Hace unos días, vagabundeando por una librería, me topé con uno de esos libros temáticos sobre qué leer, obras de arte y otras actividades para cultivar la mente antes de morir. Este trataba sobre los videojuegos, aquellos que nos suministraron unos cuantos ratos de puro entretenimiento y, en algunos casos, algo más.

Me acordé de mis primeros videojuegos, de los pioneros que aparecieron poco a poco en los salones recreativos, aquellos templos de billar, humo y máquinas de pinball que se vieron invadidos por la tecnología, al principio ciertamente incipiente pero que evolucionaba de forma decidida. Recuerdo aq
uel juego de tenis en blanco y negro de dos barritas que subían y bajaban, que por entonces me producía la suficiente adrenalina como para sentirme felizmente atraído por aquel adelanto sin par del entretenimiento electrónico. Las demás máquinas recreativas eran de un nivel más o menos similar. Había una que consistía en atropellar zombies con un coche. Cuando matabas a uno sustituían el muñequito por una cruz. Otra trataba de dos pistoleros del oeste que se disparaban parsimoniosamente. Había una muy curiosa y bien trabajada, que consistía en un submarino por el cual se miraba a través del periscopio para abatir unos barcos, unas miniaturas situadas al fondo. Cuando llegó el mítico "Space Invaders" fue una auténtica revolución. La primera vez que pude verla me costó trabajo visionarla, era tal el revuelo que se había formado en torno a ella en el salón recreativo, que era difícil asomarse ante aquella pantalla verde de parpadeos hipnóticos. Después vendrían el Donkey Kong, el comecocos, Track & Field, el Tetris y otros tantos que hicieron la delicia de los chavales y de los que ya no lo eran tanto.
El día en que las consolas entraron en los hogares fue la auténtica novedad y sobre todo un alivio para los bolsillos. Cuando había que alimentar las máquinas de los recreativos, siempre te quedabas sin blanca antes de considerar que ya te habías divertido lo suficiente. Desde aquellos cart
uchos, que tardaban una eternidad en cargar en un teclado, hasta la Xbox, pasando por la Nintendo de 8 bits, la Mega Drive o la Playstation todo un mundo de diversión sin límites se abría para los aficionados al videojuego. Surgieron los famosos juegos de fútbol, sobre todo el Fifa. Este fue el que más rendimiento me pudo ofrecer en infinidad de disputadas ligas entre unos cuantos amigos, sobre todo entre el Tirador y un servidor, que llegaron a ser realmente míticas.En los juegos individuales me fascinó especialmente aquel primer "Tomb Raider" y aquel desarrollo ilimitado de escenarios. Era un juego en el que acompañabas a aquella aventurera, Lara Croft, que te contagiaba esa condición de personaje solitario que recorría inquietantes lugares en donde el desafío y el peligro te acechaban por cada rincón. Un juego muy elaborado y bien trabajado fue "Metal gear solid", en donde un infiltrado se enfrentaba a un grupo de terroristas. Lo interesante de esta propuesta eran sus diálogos frecuentes, que le daban la consistencia más propia de una película de acción que de un videojuego. Por supuesto soy un incondicional de la saga
"Resident evil" y esa capacidad de dar miedo, sobre todo si jugabas por la noche y estabas sólo en tu casa. Algunos de ellos eran tan extremadamente difíciles que te conducían al abandono temporal y, cuando era casi imposible, a dejarlo permanentemente. De hecho tengo aparcado hace algún tiempo el "Tomb Raider Anniversary" porque soy incapaz de vencer a un par de centauros y el "Resident evil: Code Veronica" porque me he quedado sin munición y no puedo darle el pasaporte al monstruo del final.En suma, los videojuegos han sido parte fundamental de nuestras vidas, de unas generaciones que tuvieron acceso a una forma de entretenimiento virtual en donde casi todo era posible, aunque, en ocasiones, me entre las nostalgia de ver a los niños jugando en la calle con un balón o dándole a las canicas.







