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martes, 8 de enero de 2013

LOS MERCENARIOS 2

Tengo por costumbre pasarme por filmaffinity, cada vez que veo una película, para sondear que piensan los demás sobre la misma, si hay consenso general y si coincide la opinión de la mayoría con mi discutible criterio. No podía ser de otra forma con un título como "Los mercenarios 2", y no son pocos los que se han forjado el criterio de que la imagen que figura más arriba merecía la pena, aunque no se tuviera un guión demasiado brillante. Se tiene el concepto de que, homenajear a estos hombres de acción entre chistes malos, tiros y sangre, era suficiente justificación y que no se necesitaba ninguna virtud añadida. Yo no soy tan condescendiente, quizás porque un tipo como, por ejemplo, John Sturges, no reunió a Steve McQueen, Charles Bronson y James Coburn en películas del calibre de "Los siete magníficos" y "La gran evasión" por un afán de juntar figuras del cine como el que colecciona cromos de fútbol. 

En líneas generales la historia, sin ser demasiado original, si que daría mucho más juego para desarrollar un guión más elaborado, con algo de más fuste, el suficiente para compensar el esfuerzo que supone reunir a una serie de figuras emblemáticas del cine de acción de los 80, algo que con los años será cada vez más difícil de repetir. Un argumento en tan precario desarrollo como el de "Los mercenarios 2", hace que parezca algo más plausible el de su primera entrega, que ya no era demasiado brillante, pero que si parecía tener una mayor consistencia en el dibujo de sus personajes. Si, ya se que la presentación de los mismos requería ese esfuerzo y que, una vez conocidos, no necesitan mayor atención, pero se echa de menos un mínimo de reposo en la adrenalina y algo de más pulso narrativo en ciertos momentos. 

Y lo cierto es que la película tiene hallazgos muy aprovechables, como esa ciudad fantasma, una réplica de cualquier población de los Estados Unidos en suelo ruso, que los soviéticos utilizaban como escenario de hipotéticos asaltos en la guerra fría. Esa ambientación hubiera dado mucho más juego en otro desarrollo más ingenioso, aunque permite la aparición estelar de un Chuck Norris en forma de figura legendaria, aunque con cierto tono irónico con la música que le acompaña y chiste añadido. Van Damme se desenvuelve bien en su papel de malo y, aunque pareciera que existe cierta cordialidad profesional frente a sus oponentes, no guarda ningún código ético de formalismo profesional, algo que si dibujó de forma excepcional, y no podía ser de otra manera, Howard Hawks en "El Dorado", en la confrontación entre los pistoleros Cole Thornton (John Wayne) y Nelse McLeod (Christopher George). Pero tampoco le vamos a pedir peras al olmo. En cuanto a la chica de turno, intenta hacerse notar entre tanta testosterona, aunque tampoco pasará a la posteridad. Jet Li desaparece a las primeras de cambio y Dolph Lundgren sigue utilizando esa expresión de psicópata pasado de vueltas que tan bien le queda y que fue de lo mejor de la anterior entrega del 2010. Jason Statham se mantiene algo más discreto respecto al film original y se echa de menos al personaje interpretado por Mickey Rourke, que daba un sentido nostálgico al paso de los años y sus viejas heridas.

Otro problema añadido es  cuando se reunen los tres grandes, Stallone, Willis y Schwarzenegger, que no parecen tomarse demasiado en serio sus intervenciones y, lo que podría ser un homenaje con cierta sorna, parece más bien una fiesta de pijamas de tipos duros, fiesta a la que parece que también se suman los encargados del doblaje. Es un acierto el no tomarse demasiado en serio a sí mismos, pero tampoco es cuestión de pasarse de frenada, algo que probablemente no harán cada uno de ellos en sus futuros proyectos en solitario. El director Simon West realiza su labor de forma eficiente, algo gris, sin demasiados destellos pero eficiente en las escenas de acción, muy deudoras en cuestión de sangre y vísceras del último Rambo.

En resumidas cuentas, homenajes todos los que quieran, bromas y auto parodias también, pero con un poco más de músculo narrativo. Merece la pena, después del esfuerzo de aunar tan loable reparto, reunir también algo de talento detrás de las cámaras.

 

martes, 11 de diciembre de 2012

PERRO BLANCO

Una joven actriz, Julie (Kristy McNichol), circula despreocupada cuando atropella a un perro blanco. Angustiada por el suceso, lo lleva a una clínica veterinaria donde será atendido. Sin saber que hacer con él, permitirá que se quede en su casa hasta encontrar a su dueño. Un vínculo de amistad y lealtad va surgiendo entre los dos, sobre todo desde que el perro dio buena cuenta de un violador que quiso agredir a Julie en su propia casa. La contundencia y fiereza que demostró el perro fueron motivos más que suficientes para que decidiera quedarse con el animal. No obstante, el perro demostrará ser incontrolable y su violencia se desatará, curiosamente, cada vez que se cruza en su camino una persona de raza negra. Asustada, y con el convencimiento de corregir tan desmedida agresividad, acude a un centro especial en donde puedan modificar su conducta. El adiestrador es un hombre de color llamado Keys (Paul Winfield) y, en cuanto el perro lo divisa, carga toda su fuerza contra él. El encargado del lugar le recrimina a Julie que lo que le acaba de traer es un "perro blanco", ante la mirada atónita de la joven actriz quién ya daba como evidente de que lo era, aunque no llega a entender que significado oculto se esconde en esa definición.

Un perro blanco es un animal adiestrado para atacar con saña a los negros. Su dueño es probablemente un racista que ha condicionado la conducta del animal para que sirva a sus fines, o más bien a sus particulares odios. ¿Y cómo se consigue hacer racista a un perro?. El adiestrador de la película lo explica con todo detalle. El perro es entregado de cachorro a un negro al que se le pagará para que lo maltrate sistemáticamente. Mal alimentado por su circunstancial dueño y con reiteradas palizas, el animal sentirá un miedo cerval ante cualquier hombre o mujer de semejantes rasgos, miedo que se transformará en un odio que, con el tiempo, sabrá canalizar convenientemente utilizando ya la fuerza de un perro adulto. Sumándole un adiestramiento como animal de ataque, lo convertirá en una bestia letal. En la película ya se nos advierte que todos los intentos con perros blancos a los que se les ha intentado extirpar ese carácter racista han terminado mal. No obstante, Keys, a sabiendas del peligro que entraña, se compromete, como desafío personal, a modificar ese comportamiento. A partir de ese momento, el film narra con todo detalle la continua lucha entre hombre y animal, una lucha que se convierte en toda una metáfora de la lucha contra los prejuicios y que entra de lleno en la disquisición moral de si es posible o no cambiar el carácter de cualquier hombre imbuido en odios raciales.

La película, como otras que abordaron el tema, trata de explicar el origen de la animadversión racial, sus mecanismos de aprendizaje, su evolución y su constitución como una forma de entender la vida. En "Arde Mississippi" de Alan Parker se diseccionaba la discriminación hacia los negros, encontrando su semilla de dispersión en la educación. El factor de esa antipatía se enseña a los niños desde pequeños, tal y como lo decía el personaje interpretado por Frances McDormand: "La gente nos mira y no ve mas que fanáticos y racistas,  nadie nace odiando, se te enseña en la escuela, nos decían que la segregación estaba en la Biblia, Génesis 9:27, a los siete años si te dicen algo tantas veces llegas a creerlo, crees en ese odio lo vives lo respiras y te casas con el". En "El sendero de la traición" de Costa-Gavras, el racismo se vive como algo cotidiano, se organizan hasta campamentos, en donde niños y mayores se inyectan una buena dosis de odio, de un odio costumbrista, casi natural, con la apariencia falsa de las buenas intenciones. Y eso si que da miedo. La naturalidad del mal siempre asusta más que la sobreactuación. 

En la película que nos ocupa ese factor racista no se puede aprender de forma sutil. Al fin y al cabo el protagonista es un perro y se recurre al procedimiento más primario, a la inducción del rencor por medio de la violencia. Un mecanismo que instintivamente forja a un enemigo primordial. El reto es cambiarlo todo, ser capaz de dar marcha atrás a esa conducta, en definitiva extirpar el germen del odio racial. En ese sentido, la película no puede ser más desoladora. Samuel Fuller ofrece un final ciertamente pesimista en forma de fracaso. SPOILER-El adiestrador consigue con éxito doblegar el resentimiento interno del animal, pero con un alto precio. El perro, víctima de ese contrasentido, de esa lucha interna de los instintos agresivos inducidos, termina por entrar en la locura absoluta. Ya no ataca al hombre negro, pero su ira se canalizará ya en cualquier dirección, arremetiendo contra el primer ser humano que tenga a tiro. El único triunfo que se permite la película es, cuando un anciano acude para recuperar al perro del que dice ser propietario, recibiendo el reproche por parte de Julie, que le informa que su creación abominable está siendo neutralizada por un hombre de color. Es una victoria a medias, pero que indigna el orgullo del viejo racista que acude con sus nieta, aparentando esa normalidad del forjador de odios de la que ya había hablado anteriormente.-FIN SPOILER.

Samuel Fuller, que venía de realizar "Uno rojo: división de choque", muestra su particular desencanto, muy al estilo de otro director outsider como fue Peckinpah. Su falta de fe en los cambios y su constatación de la realidad queda presente en cada fotograma de "Perro blanco", que si bien en un momento parecería una vuelta de tuerca a las películas con animales asesinos, sin más trascendencia, pronto se demuestra que su camino no es el de la película comercial al uso. El guión, escrito a medias entre el director y Curtis Hanson fue lo suficientemente contundente como para asustar, en cierta medida, a la productora Paramount, que tras un discreto estreno a principios de los 80, decidió retirarla de cartelera hasta el año 1991 en la que volvió a circular en las pantallas comerciales con relativo éxito.


jueves, 12 de julio de 2012

GREYSTOKE: LA LEYENDA DE TARZAN, EL REY DE LOS MONOS


En los 80, una de las películas que más me impresionó fue la adaptación del mito de Tarzán que realizó Hugh Hudson, y la escena que me dejó literalmente clavado a la butaca fue aquella en la que el protagonista que encarna al rey de los monos, Christopher Lambert, grita ante un simio abatido de un balazo: "¡C´est mon père! ¡Era mi padre!". Ese momento resume a la perfección lo que es el personaje y el fracaso, en parte, de su forzada reconversión en hombre civilizado. Todas las normas esenciales de la alta sociedad saltan por los aires ante semejante afirmación. Rotunda, en cuanto responde a los verdaderos sentimientos naturales y no respecto a los que han sido imbuidos de forma artificiosa.
No son pocos los que acudieron a su visionado atraídos por ese novedosos aire de producción bien cuidada, en tono clásico y aparentemente más fiel a la creación de Edgar Rice Burroughs, aunque la realidad es bien distinta y son muchas las cosas que separan el film de Hudson de la creación del escritor de Chicago. Esto no es ni bueno ni malo, y no añaden más calidad a un film o se la restan. Hay películas mejores que sus referentes literarios, como, según mi modesta opinión, pueden ser "Tiburón" o "El planeta de los simios" y otras que son adaptaciones realmente fallidas, y en este caso pondría el ejemplo de "Verano del 42". Lo cierto e indiscutible es que esta nueva visión de los 80 difería bastante de las versiones clásicas de Johnny Weissmuller. No es una propuesta superior, simplemente distinta. 
Aborda el personaje desde un punto de vista más naturalista y, si se quiere, hasta  ecologista. Se podría pensar que es una vuelta de tuerca más hacia el realismo de lo que hubiera sido realmente una historia de este tipo, aunque no es ni de lejos algo parecido a "El pequeño salvaje" de François Truffaut. De hecho, este Tarzán está algo más pulido que lo que un niño abandonado en la selva estaría, aunque no llega al nivel de las novelas de Burroughs, en las que el personaje, en plan autodidacta, es capaz de aprender a leer por sí mismo los libros dejados por sus padres. Por otra parte, el film de Hudson nos introduce en la plena efervescencia de la ciencia del siglo XIX y, prueba de ello, es la expedición británica a la selva y, sobre todo, la visita al Museo de Ciencias de Londres en donde nuestro protagonista descubrirá horrorizado los experimentos con monos y a su propio padre enjaulado. 
Es interesante también destacar esa visión de la expedición británica, muy deudora de "El corazón de la tinieblas", algo casi inevitable en este tipo de cuestiones, y de sus participantes. Un cazador a la antigua usanza, cruel y sanguinario, interpretado por Nigel Davenport, el nuevo científico, un remilgado John Wells y el hombre que los guía, un desmotivado explorador y, como siempre, estupendo Ian Holm. Curiosa imagen es la de los habitantes del primer punto civilizado que visitan John Clayton (Tarzán) y su descubridor, el Capitán Phillippe D´Arnot, toda una suerte de tugurio habitado por una galería de personajes algo esperpénticos y ciertamente siniestros. Una visión un poco rebuscada y deliberadamente ingrata.
En "Greystoke: la leyenda de Tarzán, el rey de los monos" hay un sentido evolutivo de la muerte violenta. El personaje se enfrenta de adolescente al asesinato, por parte de los nativos, de su madre adoptiva simia. Es su primer contacto, al que sucede un grito de desesperación que traspasa la pantalla. Después morirá en un accidente su abuelo, un inconmensurable Ralph Richardson, que falleció realmente antes del estreno del film. La película cierra ese ciclo de muerte con la de su padre simio por parte de la policía de Londres.
Puede ser que la película haya perdido cierto fuste desde su estreno allá por el año 1984, que no se resista al encanto de los films de  Weissmuller, que alguno de sus interpretes, especialmente Christopher Lambert, haya demostrado su escaso poder interpretativo (hay ciertas miradas estrábicas que son demoledoras), que su director pudiera estar ciertamente sobrevalorado, pero, por la cuidada puesta en escena, por sus intenciones, por sus actores secundarios, por una Andie MacDowell que destila una especial sensualidad, aunque con voz doblada, por sus escenarios y otros motivos, merece cierta consideración, que aunque haya mermado no deja de ser ciertamente digna. 

jueves, 6 de octubre de 2011

PELICULAS WAKA


Hoy no voy tratar de hablarles ni de "Ciudadano Kane" ni de "Muerte en Venecia". Carlos Herrera define este género como el de películas waka, término que no se exactamente de donde viene, pero que engloba films para pasar el rato. Propuestas en definitiva de fácil consumo, algunas veces descerebradas y para algunos de ustedes simplemente malas. He seleccionado algunas que me divierten y consiguen mantenerme un rato sin pensar demasiado. Tiros, peleas imposibles, guiones sin profundidad y puede que, alguna, sea hasta una película más que aceptable e incluso realmente buena.

EJECUTOR (John Irvin-1986): Schwarzenegger, un ex agente del FBI, se infiltra en un grupo mafioso a petición de un viejo compañero (Darren McGavin). Producida por Dino de Laurentiis es el típico producto de acción ochentero, con unos gangster de opereta, un malo muy malo encarnado por Robert Davi y una matanza final a ritmo de "Satisfaction" de los Rolling. Nota en FilmAffiniy, un 4.


REVENGE (Tony Scott-1990): Un piloto de aviones de combate (Kevin Costner) se retira a Méjico a petición de un amigo, "Tiburón Méndez" (Anthony Quinn), un hombre de sucios negocios, con algún que otro político en el bolsillo y extremadamente violento. El piloto comete el error de iniciar un tórrido romance con la esposa de éste (Madeleine Stowe), lo que provoca consecuencia dramáticas. Película visceral y violenta, basada en una novela de Jim Harrison de la que Costner ha renegado en diversas ocasiones. Nota en FilmAffinity, un 5,6.


MAXIMO RIESGO (Renny Harlin-1993): Un grupo de peligrosos atracadores tienen un accidente aéreo en las montañas. Dos especialistas en rescates, Walker (Stallone) y Tucker (Michael Rooker) se enfrentaran a ellos, utilizando su conocimiento del medio para sobrevivir. Genial John Lithgow haciéndo de malo muy malo y, para vacilar, un atraco en pleno vuelo de un avión. Nota en FilmAffinity, un 5,3.


FREEJACK (Geoff Murphy-1992): Alex Furlong (Emilio Estévez) sufre un accidente mortal cuando participa en una carrera automovilística. Antes de que muera, es transportado al futuro en donde se le espera para ser el portador de la mente de un hombre de gran influencia y poder (Anthony Hopkins). Pero algo saldrá mal y Furlong emprenderá una huida desesperada, mientras un cazarrecompensas, Vancendak (Mick Jagger), le persigue implacablemente. Ciencia-ficción barata con un reparto más que interesante. Nota en FilmAffinity, un 5.

TIRO MORTAL (John Frankenheimer-1989): El agente de Jerry Beck (Don Johnson) investiga el asesinato de un policía. Sus indagaciones le llevaran por medio país en busca de un sospechoso relacionado con un grupo neonazi. En compañía de un estirado y pusilánime agente del FBI (William Forsythe), nos descubrirá el lado oscuro de la América profunda. Detrás de las cámaras nada más y nada menos que Frankenheimer, el autor de "El mensajero del miedo", "El hombre de Alcatraz", "Siete días de Mayo" o "El tren". Nota en FilmAffinity, un 4,8.


DISPARA A MATAR (Roger Spottiswode-1988): Durante un atraco de una joyería con rehenes, un peligroso asesino logra escapar del agente del FBI Warren Stantin (Sidney Poitier). Éste le perseguirá hasta llegar al norte del país, en un territorio hostil sembrado de peligros, en donde el criminal se ha infiltrado en un grupo de excursionistas. Con la compañía de un experto montañero, Jonathan Knox (Tom Berenger), iniciaran la frenética búsqueda del criminal, en esta clásica buddy movie. Nota en FilmAffinity, un 5,9.


DEEP BLUE SEA (Renny Harlin-1999): Estando a años luz de Tiburón, aunque su intención no sea parecerse al legendario film de Spielberg, Harlin nos ofrece un buen film de acción en los que unos terribles escualos son utilizados para obtener un remedio contra el alzheimer, haciéndose más inteligentes. Supongo que a muchos les sonará este argumento, en concreto a los que han tenido ocasión de visionar "El origen del planeta de los simios". Lo insólito del film es que desactiva muchos de los tópicos habituales del género. Nota en FilmAffinity, un 4,3.


DECISION CRITICA (Stuart Baird-1996): Los que acudieron a las salas de cine para ver una película más de Steven Seagal se quedaron compuestos y sin actor cuando, afortunadamente, éste desaparece de escena a las primeras de cambio. El tema no es original, el terrorismo aéreo ha sido un referente usado con frecuencia, aunque bien es cierto que después del 11-S adquiere un significado especial, pero la propuesta de este film nos ofrece acción bien filmada y el suficiente ritmo para llegar a un clímax ciertamente honesto. Además, si está Halle Berry, mucho mejor para mantener el interés. Nota en FilmAffinity, un 4,6.


LA ROCA (Michael Bay-1996): Film emblemático de los 90, con un espléndido Sean Connery, realizando un papel que podría ser el de un James Bond apresado y encerrado de por vida en una cárcel de máxima seguridad. Ritmo, acción, buena banda sonora y eso a pesar de la habitual incapacidad de Michael Bay para dejar que la cámara no esté al borde de la epilepsia. A destacar los actores secundarios, Ed Harris, Michael Biehn, William Forsythe y David Morse. Nota en FilmAffinity, un 6,9.


BREAKDOWN (Jonathan Mostow-1997): Road movie en estado puro, de una mujer desaparecida misteriosamente y su búsqueda desesperada por parte de un Kurt Russell inspirado. LLega un momento en que la película resulta inquietante, después es puro espectáculo y al final algo de fuegos artificiales, pero cumple lo que promete. Nota en FilmAffinity, un 5,9.


DOOMSDAY (Neil Marshall-2008): Reconozco que la razón principal por la que le eché un ojo a esta película fue por ver a Rhona Mitra, pero merece la pena perder algo de nuestro tiempo en una propuesta entretenida que narra un futuro apocalíptico y de un mundo dividido por un muro, que separa la civilización de la barbarie. Descerebrada y exagerada, a veces extravagante, pero efectiva. Nota en FilmAffinity, un 4,8.


LOS JUECES DE LA NOCHE (Stephen Hopkins-1993): Un grupo de amigos son testigos de un asesinato y emprenden la huida, perseguidos por un grupo de criminales comandados por un malo muy logrado a cargo de Denis Leary. En una ciudad casi desierta, fantasmagórica, sin policías, nuestros protagonistas se enfrentaran a sus perseguidores y a ellos mismos. Nota en FilmAffinity, un 5,7.




martes, 9 de noviembre de 2010

TERMINATOR


Una enorme máquina de destrucción aplasta con sus ruedas cráneos humanos en una noche infernal de exterminio. Una voz en off nos advierte: "Las máquinas surgieron de las cenizas del fuego nuclear. Su guerra para exterminar a la humanidad había continuado con furia durante décadas. Pero la batalla final no iba a librarse en el futuro. Se libraría aquí, en el presente. Esta noche".


Una noche más en Los Ángeles, sin embargo, una luz cegadora, acompañada de descargas eléctricas, nos envía un emisario (Arnold Schwarzenegger) de otra época, de otra dimensión. Una forma humana amenazante se adentra en la ciudad. Sus ojos no muestran emoción, su expresión es tan fría y mecánica como su desprecio por la vida. A cada paso que da, deja un reguero de muerte. Una vez armado, se hace con una página de la guía de teléfonos y comienza su eliminación de toda mujer que tenga el infortunio de llamarse Sarah Connor.


De la misma forma, un nuevo enviado (Michael Biehn) atraviesa la luz blanca. Es vulnerable, y en su cuerpo se expresa el dolor y la inseguridad de un simple mortal. La policía le persigue y, cuando desarma a uno de ellos, le pregunta de forma angustiosa qué día es y de qué año. Su misión es vigilar y proteger a una mujer, una mujer cuyo nombre es Sarah Connor (Linda Hamilton).


Los tres protagonistas se reunirán en un local nocturno, en donde un exterminador, un protector y una elegida iniciaran una desesperada noche en la que el destino de la humanidad estará en juego.


Cuenta James Cameron que la idea de "Terminator" le fue inspirada por una noche de fiebre y pesadillas y, ciertamente, que el futuro expresado en esta película nos presenta un mundo terrible y desolado, la distopía propia de un año orwelliano, como lo fue 1984. Nada más descriptivo que esos recuerdos del personaje interpretado por Biehn, sobre todo, la entrada al refugio, en donde la visión de un mundo acabado nos es presentada de forma simbólica, por unos seres humanos que se calientan con el fuego encendido en la carcasa de una vieja televisión, o de esos niños cazando ratas para alimentarse. Después, la irrupción de un Terminator devastador, que escupe ráfagas de plomo bajo su mirada iluminada por unos ojos sin remordimientos ni conciencia. Es el destino dantesco mejor dibujado en unos pocos minutos, es también un destino infranqueable y terrible, cuya única esperanza es una foto quemada de una mujer y un hombre aferrado a su imagen.


El argumento que nos presenta el film de James Cameron tiene también algo que ver con un sentido religioso y místico, casi evangélico. Un enviado de otro tiempo, que tiene como misión salvar a la mujer que engendrará a un hijo, futuro líder de la raza humana, se convertirá también en el padre, que en una noche de pasión y miedo sembrará la semilla del futuro. Es también un film en el que las alteraciones del espacio-tiempo modificarán lo que está por venir. Gracias a que el cyborg es destruido en una fábrica automatizada, se podrán investigar sus restos, que, con el tiempo, permitirán el avance acelerado de la robótica y el surgimiento de la máquina absoluta, esa forma de consciencia artificial llamada Skynet. Pero a su vez, la intervención de esta inteligencia artificial, en el pasado, provocará también el surgimiento de su enemigo más temido, John Connors.


"Terminator" surge en una época, los años 80, en la que la carrera armamentista alcanzó su máximo apogeo, llevándonos de forma inequívoca a un miedo escénico tan real como cotidiano: La guerra nuclear. Pero, también se intuía que dicha carrera acabaría por desestabilizar al bloque soviético hasta su derrumbe. Aquí el enemigo no son los comunistas, sino las máquinas y, en su deseo de exterminio de la raza humana, provocaran una guerra nuclear de consecuencias devastadoras.


Uno de los máximos aciertos de la película fue su reparto, sobre todo en la elección de una estrella emergente como era Arnold Schwarzenegger. En un principio, Cameron quería que el papel de cyborg exterminador lo interpretara uno de sus actores fetiches, Lance Henriksen (quién haría después de Bishop, el androide de "Aliens, el regreso"), pero alguien le aconsejó ofrecérselo a un actor de gran físico, como lo era entonces el actor austríaco. A regañadientes, Cameron aceptó concederle una oportunidad, sin demasiada fe, entre otras cosas por que él mismo decía con cierto escepticismo que le haría una entrevista a Conan, el Bárbaro. Tampoco Schwarzenegger hizo demasiado caso a quienes le aconsejaron que no aceptase un papel de villano que podría encasillarle en el futuro. La reunión fue tan fructífera y positiva que James Cameron concedió el papel del Terminator a Schwarzenegger, relegando a su propuesta inicial, el actor Lance Henriksen, a un papel secundario, interpretando al detective Vukovich. Es evidente que si esta decisión la película hubiera sido totalmente distinta. Nos hubiera privado de una imagen potente de un exterminador casi indestructible y la leyenda de "Terminator", probablemente, se hubiera difuminado en una propuesta con menos energía y garra. El villano de esta película actúa como si realmente fuera un cyborg, anda, camina y se expresa con frialdad, como la de un insecto depredador. En la famosa escena del garaje, cuando el personaje de Kyle Reese le revela la verdad a una poco receptiva Sarah Connor, la mirada de un Schwarzenegger, que busca su presa entre los coches aparcados, es tan amenazante como inquietante. La forma en que ejecuta a sus víctimas, algunas objetivos, otras que solo se interponían en su camino, la banda punk del principio o el dependiente de una tienda de armas, es de una eficiencia letal, sin discursos que puedan distraer o alargar indebidamente la puesta en escena. Una pregunta curiosa: ¿Por qué le dieron a Bardem un Oscar, por una interpretación parecida, en "No es un pais para viejos" y hubiera sido absolutamente absurdo porponer ni tan sólo la nominación para Schwarzenegger?.


Aunque la película no es de un gran presupuesto, cuenta con unos efectos especiales que, para la época en que se filmó, no desmerecen en absoluto. El mérito principal se lo debemos a Stan Wilson, el mago de los efectos especiales, responsable, además de "Terminator", de las criaturas de "Aliens", "Depredador" o "Parque Jurásico". Wilson construyó dos robots, uno a escala que se movía utilizando el movimiento fotograma a fotograma, stop motion, que es el que ha envejecido peor, y otro a tamaño natural, sin piernas, que era manejado desde abajo y que, con el ingenioso y rudimentario sistema de dos travesaños manejados por dos operarios, podía andar e incluso simular la cojera que sufre el cyborg tras la voladura del camión cisterna.


El film cuenta con poderosas escenas, como la secuencia inicial de las máquinas aplastando cráneos y exterminando seres humanos, la irrupción del Terminator, el asesinato del vendedor de armas, los recuerdos del futuro de Reese, la primera vez que encañona con la pistola de mirilla láser a Sarah Connor, la cura brutal a la que se somete el Terminator en la habitación de un sucio hotel, el tiroteo en la comisaría y el famoso "volveré" o la primera aparición del cybor sin su recubrimiento de tejido humano, cuando muestra su verdadera naturaleza. Todo eso, envuelto convenientemente en una fotografía que retrata Los Ángeles, sin ningún tipo de glamour, sucia, húmeda y habitada por una suerte de seres marginales, la tribu punk del principio, el vagabundo al que Reese le roba los pantalones, una vieja empujando un carrito de supermercado lleno de basura, nos ofrece un panorama decadente, próximo a su apocalipsis.


Terminator se ha convertido a lo largo de estos años en un film de culto, referencia indispensable de la ciencia ficción contemporánea que se ha extendido en una saga irregular pero siempre interesante, aunque no para todos. Sin ir más lejos, el redactor jefe de Film International, Michael Tapper le dedica esta crítica poco halagadora: " Esta película Kitsch de serie Z, potencial candidata a los premios Pavo de Oro... es un triunfo del estilo sobre la trama, de la astucia sobre la inteligencia...el estilo de Cameron mantienen al espectador lo bastante distraido para no reparar en la absurdidad de todo el asunto. Incluso Arnold Schwarzenegger-epítome de la mala educación, con una insulsa expresión facial, fuerte acento austríaco y un lenguaje corporal aprendido en la escuela del monstruo de Frankenstein- se convierte en uno de los activos de la película... Lo mismo se puede decir de la violencia, sádica aunque cómica, y del cambio de la chica al acabar la película. ". No obstante, "Terminator" fue capaz de ganar, no los premios Pavo de Oro, sino el Premio Saturn al mejor maquillaje, a la mejor película de ciencia ficción y al mejor guión. Galardonada también con el premio Grand Prize a James Cameron en el Avoriaz Fantastic Film Festival y preservada desde el 2008 en el National Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Pero, por encima de todo, es un incono inmortal del cine de ciencia ficción, un film de culto y una historia que arriagó en el imaginario popular de toda una generación.