Aquí estoy de nuevo, de regreso de mi habitual paréntesis veraniego. Hace unos años solía bromear diciendo que me había marchado de retiro espiritual, y no quisiera ser reiterativo queriéndome hacerme otra vez el gracioso. Así que no engañaré a nadie si digo que he permanecido una semana en un Hotel de Almería y que, una vez más, mi proceso de mutación hacía el homo acuaticus ha sido inevitable. Con dos niñas de ocho y tres años se pueden imaginar que no hay otra que pasarse horas y horas en el líquido elemento. Este año, no obstante, se ha dado una nueva disciplina acuática, que no es otra que el lanzamiento de niña. Martina pedía una y otra vez, hasta la extenuación, que la arrojase al agua. Brazos arriba y empuje, cual lanzador olímpico de peso hasta hacer volar a la niña equipada de manguitos de Minnie Mouse. Hasta tal punto que me provocó un dolor punzante en el hombro que afortunadamente no pasó a mayores. La playa ha sido la gran ausente, ya que mis dos retoños son recelosos de la arena y las olas. Les pasa un poco como a mí, que pienso que el día que la enchapen de azulejos y calienten el agua será un gran avance para la civilización, pero eso es otra historia. Después de esta entrada, un poco improvisada, pondré mi mente en marcha e intentaré de nuevo escribir algo con un mínimo de coherencia.
viernes, 11 de julio de 2014
jueves, 19 de junio de 2014
ESPAÑA ABDICA EN MARACANÁ
Del cielo al infierno, del éxito al fracaso absoluto, del Olimpo al inframundo, y podríamos seguir hasta la extenuación para definir un estado de ánimo que muy pocos imaginaríamos tan sólo unos cuantos días atrás. No recuerdo un mundial tan mediocre de la selección española, aunque aquel del Naranjito tampoco trae demasiados vientos de alegría. La derrota siempre es más dura para el triunfador. Quizás el orgullo o su condición dada a la buena fortuna le han deparado un lecho de rosas, que se ha tornado de espinas tan hirientes como las puntas de una mala estrella. Es difícil comprender como la Roja ha podido perder por el camino del anterior Mundial todo su poder, su dominio del escenario, su capacidad de desesperar al contrario, en definitiva, la suficiencia de manejar el tempo de un partido y su resolución. Cual Superman rodeado de kriptonita se ha arrastrado y humillado de forma inesperada. Ha sido un juguete roto en manos de otras selecciones con más actitud y ambición, y eso duele, pero también significa algo. Es curioso como el debacle total es mucho más interesante que la medianía, puesto que nos permite adornarnos dialécticamente mucho más. El ídolo caído tiene más lecturas y aristas que el descenso lento y pausado. Nos permite profundizar sobre la dualidad de los extremos, que dicen que se juntan, pero en este caso les separa un abismo.
Se hablan de muchas causas, debilidad física o mental, quizás ambas al mismo tiempo, veteranía que ha sido más un lastre que una virtud, ciclo completado y amortizado, exceso de éxito, causante de apatía ante nuevos desafíos, y otras variantes del fracaso se manejan cual baraja de tahúr. Puede ser alguna de las antes citadas o una combinación letal de todas ellas. Me parece, no obstante, que la falta de ambición no puede ser esgrimida con cierta verosimilitud. No puedo comprender que exista un deportista que no quiera engrandecer su leyenda, que considere que ya ha ganado todo lo que es razonable. La modestia, en este caso, es un paso atrás y en un ámbito como el deportivo es difícil de comprender. Habría que analizar hasta que punto, un sistema de juego como el de la Selección española, por repetido ha sido desactivado. No hay nada infalible, y en el fútbol no hay un modo de juego definitivo que sirva para sentenciar o dar carpetazo a una personalidad invencible y sin contestatarios. Lo que hoy es válido e incuestionable, mañana será un proceder arcaico y en franca decadencia. España ha sido en Brasil, un equipo al ralentí, previsible e impotente de cara al arco contrario. También es cierto que parece enigmático, como un equipo formado por jugadores con gran personalidad, ha sido incapaz de marcar ni un sólo gol en jugada, aunque bien es cierto que aún queda un partido con Australia. Un partido, por cierto, de lo más inconveniente y que ya no puede servir nada más que para engrandecer la leyenda del caído. Así que no sería descabellado desear una nueva derrota, para, de esta forma, llegar al absoluto, para que conste en los libros de historia deportiva cómo un gigante, un campeón, dobló sus rodillas y saboreó la más amarga derrota.
miércoles, 11 de junio de 2014
POLLOS ZOMBIS
Existe un nutrido grupo de aficionados a la temática zombi que no solo degusta con avidez las películas del género que caen en sus manos, sino que además tienen un sexto sentido que les advierte del peligro que podría existir realmente el día que los muertos caminen entre nosotros, con hambre de cerebros y vísceras. Se vanaglorian de estar preparados para el día del apocalipsis y sus métodos, forjados en normas y comportamientos de películas gore, videojuegos y cómics, parecen bien cimentados. De hecho, se podría decir, sin mayor problema, que ansían sin prejuicios que ese amanecer zombi suceda realmente. La gente los tacha de frikis o directamente de chalados con todas sus tuercas y arandelas por los suelos.
Así que no sería de extrañar que, tan amantes de la adrenalina post mortem, llegaran al éxtasis y al orgasmo cuando se ha publicado la noticia de que la Administración Obama ha dado luz verde un "Protocolo de emergencia en caso de apocalipsis zombie", conocido como proyecto CONOP 8888, cuya primera prioridad es "preservar la sanidad humana". En el mismo se dan unas normas a seguir en cuanto a la reserva de alimentos, la provisión de agua potable y otras instrucciones de supervivencia. Existe también un protocolo de actuación del ejército norteamericano muy centrado en la contención y eliminación de los llamados "no muertos". Ante el pitorreo generalizado y el asentimiento de los que siempre creyeron que esto podía suceder, las autoridades militares se han justificado argumentando que se trata sólo de un incentivo para sus muchachos en los ya monótonos ejercicios tácticos de emergencia.
Esta noticia, que podría ser considerada casi inédita, no lo es realmente, ya que en el 2011 el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades, una agencia de salud del gobierno federal de Estados Unidos, con sede central en Atlanta, publicó en su página web un protocolo similar y según su portavoz oficial, Dave Daigle, "Si se preparan para el Apocalipsis zombie, estarán preparados para cualquier peligro". Aunque lo más curioso de la noticia no es que se intente justificar tal proceder diciendo que será válido para cualquier otra catástrofe, epidemias, inundaciones, huracanes y otros tumultos, sino que se niega la existencia del fenómeno zombi, excepto en los pollos. A uno se le queda la cara como un cuadro de Mondriaan ante semejante afirmación y busca, desesperadamente, una explicación más o menos racional de semejante afirmación. Parece ser que, en algunos lugares de EEUU, a las gallinas viejas que ya no ponen huevos se les sacrifica con monóxido de carbono y se les entierra debidamente, aunque sin salvas de honor. Lo curioso es que al poco tiempo vuelven a la vida y surgen de entre la tierra, como en las buenas películas de terror. La primera explicación racional que se me viene a la cabeza es que les dan sepultura cuando aún no están muertas. Todo esto me recuerda a la película "El ataque de los pollos zombies", una producción gamberra de serie B, o directamente Z, en la que unos pollos de un restaurante de comida rápida vuelven a la vida al estar construido el mismo sobre un cementerio indio. Una versión avícola de "Poltergeist" de Tobe Hooper en toda regla.
Y para terminar esta marcianada de entrada, que denota mi falta de ideas cual escolar antes de las vacaciones de verano, les contaré la historia del pollo Mike. En 1945, Lloyd Olsen, un granjero de la ciudad de Fruita (Colorado), se disponía a prepararse una buena cena. Eligió a un pollo bien cebado y le cortó la cabeza para desplumarlo a continuación. Cuál fue su sorpresa cuando el ave sin testa salió corriendo a esconderse en un rincón del corral. El granjero pensó que moriría a los pocos minutos y lo observó detenidamente. Pero su perplejidad seguía sin tregua cuando el pollo comenzó a comportarse con toda la normalidad del mundo, deambulando por el gallinero como un miembro más. Olsen lo mantuvo con vida alimentándole con una pipeta con la que le introducía comida y agua. Aunque el animal estaba desprovisto de cabeza, la yugular quedó intacta al igual que gran parte del cerebro y un oído. El pollo Mike, como fue bautizado, se convirtió en toda una celebridad, siendo protagonista asiduo de ferias en las que su propietario hacía negocio exhibiéndolo. Hasta tal punto fue conocido que muchos granjeros intentaron fabricarse su propia gallina sin cabeza, pero con resultados infructuosos. Mike murió 18 meses después de perder la suya al atragantarse con unos granos de maíz. Pero su hazaña no fue olvidada nunca, tal y como lo atestigua el tercer domingo de mayo de cada año en una fiesta en su honor.
Así que no sería de extrañar que, tan amantes de la adrenalina post mortem, llegaran al éxtasis y al orgasmo cuando se ha publicado la noticia de que la Administración Obama ha dado luz verde un "Protocolo de emergencia en caso de apocalipsis zombie", conocido como proyecto CONOP 8888, cuya primera prioridad es "preservar la sanidad humana". En el mismo se dan unas normas a seguir en cuanto a la reserva de alimentos, la provisión de agua potable y otras instrucciones de supervivencia. Existe también un protocolo de actuación del ejército norteamericano muy centrado en la contención y eliminación de los llamados "no muertos". Ante el pitorreo generalizado y el asentimiento de los que siempre creyeron que esto podía suceder, las autoridades militares se han justificado argumentando que se trata sólo de un incentivo para sus muchachos en los ya monótonos ejercicios tácticos de emergencia.
Esta noticia, que podría ser considerada casi inédita, no lo es realmente, ya que en el 2011 el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades, una agencia de salud del gobierno federal de Estados Unidos, con sede central en Atlanta, publicó en su página web un protocolo similar y según su portavoz oficial, Dave Daigle, "Si se preparan para el Apocalipsis zombie, estarán preparados para cualquier peligro". Aunque lo más curioso de la noticia no es que se intente justificar tal proceder diciendo que será válido para cualquier otra catástrofe, epidemias, inundaciones, huracanes y otros tumultos, sino que se niega la existencia del fenómeno zombi, excepto en los pollos. A uno se le queda la cara como un cuadro de Mondriaan ante semejante afirmación y busca, desesperadamente, una explicación más o menos racional de semejante afirmación. Parece ser que, en algunos lugares de EEUU, a las gallinas viejas que ya no ponen huevos se les sacrifica con monóxido de carbono y se les entierra debidamente, aunque sin salvas de honor. Lo curioso es que al poco tiempo vuelven a la vida y surgen de entre la tierra, como en las buenas películas de terror. La primera explicación racional que se me viene a la cabeza es que les dan sepultura cuando aún no están muertas. Todo esto me recuerda a la película "El ataque de los pollos zombies", una producción gamberra de serie B, o directamente Z, en la que unos pollos de un restaurante de comida rápida vuelven a la vida al estar construido el mismo sobre un cementerio indio. Una versión avícola de "Poltergeist" de Tobe Hooper en toda regla.
Y para terminar esta marcianada de entrada, que denota mi falta de ideas cual escolar antes de las vacaciones de verano, les contaré la historia del pollo Mike. En 1945, Lloyd Olsen, un granjero de la ciudad de Fruita (Colorado), se disponía a prepararse una buena cena. Eligió a un pollo bien cebado y le cortó la cabeza para desplumarlo a continuación. Cuál fue su sorpresa cuando el ave sin testa salió corriendo a esconderse en un rincón del corral. El granjero pensó que moriría a los pocos minutos y lo observó detenidamente. Pero su perplejidad seguía sin tregua cuando el pollo comenzó a comportarse con toda la normalidad del mundo, deambulando por el gallinero como un miembro más. Olsen lo mantuvo con vida alimentándole con una pipeta con la que le introducía comida y agua. Aunque el animal estaba desprovisto de cabeza, la yugular quedó intacta al igual que gran parte del cerebro y un oído. El pollo Mike, como fue bautizado, se convirtió en toda una celebridad, siendo protagonista asiduo de ferias en las que su propietario hacía negocio exhibiéndolo. Hasta tal punto fue conocido que muchos granjeros intentaron fabricarse su propia gallina sin cabeza, pero con resultados infructuosos. Mike murió 18 meses después de perder la suya al atragantarse con unos granos de maíz. Pero su hazaña no fue olvidada nunca, tal y como lo atestigua el tercer domingo de mayo de cada año en una fiesta en su honor.
viernes, 6 de junio de 2014
EPITAFIOS
El diccionario define el epitafio como "Inscripción que se pone, o se supone puesta, sobre un sepulcro o en la lápida o lámina colocada junto al enterramiento". Lo que no dice es que se pretende ser ingenioso, divertido o profundo ante lo que se estima que es el último pensamiento del difunto. También puede ser que sus allegados elijan la frase intentando un homenaje a su personalidad y forma de entender la vida. En otras ocasiones es una parrafada cursi o pedante que pretende la simple apariencia de lo acertado. Aquí les dejo una selección de los que me han parecido más interesantes, aunque bien es cierto que muchos de ellos jamás terminaron grabados en una lápida.
"De vuelta a las películas mudas" (Clark Gable)
"Después de todo, me gustaría estar en Filadelfia" (W. C. Fields)
"Sabía que si permanecía el tiempo necesario, algo parecido a esto ocurriría" (George Bernard Shaw)
"Todos mis trastos viejos están en el almacén. Aquí estoy, Dios, dirigiéndome a tu casa. Para evitar posibles alborotos, te devuelvo tu producción original" (George Arliss)
"Aquí yace Moliére, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace muy bien" (Moliére)
"Ya decía yo que ese médico no valía mucho" (Miguel Mihura)
"Perdonadme, no lo volveré a hacer" (Antonio Mingote)
"RIP, RIP, ¡hurra!" (Epitafio de Groucho dedicado a su suegra)
"Si queréis los mayores elogios, moríos" (Jardiel Poncela)
"Al morir échenme a los lobos. Ya estoy acostumbrado" (Diógenes)
"Caminante, no llores mi muerte: Si yo viviera, tú estarías muerto" (Robespierre)
"Amigos, no lloréis, es que tengo somnolencia atrasada" (Walter Chiari)
"Eso es todo amigos" (Mel Blanc, doblador de Porky, entre otros)
"Desapareció en combate, apareció aquí" (Coronel Francis Chartres)
"Desde aquí no se me ocurre ninguna fuga" (Johann Sebastian Bach)
"¡Otra vez protagonista de la ley del silencio!" (Marlon Brando)
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