Alex de la Iglesia se nos repetía sin remedio, con un argumento ya explotado en "Muertos de risa", y lo cierto es que, en cierta medida, existe un parecido razonable. La película comienza bien, con unos soberbios títulos de crédito, y continúa aceptablemente. Pero, a mitad del rodaje da la sensación de que el director ya no sabe que hacer ni con la historia ni con los personajes, así que tira por la calle de en medio, o mejor dicho monte arriba, y lanza al actor principal, Carlos Areces, en pelota picada a recorrer como un poseso bosques y montañas en un delirio sin sentido que terminará en lo más alto de la cruz del Valle de los Caídos. Aparte del frenesí, Alex de la Iglesia, construye una mutilación simbólica de las dos Españas, aspecto que estaría muy bien en otro contexto que no invite directamente a la locura. Como en muchas de sus películas, los actores terminan colgados al borde de un abismo, que no es otro que la falta de un guión mínimamente consistente. Muchos elogiaron en su día "Balada triste de trompeta", entre ellos el Festival de Cine de Venecia que le otorgó los premios a la mejor dirección y guión pero, particularmente, aún espero a ese Alex de la Iglesia inspirado, porque existe materia prima de calidad, la de un director de oficio y conocimiento más capacitado de lo que habitualmente demuestra.



lunes, 7 de febrero de 2011

EL CRACK

En un bar de carretera, amparándose en la noche, dos delincuentes de poca monta entran para robar la caja y a los parroquianos. Encuentran sólo a un camarero jugando con un cliente a los dados, otro tipo echando calderilla a una máquina y un individuo dando buena cuenta de una cena tardía. De fondo se escucha la radio, a José María García en su lucha cotidiana contra la Federación Española de Fútbol. Los dos rateros, navaja y barra de hierro en mano, desvalijan el bar y a los allí presentes, hasta que le toca al turno al serio e indiferente comensal anónimo. Este, con frialdad, le apunta con una pistola a uno de ellos y le dice de forma mortecina: "Devuélveme el mechero o te quemo los huevos". Los dos individuos, típicos chorizos setenteros, ponen los pies en polvorosa ante la mirada de agradecimiento del camarero que le ofrece, de forma respetuosa, el postre del día. El tipo frío y serio es en realidad un ex policía, metido a detective privado, llamado Germán Areta, alias "El piojo" (Alfredo Landa).


Al día siguiente, y ante la presencia de su ayudante, un tipo simpático que había sido un atracador de tres al cuarto apodado "El moro" (Miguel Rellán), recibe la visita de un cliente que busca a su hija desaparecida. Aceptado el caso, Areta indaga que la chica había quedado atrapada en una red de prostitución de alto standing, regentada por una mujer de posición e influencia, Mimí de Torres (Mayrata O´Wisiedo), que realizaba servicios a poderosos empresarios y políticos. Mientras, se desarrolla su relación con una enfermera, madre soltera, Carmen (María Casanova) y su hija pequeña. Ante las pesquisas del detective, es advertido por su antiguo jefe del Cuerpo Nacional de Policía, Don Ricardo (José Bódalo) al que Areta llama de forma respetuosa "Abuelo", que tenga cuidado a quién trata de molestar, ya que las consecuencias pueden ser determinantes. También recibe la oferta de otro ex policía, Alberto, alias "El guapo", que intenta comprar el silencio del detective. Ante la negativa de abandonar el caso, la tragedia se cebarán con nuestro protagonista que iniciará una contundente venganza.

Una de las apuestas más arriesgadas de José Luis Garci, aparte de la de realizar en España un film de serie negra, fue la de otorgar el papel protagonista a Alfredo Landa. Nadie excepto él, veía que semejante actor pudiera interpretar con solvencia un papel de las características de Germán Areta. Garci se mostró firme con los que se oponían a semejante elección. Si no se contaba con Landa no habría película. El problema de cara al público fue, ¿cómo hacerle olvidar que el actor que iba a encarnar a un duro y serio detective privado, era conocido por sus películas en las que perseguía a turistas suecas en calzoncillos?. La fórmula fue relativamente fácil y también astuta. En las primeras secuencias de la película tenía que quedar meridianamente claro que aquel actor realizaría un cambio de registro fulminante. Y así sucedió, tanto en esta primera entrega como en su secuela, se nos presenta a un personaje que no tiene ninguna concesión al sentido del humor, exceptuando algún comentario sarcástico y siempre barnizado de un pesimismo galopante.





El resto del reparto lo completan un Miguel Rellán en su primer papel importante, con ese personaje entrañable del ayudante de Areta, "el Moro", un magnífico José Bódalo, uno de los mejores actores de cine, televisión y teatro que ha dado el panorama nacional, Manuel Tejada, haciendo de malo, también lejos de sus caracterizaciones anteriores y una María Casanova, siempre pasada de vueltas en sus gestos de dramatismo excesivo. Además todos los personajes que pululan por "El crack" se integran perfectamente en la trama, especialmente el barbero, quién le cuenta, en cada afeitado, a nuestro protagonista los combates de boxeo de su idolatrado Rocky Marciano, toda una suerte de evocación del New York del cine negro y sus ambientes más reconocibles.

José Luis Garci que venía de realizar un cine muy identificado con la transición española y sus avatares nostálgico-políticos, quiso abordar un argumento homenaje al cine negro norteamericano y escribió un guión, junto a Horacio Valcárcel, adaptado las claves del género a la realidad de nuestro país. Las influencias son más que evidentes y sus claves son incuestionables. El detective taciturno, una trama compleja, ambientes nocturnos, grandes secundarios y una venganza final al uso. De hecho, son muchas las conexiones que "El crack" tiene, por ejemplo, con "Los sobornados" de Fritz Lang. Como el personaje de Glenn Ford, Areta no se deja comprar, sigue adelante en sus pesquisas y eso le costará la vida de alguien muy cercano. Incluso en su segunda entrega hay una secuencia muy parecida a la que tiene lugar entre el sargento Bannion y el mafioso Mike Lagana de "Los sobornados". En este caso, sería Alfredo Landa en su papel del detective Germán Areta y Arturo Fernández en el de Don Gregorio, un alto responsable de un grupo de empresas de actividades ilícitas. Pero eso, como digo, sería en "El crack II".



La película nos ofrece tomas de un Madrid nocturno, perfecto escenario de la ciudad sin límites, en donde el cine negro obtiene su principal identidad. Hay una parte de la trama que se desarrolla en New York, donde el equipo de rodaje tuvo que echar mano de su astucia para realizar las tomas necesarias, ya que no contaban con los permisos oportunos y eran desalojados continuamente por la policía. Merecía la pena contar con tan insigne lugar, sobre todo, en las escenas en las que Alfredo Landa y Manuel Tejada caminan por sus calles, especialmente ese homenaje al puente de Brooklyn, la estación de Pennsylvania y el Madison Square Garden, todas referencias míticas de ese simpático personaje que, entre afeitado y afeitado, nos traslada de forma brillante a todos esos escenarios. Por cierto, creo que esta película hubiera crecido aún más si hubiera sido filmada en blanco y negro.


Todos los referentes al cine negro son vitales para que la película alcance su máximo interés. Los diálogos a ese respecto son determinantes:

Policía: ¿Quién es ese tipo?

Bódalo: "El piojo", el único que ha tenido cojones de llamarme abuelo a la cara. Ha sido el mejor.

Policía: ¿Y por qué dejó la placa?

Bódalo: ¿Vosotros conocéis a Kipling?

Policía: ¿Uno de estupefacientes?

Bódalo: No, era un escritor inglés, que cuando le hablaban de Germán Areta siempre solía decir, "pero eso, es otra historia".



Otras frases memorables: "Ya sé que tengo cara de idiota, pero me jode la gente que se fía de las apariencias" o "Mire, este mundo huele muy mal y hace mucho tiempo que está lloviendo mierda. En mi oficio es donde más se nota y si quiere que le diga la verdad, el olor me trae ya sin cuidado."



Sobre el personaje de Areta se sabe muy poco de su pasado, se insinúa pero no se muestra. Parece que fue un policía de prestigio que tuvo que abandonar el cuerpo en extrañas circunstancias y que fue herido. De este último aspecto es de donde surge su relación con la enfermera Carmen y su hija. Quizás sea esto último lo que más flojea de toda la película. Ya sabemos que Garci tiende a cargar excesivamente el componente dramático hasta convertirlo en algo cursi, y a eso ayuda notablemente la interpretación habitual de María Casanova, con esa mirada lánguida y triste, además de la típica niña doblada, al gusto del director, por quién pone voz a los dibujos animados, en este caso al personaje de Heidi. Toda esa parte sentimental entorpece y ralentiza la trama, pero es justo reconocer que es el fulminante que desemboca en ese final absolutamente magistral.



Personalmente me quedo con el cine de Garci de sus primeros tiempos, "Asignatura pendiente", "Solos en la madrugada", "El crack" o "Sesión Continua", resultándome algo artificial su posterior carrera cinematográfica. Quizás el problema del conductor de aquel gran programa de la 2, "Qué grande es el cine", sea su condición de cinéfilo, un aspecto que puede resultar un arma de doble filo. Pero el film que aquí nos ocupa es una obra a tener en cuenta, una extraña muestra de un género no demasiado frecuentado por el cine español, en donde se palpa a flor de piel los aires nocturnos del cine negro.