Mostrando entradas con la etiqueta ROBOTS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ROBOTS. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de mayo de 2013

MAZINGER Z, ESCONDIDO EN LA MEMORIA

Es curioso como los recuerdos de nuestra infancia se engrandecen con el paso del tiempo, se guardan celosamente como un tesoro y, en no pocas ocasiones, se constituyen como una realidad amplificada y mejorada de lo que probablemente fue. Cuando somos niños tenemos una percepción distinta, menos cartesiana que el adulto corriente, tendemos a ver lo extraordinario en lo corriente, y cada fotograma de nuestra vida es como un continuo descubrimiento. Quizás sea por eso por lo que el público infantil es más receptivo a la fantasía, a los cuentos, en definitiva a lo que va más allá de la simple realidad. Supongo que cada vez es más difícil mantener intacta esa ingenuidad en un mundo en constante movimiento, sumido en una tecnología que es superada en cada segundo, en donde el niño se ve cada vez más sumergido en ella, viviendo lo audiovisual con la misma facilidad con la que un bebé se amamanta de su madre. Una infancia adaptada a lo virtual, que se aleja cada vez más de los mecanismos que, a pesar de su carácter rudimentario, encierran en sí mismos el aprendizaje de lo sorprendente. Toda esta perorata viene a cuento de nuestra memoria que se arraiga, precisamente, a lo visual, al cine y la televisión que impactó en una generación anterior a la era informática, a los móviles y a los coches eléctricos.
Muchos de los niños que nacimos a mediados de los 60, y disfrutamos de nuestra infancia en los 70, tenemos muchos símbolos de aquellos años, de los que nos forjaron nuestra particular fantasía, de los que nos servían de instrumento para nuestros particulares juegos de calle, una calle que era vivida con más intensidad, a través del barrio, un territorio con entidad especial, con fronteras y con normas cercanas. Uno de esos iconos fue sin duda alguna Mazinger Z, la serie de dibujos que nos pegó al televisor como si de un ritual se tratase. Acostumbrados a otro tipo de animación, más infantil en algunos casos y en otros más divertida y acertadamente gamberra, la llegada del anime japonés del robot legendario nos dejó a toda la chiquillería con la boca abierta, deseosos de contemplar cada nuevo episodio y recrearlo después con los amigos en la calle, dando buena cuenta de un trozo de pan con chocolate. El esquema era simple, nuestro héroe metálico, manejado magistralmente por Koji Kabuto, se enfrentaba en cada episodio contra uno o varios robots malvados, los conocidos como brutos mecánicos, enviados por el Doctor Infierno y sus secuaces, el Barón Ashler o el Conde Brocken. La trama se reducía a eso y se barnizaba con la menor o mayor dificultad de la misión. No había más, y su carácter rudimentario, se infiltraba suavemente en nuestras mentes, con la misma simplicidad que el de una pelea física. En realidad, en cada capítulo asistíamos a un evento deportivo, de lucha libre, de boxeo, entre rayos fotónicos, fuego de pecho y puños fuera.

Pero, el tiempo tiene algunos problemas añadidos y el cambio de perspectiva es irremediable. Un consejo para todos los que guardan celosamente su recuerdo de Mazinger Z, sería el de no acercarse ni de lejos a la mítica serie de los 70. Para los que lo hayan hecho ya, se habrán encontrado con una animación muy decepcionante y con unos guiones poco trabajados. El efecto de desengaño les producirá a buen seguro una desazón que sólo podrán combatir con el recuerdo de lo que parecía una cosa bien distinta. Así que nos encontramos con un fragmento de la memoria que merecía mejor suerte, en una nueva adaptación que cumpliera con las aspiraciones de aquellos niños que rozan hoy en día casi el medio siglo de vida. Una nueva serie que nos ofreciera una animación trabajada y una historia más elaborada pero que no rompiera el mito. Y el deseo parecía cumplido, cuando Yasuhiro Imagawa nos ofreció en 2009 una nueva serie de 26 episodios, perfectamente remozada del mítico robot con el título en España de "Mazinger Z, Edición Impacto", que ya anuncié en su día en La Guarida, siendo para mi sorpresa una de las entrada más leída. No obstante, no hay que llevarse a engaños, ya que no se trata exactamente de un remake de la serie de los 70, aunque la cosa tiene su trampa, naturalmente.


Y digo que tiene algo de tramposa la propuesta, porque utiliza algunos de los resortes de su antecedente de los 70 para enganchar al aficionado nostálgico. De hecho, intervienen todos los personajes de la serie original sumados a otros nuevos,  pero inmersos en un universo de una complejidad más que notable. Seguramente, los nuevos autores de este Mazinger Z, pretendían dotar a su creación de todas las carencias que tenía la criatura perpetrada por Gō Nagai hace unas cuantas décadas. Pero el problema radica en que la historia es un despropósito difícil de seguir, con mezcla de mitología  clásica y otros argumentos, pero muy confuso, como si se improvisara en cada fotograma. Si a eso añadimos que el personaje principal, Mazinger, pasa casi a un segundo plano, en algunas ocasiones desaparece literalmente, quedando sus batallas con brutos mecánicos muy fragmentadas y difusas, ya tenemos el desastre absoluto. Se prescinde de lo que realmente impactó a aquellos niños de los 70, lo que provoca un sentimiento de traición hacia el mito original. Que le faltaba sustancia era más que evidente, pero no se puede sustituir una cosa por otra, no se puede cambiar una intriga enrevesada por lo que constituía el alma de la serie, sus míticos combates, los que quedaron en el recuerdo. Es una decepción que nadie haya reparado en ello y que las peleas con Brutus M3, Jinray S1 o Garada K7, hayan quedado sepultadas en el mar de la confusión. Y es una verdadera lástima, porque la animación es digna de mención, mereciendo mejor resultado en su desarrollo argumental. No hay demasiada tensión dramática en los combates, porque son continuamente interrumpidos por molestos flashback, que proliferan por doquier, con tramas y subtramas que se cruzan y un sentido del humor a veces excesivo. Poco importa que su autor, Go Nagai, haya recogido diversas ideas de su universo particular y de otras creaciones, fusionándolas en esta especie de galimatias, porque el hecho primordial es que lo que funcionó era lo suficientemente bueno para haberlo respetado, admitiéndose un enriquecimiento de la idea, pero no un borrado sistemático del esquema. El peso del cambio es un lastre y se hace tremendamente difícil seguir la serie hasta el final, a no ser que te armes de una paciencia infinita.

Creo que casi todos los aficionados a Mazinger Z nos alborotaríamos de emoción ante una adaptación cinematográfica. Los éxitos de la saga "Transformers" y la expectación que se está produciendo ante el último trabajo de Guillermo del Toro, "Pacific Rim", podrían indicar que sería el momento propicio. Los rumores en internet  hablan de una compra de los derechos cinematográficos, en un primer momento en manos de MGM, por parte de Dreamworks y Columbia Pictures. Spielberg estaría en la producción y se rumorea que la dirección correría a cargo Len Wiseman, Zack Snyder  o Stephen Sommers. No obstante, mis dudas al respecto son muchas y, no cuestionando que la información sea veraz o no, me permitirán que muestre cierto escepticismo, fundado, entre otras cosas, por el escaso éxito que la serie tuvo en los EEUU, en la que se llamaba Tranzor Z y cuya emisión fue algo caótica. Lo único que empujaría a la industria norteamericana a producir semejante film sería  la suculenta taquilla que podrían obtener tanto en Europa como en Japón. El propio padre de la criatura, Go Nagai, hablaba de una adaptación en imagen real, no se sabe si como serie de televisión o película, en una coproducción entre el viejo continente y el país nipón. Pero no hay nada más evidente que el escaso eco de estas noticias, prueba evidente de que se trata de simples promesas lanzadas a los cuatro vientos, cuando no directamente bulos sin fundamento. Habrá que esperar acontecimientos, deseando que alguien sea capaz de llevar a buen puerto la idea que todos tenemos del mito, en ese rincón de nuestra memoria, que atesoramos como un patrimonio innegociable de nuestra nostalgia.



martes, 30 de marzo de 2010

I ROBOT

C3PO Y R2D2: Icono indiscutible de la saga galáctica de George Lucas, representan la parte humoristica más sofisticada que la bufonada del personaje infográfico de Jar Jar Binks que vendría después. Inspirándose en la pareja cómica Stan Laurel y Hardy, ambos androides, uno de protocolo y otro técnico en reparaciones y navegación, muestran sus personalidades opuestas, descargando toda su ironía, sobre todo en la primera entrega de la saga. Recordar que C3PO en España tenía el mismo doblaje que Woody Allen, lo cual reforzaba su carácter neurótico y pusilánime.

T800: El Cyberdyne System T-8OO es un organismo cibernético con endoesqueleto de titanio y tungsteno, recubierto de tejido humano que funciona con una célula energética de 120 años de autonomía. Con capacidad de aprendizaje, esta cualidad fue restringida por su creador, el mega sistema Skynet para, de esta forma, controlar de forma férrea a sus robots ejecutores. Una vez que se desprende de su apariencia humana, se nos muestra el verdadero rostro que se esconde tras la máscara, que no es otro que el de mensajero de la muerte, una muerte en forma de esqueleto metálico que no siente ni dolor ni remordimientos.


SONNY: Lo que resulta inquietante de este organismo cibernético es su capacidad reflexiva y libre albedrío. Cuando el personaje de Will Smith le pregunta "¿Puedes componer una sinfonía?, ¿puedes convertir un lienzo en una hermosa obra de arte?", Sonny le contesta "¿puede usted?".El film de Alex Proyas está basado en los relatos de Isaac Asimov, concretamente en las tres leyes de la robótica:
-Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
-Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
-Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
La virtud de Sonny es que puede elegir libremente cumplirlas o no y su actitud, al final de la película, puede ser el inicio de una verdadera rebelión.

ROBOCOP: Restos biológicos humanos fusionados con un exoesqueleto de titanio, recubierto con kevlar, a prueba de balas, y armado con una pistola semiautomática modificada Beretta 93R, transformaron al oficial de policía Alex Murphy en un robot en la lucha contra el crimen organizado en el viejo Detroit. Con esta premisa compone el director Paul Verhoeven un futuro no muy lejano, en donde los cuerpos de seguridad pertenecen a una corporación privada llamada OCP (Omni Productos de Consumo). El tono irónico se funde con la violencia explícita en un relato que cuenta como un hombre sin identidad, transformado en una máquina, puede reconstruir su pasado en base a fragmentos de su memoria. Muy interesante el papel de Clarence Boddicker, el criminal en potencia, ejercido por un actor como Kurtwood Smith que físicamente no parecía el más indicado.

EL PISTOLERO: Un parque de atracciones, llamado Delos, sirve como distracción a los turistas que pueden enfrentarse a robots y vencerles en el lejano oeste, hasta que un fallo en el sistema hace que los androides actúen por su cuenta y ya no se dejen matar, sino al contrario, ahora son ellos quienes dictan las normas, sobre todo un pistolero, recreación de Yul Brynner que retoma la apariencia de su personaje en "Los 7 magníficos" y que será un asesino implacable. Este es el interesante argumento de "Almas de metal", dirigida por el afamado escritor Michael Crichton en el año 1973.

ROBBY: El robot de "Planeta Prohibído" era manejado por un actor que llevaba un traje mecánico de 2,18 metros de altura y, además de poseer una gran fuerza, tenía la habilidad de fabricar gran diversidad de objetos. Fue protagonista de otros largometrajes y tuvo su pequeño momento de gloria en televisión, pero, sin duda, siempre recordaremos su participación en el film "Planeta Prohíbido", que, entre otras cosas, representa un salto cualitativo en el género de ciencia-ficción, en una historia inspirada en "La tempestad" de Shakespeare. Asistimos al enfrentamiento entre la técnica y los fantasmas del subconsciente, los mismos que hicieron desaparecer, en una sola noche, a la civilización de los Krell, justamente cuando habían alcanzado la perfección.

ASH: "Aún no habéis comprendido a qué os enfrentáis. Un perfecto organismo. Su perfección estructural sólo está igualada por su hostilidad. Yo admiro su pureza, es un superviviente al que no afecta la conciencia, los remordimientos ni las fantasías de moralidad... No tenéis ninguna posibilidad, pero... contáis con mi simpatía." Estas desalentadoras palabras son las que el robot Ash, o persona sintética, dirige a los últimos supervivientes de la nave Nostromo en "Alien, el octavo pasajero"; claro que la contestación que obtienen por parte de Parker, el personaje interpretado por Yaphet Kotto, son bastante meridianas: "¡Desconecta esa puta mierda!".

WALL-E: En una Tierra abandonada por los seres humanos, debido al alto índice de desechos acumulados que la han vuelto poco recomendable, un batallon de pequeños robots de limpieza se dedica a compactar basura para restaurar el equilibrio en el planeta. Los años han pasado y el único robot que se mantiene aún en activo es Wall-e, que parece que ha desarrollado una personalidad propia, sensible y emotiva. Pixar da toda una lección de cine, sobre todo en la primera mitad de la película, donde sin la necesidad de diálogos se nos muestra toda una serie de impulsos emocionales a través de los ojos de nuestro pequeño amigo. La aparición de Eve, una robot exploradora hace que Wall-e experimente el verdadero amor. Especialmente emocionante es la escena que ambos robots contemplan la película "Hello Dolly", y el pequeño compactador de basura acerca su mano a su compañera cibernética.

MARIA: En un mundo dividido en dos partes irreconciliables, los obreros y la clase dominante, se fabrica un robot con la intención de suplantar a una mujer líder que puede cambiar el mundo. Moraleja de como la tecnología sin conciencia puede manipular el destino. María fue uno de los primeros robots del cine y se lo debemos al maestro Fritz Lang y a una película adelantada a su tiempo.: "Metrópolis".

GORT: Guardián de la paz, centinela perenne que vigila, ese es el presente otorgado por Klaatu, un extraterrestre preocupado por el clima de tensión bélica en pleno auge de la era nuclear. Cuando en la guerra fría, el cine intentaba advertirnos sobre el peligro del comunismo y la desconfianza se reproducía de forma vertiginosa, Robert Wise nos ofreció un argumento que nos señalaba de forma inequívoca el peligro de una guerra de consecuencias devastadoras. En nuestra memoria siempre quedará la famosa frase "Klaatu barada nikto" que servía para detener el afán destructor del robot Gort. Años después, San Raimi, rescataría esas mismas palabras para recitar un conjuro mágico en la película "El ejército de las tinieblas".


MOTOKO KUSANAGI: En el siglo XXI la Mayor Kusanagi, un cyborg con cerebro humano y cuerpo artificial, a cargo de la Sección Policial, investiga los hechos delictivos perpetrados por un delincuente cibernético llamado el "maestro de las marionetas", que en el fondo no es nada más y nada menos que todo un cumulo de conocimiento informático que ha tomado consciencia de si mismo y busca la forma de materializarse en un cuerpo físico. Este es el argumento de "Ghost in the Shell" del director Kokaku Kidotai que, por sus complicadas reflexiones metafísicas, requiere más de un visionado, para su correcta comprensión.